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Suicidio, falta de sentido y educación

No es fortuito que el hombre contemporáneo opine de un modo y viva de otro
Menor de 11 años se suicida en Tuxpan

Publicado 27 agosto 2018 el 27 de Agosto de 2018

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En México, 16 jóvenes de entre 12 y 24 años, terminan con su vida cada 24 horas. La principal causa registrada es la falta de interés por vivir [SINAVE, 2017].

No es fortuito que el hombre contemporáneo opine de un modo y viva de otro, crea en una cosa y viva conforme a otras. Tampoco es casualidad que las elecciones individuales choquen con los proyectos colectivos. La incoherencia y el egoísmo son el costo de una vida sin referentes, sin orientaciones estables, sin pautas determinadas.

La sociedad contemporánea se encuentra en un estado de emergencia educativa sin precedentes. Indica Morin (2011): “El objetivo de nuestra vida no puede continuar siendo exclusivamente el desarrollo de los bienes materiales, la eficacia, la rentabilidad y lo calculable; también lo es que las personas atiendan a sus necesidades interiores, que se fomenten las aptitudes para comprender a los demás, ya sean próximos o lejanos, que se vuelva al tiempo lento del propio ritmo interior, no entrecortado ni estrictamente cronometrado”.

Durante los sesentas los jóvenes fueron conceptuados como rebeldes sin causa. En los setentas fueron pensados como los responsables de la violencia en las grandes urbes. Hoy, les llamamos millennials (nacidos entre 1982 y 1994) y centennials (desde 1995 al presente) y por momentos olvidamos que ellos también son hijos del desencanto, de la sensación de cancelación de futuro y del sentimiento de melancolía colectiva ante el fin de las seguridades. Así se explica la desconfianza de los jóvenes ante las creencias e instituciones sociales, su necesidad de no parecerse a nada o nadie, su desesperanza y falta de sentido. Colocados, sin pedirlo ni merecerlo, en medio de una marejada de situaciones límite como el suicidio.

Urge una pedagogía dedicada a afinar la conciencia, función que puede servir de guía en medio de la confusión y el sinsentido. Una pedagogía que sea capaz de permear la cultura, cuyos educadores sean capaces de crear las condiciones necesarias para que las personas se reencuentren con la posibilidad de apreciar, optar y comprometerse con la vida. En particular, educadores suficientemente competentes a la hora de proclamar la unidad de vida y ser ejemplo de entrega a un ideal o una persona. Educadores que estimulen la búsqueda de sentido en la vida y apuesten, no a la realización individual, sino al reconocimiento de que en nuestros semejantes está la raíz de toda esperanza.

Al respecto, señala el filósofo cubano Rigoberto Pupo (2007): “En los tiempos actuales la educación tiene mucho que decir y hacer. La educación como formación humana deviene cauce central ante la necesidad de dar respuesta a los desafíos del siglo XXI. Crear hombres con ciencia y conciencia es una tarea que la educación no puede soslayar”.

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