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La elección más relevante

Por: Sandro Mina Muñoz
Familiares que acompañaron a algunos de los aspirantes a ingresar a la Universidad Veracruzana. Foto: Manuel Pérez.

Publicado 07 agosto 2018 el 07 de Agosto de 2018

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Está por iniciar el Ciclo Escolar 2018 y con ello miles de jóvenes en el país habrán de elegir qué carrera estudiar. Por desgracia, según estimaciones publicadas en Expansión (Moreno, 2009) y El Economista (2016), en México un 30% de los jóvenes se equivoca al elegir una carrera.

Las causas asociadas al fenómeno son muy variadas, por ejemplo: se fundamenta la elección de carrera exclusivamente en motivaciones económicas; en la reputación que se supone posee una carrera o en el prestigio que se puede obtener al ostentar el título profesional en cuestión; la presión de los padres de familia; la tradición profesional familiar; la influencia de los amigos; la novedad de algunas carreras; y, el poco o nulo conocimiento de los intereses o aptitudes personales.

Las consecuencias de equivocarse en la elección de carrera pueden ser de muy diversa índole y se pueden clasificar como de corto, mediano y largo plazo. A corto plazo, el estudiante experimenta frustración y desencanto. Al cabo de un tiempo, semanas o meses, el desencanto se traduce en desmotivación, falta de aprovechamiento y, en algunos casos, en deserción escolar temprana (Pérez, 2014). Finalmente, siempre y cuando el estudiante persevere en la carrera a pesar de haberse equivocado en la elección, aparece a largo plazo, la tercera de las consecuencias, el subempleo.

En lo concerniente a la deserción escolar temprana, ocurrida durante los primeros meses tras haber iniciado la carrera, repercute directamente en la eficacia terminal y el aprovechamiento de recursos económicos. Respecto a esto último, según el Instituto Mexicano para la Competitividad [IMCO] (2014), el costo promedio de una carrera en una universidad privada puede ir desde 125 mil hasta 930 mil pesos. Mientras que el costo promedio de una carrera en una universidad pública puede ir desde los 19 mil hasta los 38 mil pesos.
La estadística educativa nacional indica que sólo dos de cada diez estudiantes concluye la universidad (OCDE, 2016). Aunque las causas pueden variar de caso en caso, la deserción escolar temprana como consecuencia de una elección equivocada de carrera se explica a partir de la falta de discernimiento por parte del estudiante y la deficiente orientación vocacional proporcionada por las instituciones de educación media superior (preparatorias o bachilleratos).

En lo relativo al subempleo, se sabe que cuatro de cada diez egresados universitarios menores de 30 años no tiene empleo o se desempeña en la informalidad (INEGI, 2010). También se sabe que otra proporción similar se desempeña en ocupaciones que no están relacionadas con las competencias (conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes) adquiridas durante sus estudios universitarios.
Lamentablemente, en nuestro país se destina poco apoyo para la realización de proyectos de investigación y programas de intervención en el ámbito de la orientación vocacional y las diversas publicaciones nacionales y extranjeras escritas sobre el tema son documentos prescriptivos que señalan a manera de receta la forma en que debe elegirse una carrera (Montero, 2000).

En cuanto a los esfuerzos realizados por las instituciones de educación media superior, algunas equivocadamente equiparan la orientación vocacional con la aplicación exclusiva de los “célebres” inventarios de aptitud. Si bien dichos instrumentos son un valioso auxiliar pueden provocar en el estudiante la creencia de que la elección de carrera y su discernimiento equivalen al resultado obtenido en el inventario. Nada más contrario a la realidad pues la elección de carrera es el producto de un proceso que puede iniciarse desde la niñez y posteriormente, durante la adolescencia, se fundamenta en los intereses, aptitudes y rasgos de personalidad del estudiante (Rimada, 2015).

No debe olvidarse que la elección de carrera forma parte de un proyecto de vida (González, 2017), por tanto, constituye la primer decisión importante y trascendente en la vida de la persona (Figueroa, 1993). Los especialistas indican que el autoconocimiento es la base para construir una identidad sólida y una sana autoestima. Sin duda, la persona precisa saber quién es para poder andar con seguridad en la vida, sentirse propietaria de su destino y tomar decisiones a sabiendas de que cada decisión personal también posee una serie de repercusiones sociales. En base a lo anterior puede decirse que la elección de carrera exige una fuerte dosis de autoconocimiento y compromiso. Efectivamente, para elegir carrera el estudiante necesita conocerse y comprometerse consigo mismo y con la sociedad a la que pertenece pero, principalmente, comprometerse con la vida.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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