El Dictamen

El gran circo de la política latinoamericana

No sé si será porque ya soy parte de la generación referida como la tercera edad y, por ende, tiendo a ser más impaciente, o porque he agudizado mis observaciones acerca de las sociedades de la región, o bien porque los cambios globales, sociales, políticos y económicos han sido tan rápidos y fuertes que rompen nuestros esquemas tradicionales.

Esta opinión puede ejemplificarse en la transformación de los sistemas de gobierno de la región, especialmente en los países más fuertes, en circos de varias pistas, en la cual cada estamento de los gobiernos es un conjunto de escándalos, corrupción, manejo inadecuado del poder, incompetencia e impunidad. Y todo esto a la vista de todos los ciudadanos de México, Brasil, Argentina, Chile, Perú y otras naciones. Se podrá decir que esta realidad ha estado siempre presente en estos países. La diferencia es, como dicen en mi país; “no es tanto; es lo seguido”.

Sin entrar en mayores detalles: En una de nuestras naciones hermanas, tres presidentes han sido acusados de corrupción y demandados mientras se encuentran en el exterior. Uno de ellos ha sido acusado y reelegido líder de la nación. Hasta el día de hoy, el desfile de expresidentes que han pasado por acusaciones de robo, corrupción aún no termina. En otro país, un expresidente se encuentra detenido por los mismos delitos y está corriendo por la presidencia de su país, mientras las discusiones y las acusaciones mutuas vuelan en la luz pública. Para qué hablar de otra nación de la región en la cual la expresidenta está siendo acusada de fraude, corrupción, desviación de fondos, etc. mientras la economía, nuevamente como tantas veces en su historia reciente, se desploma precipitadamente.
Ahora viene lo doloroso para mis lectores. Basado en la prensa de México, este país ha alcanzado un récord de asesinatos. 93 al día y cuatro víctimas cada hora. 13,298 víctimas de enero a mayo de 2018. Esto nos indica la impotencia del Estado en salvaguardar la seguridad de sus ciudadanos. Prueba cierta que el contrato social se ha roto definitivamente y que la existencia de una estructura que no responde a los valores que se han exaltado por tanto tiempo, así como la confianza en la credibilidad y efectividad de sus instituciones judiciales y de ley y orden.

Para no quedar atrás, en los Estados Unidos la coexistencia definida por el contrato social firmado desde la administración de Franklin Delano Roosevelt, así como la Nueva Frontera, hoy día se rompe en pedazos por la emergencia de una ultra derecha fascistoide que se ha vendido completamente, por ignorancia y frustración, a las corporaciones multinacionales que financian campañas, compran políticos, jueces y aun presidentes y se aprovechan de la ignorancia de las masas que siguen al líder incompetente, ignorante y mentalmente incapaz, manejado desde las bambalinas.

El futuro se ve obscuro y deprimente. La noción que las cosas se pueden cambiar simplemente con la acción de un líder honesto, fuerte e inteligente es otra falacia que juega en favor del totalitarismo. Los líderes son representantes de los ciudadanos que participan en el proceso de toma de decisiones denunciando, demandando, proponiendo y exigiendo respuestas efectivas por parte de un nuevo orden institucional y estructural que permita la libre expresión, el resguardo de la vida de quienes participan y el deseo y obligación de los representantes de responder efectivamente a las demandas de sus representados. Ojalá que mi opinión sea equivocada. Nuestros pueblos esperan cambios y desagravios por parte de los que históricamente los han olvidado.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.