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La ostentación del poder y la contradicción del miedo

Por: Manolo Figueroa Unda
La ostentación del poder y la contradicción del miedo

Publicado 02 agosto 2018 el 02 de Agosto de 2018

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El poder no sólo se ejerce a través de la subyugación y la obediencia fiel de los ciudadanos, sino también en los símbolos que tal poder debe mostrar a la población como formas de identificación entre los poderosos y el resto. Tales símbolos toman dimensiones exageradas, pero cumplen con su objetivo; demostrar quien está a cargo y quienes no. Siempre me han llamado la atención el número selecto de ciudadanos que deben ser acompañados por guardias particulares que, vestidos con trajes obscuros y lentes de igual color, muestran las armas por las cuales defienden a su patrón con indisimulada soberbia. Entiendo que los altos funcionarios de gobierno estén protegidos de la posibilidad de un ataque a sus importantes personas y deban rodearse de eficiente protección. El problema es que ahora tal “protección” se extiende a un número creciente de los “selectos”, llámese artistas, figuras de la tele, grandes empresarios, deportistas (especialmente futbolistas) que siguen tal tendencia. Tales ciudadanos deben viajar en poderosos y grandes Expeditions o Suburbans 3500 HD, negros, con ventanas entintadas y los guardias sentados por doquier; su solo tamaño y color indican poder, así como su accionar en la ciudad parando el tráfico, esperando en doble línea, exigiendo tratamiento privilegiado en los estacionamientos y oficinas.

No solamente se refleja en la forma en que se desplazan por las ciudades y caminos; también se demuestra en sus hogares. La verdad es que tales hogares están amurallados, electrificados, y también con guardias que se encuentran en mirillas que les permite vigilar sus contornos. La verdad es que viven en casas que parece castillos encerrados que más parecen jaulas de oro que hogares donde se vive sin preocupaciones acerca de la seguridad de sus contornos.

Aquí es donde analizo la contradicción que emerge del poder desenfrenado. El miedo, el sentimiento de inseguridad que obliga al poderoso a proteger sus personas, pertenencias y privilegios. El miedo al robo, al secuestro (exprés o del otro) está constantemente en la mente de éstos. A mayor demostración de poder, mayor inseguridad ante la transgresión por parte de los desposeídos. En la medida de que el poderoso y el rico rompe el contrato social que ofrecía oportunidad y derechos a todos, la desigualdad, la pobreza y el desaliento de la mayoría, lleva a acciones que son contrarias a las leyes y costumbres que alimentaban y protegían tal contrato. Los argumentos se hacen defensivos y acusadores por parte de ambas partes; “si sólo trabajaran más y mejor, si se educaran más y mejor, si solo tuvieran la motivación e inventiva que nosotros tenemos, no tendríamos problemas”. Por la otra parte, aparece el resentimiento y la rabia ante la sumisión obligada, las acusaciones acerca de la prepotencia y el abuso, la frustración ante la calidad de vida que deben sufrir sin saber exactamente por qué se encuentran en tal situación. Al mismo tiempo, la corrupción, la riqueza por la vía rápida de los privilegiados por el sistema político y económico-financiero, sin dejar de mencionar las sub-economías destructivas que impactan a los pobres en mayor medida. Los ejemplos por seguir están claramente definidos. El delito, crimen y abuso de grupos hacia lo pobres y hacia los poderosos son el resultado patente de esta situación.

Resulta evidente que esa es la situación en los países en que la riqueza ha sido adquirida en forma desigual, especialmente cuando las economías globalizadas y neoliberales se ejerce sin contrapesas. Se puede argumentar que siempre ha existido, que el crimen y la desigualdad es una constante histórica en los países, pero en el pasado existía la creencia que el contrato social todavía funcionaba, que los servicios encargados de repartir los recursos materiales y culturales funcionaban medianamente, a pesar de la ineficiencia de los sistemas de ley y orden. Hoy en día, tales sistemas están sobrepasados e infectados internamente del mismo mal que aquejan a las políticas, las finanzas y la economía. El abuso del poder demostrado en la impunidad y arrogancia de la corrupción.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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