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Tolerancia e inclusión

Cuando escuchamos que no queremos en nuestro país a un grupo específico de inmigrantes, y que deberían ir a otra parte
Foto: Redes

Publicado 15 agosto 2018 el 15 de Agosto de 2018

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Estoy convencido que la palabra tolerancia ha sido utilizado sin indagar en su verdadero sentido. Permítanme explicar. En uno de mis cursos de posgrado, describí a mis estudiantes un modelo de tolerancia que me parecía atingente al tema en cuestión. El modelo es como sigue. El prejuicio, la discriminación, la tolerancia y la inclusión son parte de un continuo de comportamientos en el cual prejuicio y discriminación son parte de un extremo y la tolerancia e inclusión son del otro.

Cuando escuchamos que no queremos en nuestro país a un grupo específico de inmigrantes, y que deberían ir a otra parte, entendemos que esa es la versión mayor del prejuicio y la discriminación. Cuando escuchamos que los queremos en el país, pero de ninguna manera los aceptamos en nuestro estado, seguimos siendo prejuiciados y discriminatorios, pero los toleramos en el país. Cuando escuchamos que, si los aceptamos en nuestro estado, pero no en nuestra ciudad o pueblo, seguimos siendo prejuiciados y discriminatorios, pero nuestro nivel de tolerancia es mayor. Si escuchamos que los aceptamos en nuestra ciudad o pueblo, pero no en nuestro vecindario, seguimos siendo prejuiciados y discriminatorios, pero también tenemos mayor tolerancia. Para no alargar más el modelo, cuando escuchamos que los queremos visitando nuestras casas, casándose con nuestras hijas e hijos y estamos dispuestos a elegirlos en puestos de representación, estamos hablando de inclusión. En la medida en que la discriminación y el prejuicio es mayor, menor es la inclusión de los diferentes. Los podemos tolerar, pero no significa que los aceptemos.

En muchos de los casos damos sólo declaraciones de inclusión sin que eso signifique que tal declaración tenga que estar apoyada por comportamientos personales y grupales en los cuales el miedo al diferente, la duda al que no es como nosotros, se disipen porque los conocemos mejor, porque empezamos a apreciar sus valores y costumbres y observamos que esa diferencia puede en muchos casos, sea una excelente oportunidad para aprender y elevar nuestra propia autoestima.

Las naciones que discriminan, ya sea por religión, clase social, raza, género, edad, son las naciones que están condenadas a repetir los errores una y otra vez.

Somos el resultado genético y cultural de la inclusión de la diversidad; nos denominamos pueblos mestizos, pero todos los pueblos son mestizos; el mito de la raza superior y pura no es otra cosa que un invento de la civilización europea, anglosajona, ibérica, etc. para justificar su predominio histórico sobre nuestras naciones. El proceso de colonialismo se dio con la expresa determinación de explotar al indígena, no sólo por el uso de la fuerza, sino por la persuasión del privilegio sin límites.

Ahí está el detalle. Las raíces históricas del prejuicio y la discriminación están directamente vinculadas a las constantes diferencias de acceso a los recursos materiales y culturales por una gran mayoría de las población desarmada y enajenada. La idea de someter no es solamente explotar al sometido, es cautelar la seguridad del dominante ante miedo de ser despojado de sus privilegios imponiendo sistemas culturales, políticos y económicos que insertan las creencias de inferioridad en los dominados.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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