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Dividir los poderes

Los próximos legisladores tendrán que hacer un examen de conciencia
Dividir los poderes

Publicado 01 septiembre 2018 el 01 de Septiembre de 2018

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Desde que Platón la enmarcara en un tratado de pensamiento, la República suele considerarse el modelo ideal para preservar tanto a la democracia participativa como a la división de poderes, los dos ejes transversales sobre los que se cimienta la vida moderna de los estados.

Las ideas del sabio heleno trascendieron en el tiempo, sofisticándose de la mano del Barón de Montesquieu, padre del pensamiento político moderno.

En varios de sus análisis más destacados, el francés precisa que la existencia de la República sólo podrá tener veracidad y suficiencia si hay una clara división de poderes, la cual promueve la libertad del individuo, que basará su actuar en el ejemplo de aquellos que comandan al Estado, vigilados entre sí por códigos y leyes comunes.

Evidentemente la historia nos ha demostrado en varias ocasiones que no todos son afines a la democracia y que eso de dividir el poder y la toma de decisiones no va con ellos; famoso es el discurso de Ortega y Gasset contra las ambiciones totalitaristas de Franco en la España del siglo pasado, entre otros.

Claro que a nivel local no hay mucho qué celebrar, pues si bien la República parece permanecer aún sea con alfileres, los Congresos, tanto el federal como los estatales, no ejercen su posición como contrapeso, como dique de contención ante los embistes de mandatarios que suelen creer que el Estado son ellos, muy al estilo del “l’Etat c’est moi” de Luis XIV.

El jueves, el Instituto Mexicano para la Competitividad responsabilizó a los poderes legislativos de las entidades de ser el Victor Frankenstein de personajes tan deleznables como Humberto Moreira, César y Javier Duarte, Roberto Borge, Mario Villanueva o Guillermo Padrés.

Y razón no les falta. La docilidad de los diputados locales suele ser no sólo vergonzosa, sino en muchos casos deshonesta y cómplice. Veracruz y los estados gobernados por los antes citados pueden dar fe de ello.

Hay varios ejemplos en los últimos años en donde los legisladores han fungido más como comparsas que como contrapesos, más como aduladores que como revisores de la actividad de los gobernantes. En resumen, su aportación para crear monstruos en el poder es insoslayable. Y su afán de sepultar las ideas republicanas, por lo menos puede considerarse como insistente.

Lo más lamentable es que lo dicho no parece vaya a cambiar.

A nivel federal resultó preocupante cómo la gran mayoría de los 500 diputados y 128 senadores que tomaron protesta en días pasados cantaron al unísono “es un honor estar con López Obrador”, dejando claro sus filias políticas en un recinto que debiera ser templo de la pluralidad e, insisto, de la división de poderes clara y sin cortapisas.

Mientras, en el plano local queda esperar, pero el panorama no es halagueño: la mayoría morenista ya prepara su arribo y el control de la próxima legislatura, mientras quienes representarán a otros partidos comienzan a buscar la forma de ser cobijados, de no quedarse fuera de la toma de decisiones, aunque eso implique perder sentido crítico y presentarse como una verdadera oposición.

Los próximos legisladores tendrán que hacer un examen de conciencia y comprender que para que Veracruz y el país alcancen los objetivos y encallen en un lugar que permita mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, deberán actuar libremente, promover la separación de poderes y convertirse así en la conciencia del Estado.

Si olvidan el sentimiento republicano, estaremos perdidos.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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