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Vacaciones y vacacionistas

Por: Maricarmen Delfín Delgado
Vacaciones y vacacionistas

Publicado 04 agosto 2018 el 04 de Agosto de 2018

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Estamos contando los días, checando y recontando cuánto falta para dejar atrás la oficina, olvidarse de las tareas escolares por un momento, mantener el despertador mudo sin su tortuoso llamado para sacarnos de los brazos de Morfeo, y por fin disfrutar de nuestras merecidas vacaciones.

El primer día la euforia es parte fundamental de nuestro desayuno, en cada sorbo del humeante y aromático líquido marrón nos regocijamos con la libertad para disponer de ahora y hasta donde el calendario marque el fin de estas dos semanas, del tiempo que pareciera le pertenece sólo a las labores de trabajo, escuela y quehaceres diarios en la casa.

Nuestros planes son fabulosos pues abarcan un millar de actividades que nos mantendrán ocupados y pondrán al corriente los pendientes postergados, asunto que resulta contradictorio pues originalmente el fin de las vacaciones es descansar. En fin, eso es lo de menos, lo importante es que ya están aquí como el premio a nuestro diario sacrificio.

Mar de espumosas olas que invitan a sumergirnos en su intimidad para abrazarnos y recibir el apapacho salado y arenoso, con la inevitable caricia del viento en la cabellera que pareciera resistirse al tal chiqueo. Trajes de baño y bikinis, pantalones cortos y también largos, camisetas, playeras y hasta shorts con calcetín y mocasín, de todo un poco, lo importante es estar ahí.

Vamos caminando entre cuerpos untados de aceite y bronceador, entre zapatos y chanclas que esperan como fieles mascotas mirando hacia la orilla a sus dueños, niños con pelotas y perros, señoras con maridos de voluminoso abdomen y envueltas en sus camisetas que toman la caprichosa forma de un camisón, jóvenes posando ante el paso de las veinteañeras que se deslizan imaginando que van por las pasarelas de moda.

Al día siguiente, la piel tostada hasta descascararse, los pies cocidos por la arena caliente, la resaca y el embaramiento por pasarse horas metidos en el agua, una sandalia extraviada, las toallas revolcadas, pero el alma tranquila y purificada por el contacto con el paraíso playero.

En las plazas comerciales el ambiente se vive como dentro de una colmena, gente caminando hacia todas direcciones sonando sus voces como enjambre, algunos en las compras otros pasando el tiempo en un café, saludos y charlas de pasillo al encuentro inevitable en ese torbellino humano.

Las céntricas calles parecen adormecidas por el silencio, la mayoría de sus transeúntes no están, se han quedado solas recibiendo a los turistas ávidos de lugares interesantes y tradicionales para visitar y llevarse el recuerdo con las historias escuchadas de los guías, amigos o familiares que presumen conocer cada rincón del terruño donde anidan sus vidas.

Otra prioridad además de la diversión, es sacar los pendientes que como piedrita en el zapato vienen atormentando y que por falta de tiempo se quedaron sin realizar. Pintar la casa, ordenar el cuarto de cachivaches, hacer algunas composturas o visitar a quienes queremos y hemos descuidado un poco.

Bueno ya hemos cumplido con todo, ahora a descansar y relajarse, ir al super y al mercado, ver películas comiendo palomitas, repasar todos los canales de TV hasta que al control remoto le duelas las teclas, pasar del sillón a la cama y de la cama al sillón, caminar por las plazas para espantar al aburrimiento y finalmente, antes de que finalice este periodo vacacional, desear que ya pronto llegue el primer lunes de actividades y regresar a nuestra agitada vida que sentimos normal. ¿Quién nos entiende? ¡Felices vacaciones!

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Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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