El Dictamen

El futuro del mar, en nuestras manos

JAILENE GIRÓN/PILAR DEL CASTILLO

Después de recibir durante años las cadenas que contaban sobre la posible escasez de agua si continuamos contaminando, las supuestas cartas del 2080 de las personas que vivían en sequía y las mil campañas escolares de concientización con la lejana frase “gota a gota, el agua se agota”, estamos viviendo ya las consecuencias de tantos años de despreocupación.
En pleno 2018, los mares se encuentran en crisis, buscan su territorio de vuelta, los polos se descongelan y cientos de animales marinos mueren a causa de las toneladas de basura, principalmente plásticos, que se encuentran en los océanos por donde quiera que se mire.

EI PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente) refiere que en los últimos 50 años se multiplicó 20 veces la producción mundial de plásticos, cerca de 320 millones de toneladas en ese lapso, de las cuales 13 millones llegaron a mares y océanos y se hundieron, flotan o quedaron estacionados en las playas.

Se estima que esto representa alrededor de 5 billones de partículas de plástico que flotan sobre la superficie del océano, provocando la pérdida anual de un millón de aves y 100 mil mamíferos marinos de 600 especies.

No cabe duda de que el problema no ha comenzado recientemente, pero es claro que se ha agravado en los últimos años y se nos está saliendo de las manos. Ese hecho, sumado a la alta conciencia medioambiental de las últimas generaciones, ha provocado que comencemos apenas a percibir y a actuar para cambiar esta situación de la que los expertos nos hablan desde hace más de 50 años que eventualmente sucedería.

De acuerdo con el PNUMA si no se realizan cambios, para 2050 habrá más plástico que peces en los mares del mundo, lo cual repercutiría, no solo en la escasez de animales marinos para su consumo, sino en la cadena alimenticia, causando así problemas de magnitudes catastróficas para el planeta en general.
En este sentido, la Unesco hace un llamado a las personas y al turismo en particular, ya que hasta el 80% de éste se relaciona con las áreas costeras, a no utilizar productos desechables y, en su lugar, usar aquellos que se puedan reutilizar como bolsas de tela, botella de agua de acero inoxidable, cubiertos de bambú o popotes de papel.

Con un popote no solo acabas con tu bebida

El popote es uno de los principales contaminantes del océano. Este es emblemático por el uso efímero que se le da, de 15 minutos a dos horas promedio, según la bebida que se consuma, y el lugar –casa, cine, bar o deportivo–, frente a su tardanza en degradarse: más de cien años.

Hasta hace un tiempo, el hombre no dudaba en pedir un popote, sin embargo, desde que videos han circulado mostrando las consecuencias del uso desmedido de este utensilio  y se han vuelto virales, las personas comenzaron a darse cuenta del grave daño que este provoca a los ecosistemas marinos.

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El corto periodo de vida que tiene, hace que el precio que se paga por su consumo no valga la pena, pues el 33% del plástico se usa solo una vez y se desecha, causando que las aves playeras lo confundan con alimento y pongan su vida en riesgo.

Así mismo, el 99% de todas las aves marinas habrá ingerido, por lo menos algún tipo de popote a lo largo de su existencia.
Ante esta situación, la Secretaría del Medioambiente y Recursos Naturales,  lanzó la campaña “Protección de los océanos, mares y costas de México” con el propósito de que la sociedad en general tome conciencia de la importancia de cuidar y proteger nuestros recursos marinos de las amenazas que actualmente enfrentan: contaminación por plásticos de un solo uso, cambio climático y tráfico de especies.

Debido a la importancia de esta problemática, cada vez más entidades se comprometen al cuidado y mejoramiento de las playas del país, un ejemplo de ello es Veracruz, que se convirtió en el primer estado en aprobar una iniciativa de ley en la que se prohíbe el uso de bolsas de plástico y popotes en establecimientos comerciales del Estado.
Aunque la cantidad de ciudadanos que dicen no al popote va en aumento, es necesario correr la voz y lograr que más personas se unan a esta causa. ¿De qué manera? Conociendo los beneficios de esta práctica: playas y océanos más limpios además de la mejora del hábitat de diferentes especies.

De acuerdo con datos de Ocean Conservacy, la basura más encontrada en los mares y costas son: colillas de cigarros, envolturas de alimentos, botellas de bebidas de plástico, taparroscas, bolsas de hule, bolsas de plástico y popotes, en orden de mayor volumen.

Es decir, los popotes representan sí, un gran problema- pero no es ni por asomo el mayor de ellos. Esto no quiere decir que no los tomemos en cuenta; si algo podemos hacer para contribuir, hay que hacerlo, incluyendo el usar cada vez menos los popotes en nuestro día cotidiano. Sin embargo, es importante tomar en cuenta que existen muchas otras cosas que podemos hacer día a día para contrarrestar la contaminación a la que se enfrentan los mares.

Y la contaminación no viene solo en forma de plásticos. El uso excesivo de fertilizantes que llegan al mar con la escorrentía de las aguas, dispara el crecimiento de algas y plantas marinas. Esa proliferación acaba por matar a muchos organismos, y el oxígeno de las aguas afectadas se agota. Este fenómeno, conocido como eutrofización, da lugar a zonas muertas (hay más de 400 en el mundo), como la del mar Báltico o la de 13.500 kilómetros cuadrados en el Golfo de México, donde desemboca el río Misisipi cargado de fósforo y nitrógeno de las plantaciones del Medio Oeste estadounidense.

Por otra parte, la cantidad de CO2 que el océano puede asumir depende de la temperatura de sus aguas. Entre más frío, más absorción, y viceversa. Por eso, y dado el aumento de las temperaturas en los últimos 25 años los mares europeos se han calentado 10 veces más rápido que la media del siglo pasado, la mayoría de expertos defienden que la capacidad marina de almacenamiento de dióxido de carbono se reducirá.

Para el 2050 habrá más plástico que peces en los mares del mundo.

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