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Las olas históricas

La globalización de las economías y culturas
Foto: El Dictamen

Publicado 29 agosto 2018 el 29 de Agosto de 2018

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Hace unos días atrás tuve la fortuna de caminar frente al mar. Para una persona como este servidor que vivió los años de juventud en las costas de mi país de origen, tal actividad tiene la cualidad de abrir las puertas a la reflexión y a la meditación motivado por la constancia de las olas de mar que, a pesar de verse lo mismo, cada vez son diferentes. Las olas del mar en cual me encontraba me inspiró este comentario. Tratar de entender lo que sucede en las dinámicas de nuestra América, al menos en mi caso, se facilita con metáforas de la naturaleza. Las olas se levantan sobre las anteriores para llegar a la playa: las que ya lo han hecho vuelven a tratar de incorporarse a las que están por sobre ellas quedando desaparecidas hasta que una nueva ola se superpone y el proceso sigue. Tal es la constancia de los movimientos del mar, a pesar de que la forma y la dinámica es única para cada una de ellas.

La globalización de las economías y culturas, así como las formas de organización política y social, han diseminado e implantado formas de vida que se han denominado modernización, pos-modernización, etc. Estas son diametralmente diferentes a los que nos tocó vivir durante las últimas décadas del siglo XX.

Sin embargo, tales cambios nos causan confusión, alienación; sentimos que no pertenecemos por razones de edad, falta de habilidades y destrezas, desconocimiento de los nuevos códigos culturales, lingüísticos y tecnológicos que esta nueva ola de cambios e innovaciones trae consigo.

Una de las consecuencias de tal crisis es la obsolescencia de los partidos políticos tradicionales que, en el pasado, trataron de interpretar nuestras aspiraciones.

Hoy día, a través de nuestra región latinoamericana, los ciudadanos defraudados por la representatividad ausente de aquellos que dominaron los escenarios políticos, han buscado representación en movimientos que no están aliados a partidos políticos. La corrupción, la distancia cada vez mayor entre las necesidades de la población y la falta de deseo de resolverlos por parte de los representantes políticos. Estos movimientos claman por condiciones que anteriormente nunca fueron mencionados por la elite, o fueron reprimidos de la opinión pública. El ambiente, la pobreza crónica, la violencia, el derecho igualitario de género y el continuo asalto a los derechos humanos, están en el corazón del debate actual. Los ciudadanos tratan de romper el círculo de sospecha y cinismo que fue parte de la ola del pasado y, a través de las movilizaciones públicas y de presión, crear las nuevas condiciones de un real debate nacional.

La reacción es clara: la necesidad de líderes facistoides y de fuerza por parte de estos sectores del pasado, les permite aplacar su confusión, falta de creatividad, y miedo al presente y futuro, con estas figuras que prometen protegerlos a costa de la libertad personal y el abandono de los derechos humanos básicos como la libre expresión, la libertad de protestar, así como el derecho a elegir sin imposiciones y limitaciones. La madurez de una democracia, aun si está en formación, se demuestra por la resistencia activa de los ciudadanos en contra de las fuerzas totalitarias y neofascistas.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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