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Pueblos indígenas y globalización

La globalización, como todo proceso económico, social y político, desarrolla la imposición del sistema de mercado, la producción, distribución y consumo de bienes.

Publicado 26 agosto 2018 el 26 de Agosto de 2018

por

Maricarmen Delfín Delgado

México es uno de los países con territorios de gran diversidad cultural, en él se hablan 68 idiomas indígenas que establecen relaciones sociolingüísticas complejas, muchas veces de conflicto, con el castellano, la lengua nacional. Con un aproximado de once millones de pobladores autóctonos, que constituye casi el 10% de la población nacional.

Generalmente al hablar de habitantes originarios sólo nos remontamos a los aztecas, que fueron una tribu compuesta por nahuas o mexicas, y a los mayas principalmente, pero actualmente sobreviven entre 62 y 68 grupos indígenas: zapotecos, totonacos, otomíes, popolucas, rarámuris, seris, lacandones, yaquis, por citar algunos.

Se observan procesos de desplazamiento, pero también de revitalización lingüística. Al mismo tiempo México mantiene una de las fronteras más conflictivas, con los EEUU, el inglés, sin embargo, no está penetrando significativamente en el territorio mexicano, por el contrario, se observa una vigorosa expansión del castellano, incluso de las lenguas indígenas mexicanas, en territorio estadounidense.

La globalización, fenómeno internacional, ha tenido como eje la imposición del modelo neoliberal, el cual gira en torno al mercado de productos, controlado por los monopolios trasnacionales. Diversas han sido las consecuencias en la sociedad mexicana por la globalización, entre las que sobresalen debilitamiento del Estado, incremento de la pobreza, ampliación de la brecha entre ricos y pobres, mayor exclusión social, incremento exponencial de la deuda externa, privatización de las fuentes de riqueza nacional, aumento de la migración, privatización de la educación y pérdida creciente de la protección y la seguridad social básicas.

En este contexto, los indígenas se constituyen como la población más vulnerable al superar con creces las condiciones de miseria, lo cual se demuestra con cualquiera de los indicadores socioeconómicos utilizados para medir la pobreza. Esta ha sido su condición de vida desde la Conquista hasta el presente, pero la globalización ha acelerado su exclusión y también ha puesto en mayor riesgo su continuidad cultural y de identidad como pueblos, al ser perjudicados de manera directa con la expropiación de sus sitios sagrados, de sus territorios, de los recursos naturales que algunas de sus regiones tienen y de la destrucción e invasión más irracional de su hábitat original.

La globalización, como todo proceso económico, social y político, desarrolla la imposición del sistema de mercado, la producción, distribución y consumo de bienes y servicios a nivel global, y la imposición del consumo cultural hegemónico planetario han tenido como principales oponentes a los grupos étnicos con el resurgimiento de sus proyectos de etnicidad, a través del reforzamiento de la identidad y la cultura.

También podemos observar que la globalización, aunque se lo proponga, no ha podido influir en la desaparición de las culturas indígenas y, en otro sentido contradictorio, ofrece espacios de divulgación, difusión y comunicación de sus culturas, inexistentes en los Estados nación no abiertos por el mercado económico.

La palabra “indígena” significa: habitante original de su país, así que todos podemos sentirnos así, al menos nuestros antepasados lo fueron; sin embargo, la globalización ha provocado que esta identidad cultural vaya perdiendo fuerza y que las generaciones recientes ya no tengan apego a las costumbres de sus antepasados y a su cosmovisión ancestral. Con políticas de fines globalizadores se ha manejado la “urgencia” de adaptar a la población indígena al modo de vida de la sociedad mestiza “moderna”.

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