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Diego terrenal

Maradona es el Dios que se niega a vivir en el olimpo del fútbol.
Foto: Ángel Palma

Publicado 11 septiembre 2018 el 11 de Septiembre de 2018

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Resulta contradictorio que un personaje que representa valores ajenos al deporte, tenga tanto impacto mediático; decía el historiador argentino Juan Sasturain, que en el fútbol se dan dos figuras; el creativo, ese jugador que privilegia la individualidad y la gambeta; y el sobreviviente, aquel que no se da por vencido y juega en condiciones deplorables. Cuando dichas figuras coinciden, se da “el fenómeno Maradona”.

No hay mejor momento en la carrera deportiva de Maradona para describirlo que aquel partido ante Inglaterra en la Copa del Mundo de 1986; un partido en el que, como bien dijo el portero Peter Shilton, Maradona dejó clarísimo que era un gran jugador, más no deportista; ese día Diego Armando hizo del gol, trampa y genialidad; engañó al árbitro anotando con la mano, para minutos después hacer ver como aficionados a los jugadores ingleses con un gol único. Maradona no solo es la amalgama perfecta entre el creativo y el sobreviviente, el argentino es conexión con el aficionado a través de propaganda, tal vez, involuntaria; con su discurso, siempre romántico y en palabras que conectan con el pueblo, convirtió un gol tramposo en poesía que quedó grabada en la historia del fútbol como “la mano de Dios”.

A su llegada a Dorados de Sinaloa, Diego Armando volvió a recurrir a ese mismo discurso que gana adeptos; no importó que sepamos que deportivamente tiene poco que aportar, pues por un momento, cedemos ante su carisma y no cuestionamos que no entienda que el jugador profesional hace elecciones en su carrera y no “sacrificios”, como hizo referencia ante lo que se requiere para que sus dirigidos consigan el ascenso a la Liga MX. Haciendo a un lado que se le barría la voz claramente, es muy probable que con sus declaraciones, creó imágenes mentales, tanto medios como afición, repararon en que un discurso de Diego puede dar una inyección anímica a cualquier plantel de futbolistas en el mundo, pues al final del día nadie pone en duda que es uno de los grandes del fútbol mundial.

Maradona es el Dios que se niega a vivir en el olimpo del fútbol; desde aquel momento, en la Copa del Mundo de 1994, en el que por dopaje es escoltado por una enfermera para abandonar el estadio, se aferra a ser terrenal con repetidos y constantes momentos infames para seguir siendo una deidad que conecta con sus seguidores, se empeña en dejar claro que, como ellos, también se equivoca y que siempre será “el Diego de la gente”.

Sin duda, Maradona no es el fichaje ideal, al menos no en la teoría que nos dice que para ser rentable, hay que serlo deportiva, financiera y comercialmente; sin embargo, hablando estrictamente en términos de imagen publica, no hay bueno ni malo, sino una imagen adecuada al ADN del individuo en cuestión. La imagen de Diego Armando es adecuada, en su esencia está la conexión con el pueblo a través de la historia del talento único que lo llevó a la cima pero que no olvida sus raíces, y que también se equivoca… mucho.

Twitter: @angelpalma1

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