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“Trátalo bien que es Hijo de buena Madre”

En los santos hay tantas anécdotas y enseñanzas que confirman el carácter fundamental
Foto: Agencias

Publicado 27 agosto 2018 el 27 de Agosto de 2018

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Hemos recibido de nuestros antepasados un testimonio de piedad, reverencia, respeto y devoción a la santa misa. Estos hermanos percibían el misterio y no podían vivir su fe al margen de la adoración y comunión eucarística.

Entre nosotros se mantienen, por la gracia de Dios, la piedad y la devoción a la eucaristía. Pero las cosas comienzan a cambiar. A veces prescindimos de la misa y no siempre la celebramos con la reverencia que requiere, reconociendo que se trata del mismo Cristo que se ofrece una vez más por nosotros para convertirse en alimento de nuestras almas.

En los santos hay tantas anécdotas y enseñanzas que confirman el carácter fundamental de la sagrada eucaristía y el provecho que causa para lograr la santificación de los fieles. Cito en esta ocasión a san Juan de Ávila que al ver cómo un sacerdote celebraba la eucaristía de una forma poco delicada, le llegó a sugerir (mirando al Santísimo): “Trátalo bien que es Hijo de buena Madre”.

Qué actual y oportuna es esta enseñanza para los sacerdotes que a veces no celebramos con piedad o que incluso llegamos a banalizar la celebración, con acciones y expresiones que van en detrimento de lo más sagrado de la misma.

Cuánto se necesita tratar con delicadeza y con sumo respeto al Señor para que el pueblo de Dios entre en contacto vivo con lo sagrado a través de la oración, la meditación y las posturas litúrgicas que pide el rito litúrgico de la santa misa.

Soy el primero en reconocer que en algunos casos nos falta más piedad a los sacerdotes para celebrar dignamente estos sagrados misterios. Pero creo que también es provechoso señalar las faltas de atención, devoción y respeto del otro lado, es decir de los hermanos de las comunidades cristianas que con ciertas actitudes no nos ayudan a construir el ambiente de devoción, oración, respeto y recogimiento que se requiere en la santa misa para tratar bien al Señor que es Hijo de buena Madre.

Los tiempos que vivimos no nos ayudan a fomentar el silencio y la meditación que son fundamentales para vivir y penetrar en el sentido de los misterios que se celebran en la eucaristía. Por otra parte, el individualismo nos impide valorar convenientemente la vida en comunidad que también es un aspecto fundamental para acercarnos a la eucaristía, porque celebramos como Iglesia, como comunidad y no de manera particular. La eucaristía hace la comunidad y nos compromete a reconocernos, aceptarnos y ayudarnos como hermanos.

Tendremos que asumir no tanto como una oración sino como una verdadera provocación las palabras del Salmo 33: “Haz la prueba y verás que bueno es el Señor”. No podemos llenarnos de prejuicios ni actuar de manera individualista. Tenemos que reconsiderar nuestra situación espiritual y regresar al sacramento de la eucaristía para comprobar de primera mano la bondad del Señor.

Ávidos de experiencias gratificantes y de resultados inmediatos nos hemos venido olvidando de las fuentes de la espiritualidad cristiana, especialmente de los sacramentos, sobre todo en un tiempo en que el mundo nos ofrece mecanismos de estimulación que no llegan a lo más profundo de nuestra alma.

Cuando se ama de verdad desea uno fundirse en el ser amado. Las mamás por eso con frecuencia dicen a sus hijos: “te voy a comer”. En este caso, como dice el P. Bockel: “Comer a Dios, es también el deseo secreto del hombre ávido de absoluto y de plenitud”. Y el Señor responde también a esta aspiración del hombre: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna… El que come mi carne y bebe mi sangre, vive en mí y yo en él”.

Dios es sorprendente sobre todo cuando se sirve de los signos más modestos para introducirnos en las realidades más grandes, hasta hacernos rozar el infinito. Por lo tanto, aceptemos y agradezcamos este alimento que da la vida eterna y cada vez que vayamos a la santa misa tratemos bien a Jesús que es Hijo de buena Madre.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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