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El Oráculo de Delfos

El soul, es quizá, la música más apasionada de los últimos sesenta años, un género que no admite tibiezas ni claroscuros

Publicado 17 agosto 2018 el 17 de Agosto de 2018

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“Bruno, si yo pudiera solamente vivir como en esos momentos, o como cuando estoy tocando y también el tiempo cambia… Te das cuenta de lo que podría pasar en un minuto y medio… Entonces un hombre, no solamente yo sino ésa y tú y todos los muchachos, podrían vivir cientos de años, si encontráramos la manera podríamos vivir mil veces más de lo que estamos viviendo por culpa de los relojes, de esa manía de minutos y de pasado mañana”.

Fragmento de “El Perseguidor”

Julio Cortázar

El soul, es quizá, la música más apasionada de los últimos sesenta años, un género que no admite tibiezas ni claroscuros, maltratado en su primera juventud con las muertes a destiempo de Sam Cooke, Otis Redding o Marvin Gaye y ahora definitivamente huérfano tras el largo adiós de su primera dama, la imprescindible Aretha Franklin. El jazz comenzó a escucharse en Estados Unidos gracias a la combinación de ritmos africanos y europeos a principios del siglo XX en Nueva Orleans. En las décadas de 1930 y 1940 la influencia de las Big Bands poco a poco fueron invadiendo países de Latinoamérica, incluyendo México, tomando por asalto lo furtivo de las sombras que acompañan las noches de la gran ciudad. Paladines del ritmo blandían sus instrumentos intentando dominar al feroz dragón, que eufemísticamente hoy conocemos como Soul, hasta que emergió quien habría de domarlo, la emperatriz del género, a quien llamaremos Aretha. Claramente, ella continuó la tradición que había iniciado Ray Charles, la secularización del gospel, convirtiendo los ritmos y patrones religiosos, especialmente, los sentimientos en canciones de amor profundamente terrenales. No, Aretha no fue la única en cruzar la pasión abrasadora del góspel con la ferocidad carnal del rhythm and blues; también lo hicieron algunas otras vocalistas, pero ninguna con su intensidad emocional, ninguna con el empuje vital y la profunda elegancia bordando con matices vocales la perfección, y si no bastará hacer una pausa en la lectura y escuchar “I never loved a man (the way I love you)”.

abemos que la naturaleza flexible del Jazz ha favorecido, hoy más que nunca, que se abra a la influencia de muchos estilos derivando en una inmensidad de fusiones que van del jazz-flamenco al jazz-rock pasando por el folk-jazz, el latin-jazz o incluso llegando a felices encuentros con la música electrónica, el hip-hop o la música pop, aunque lo único cierto es que quien le diera pureza técnica y vocal provocó que el soul llorara de orfandad, pues Franklin, la genuina Lady Soul, ha fallecido en su residencia de Detroit, dejando un trabajo inmaculado que como decía el plástico Francés, Henri Mattise, llenará de ritmo y significado los momentos de quien frente a un humeante café o guareciéndose de la pertinaz lluvia escuche Jazz, pues la vida misma es sólo eso, ritmo y significado.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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