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Por vivir en quinto patio

Por lo regular en los reglamentos se prohíbe expresamente el no tener mascotas

Publicado 14 agosto 2018 el 14 de Agosto de 2018

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¡Pa’su mecha! Hace como tres días leí la noticia de que allá, en un barrio en la “pomadosa” delegación Coyoacán (lógicamente en la Ciudad de México) por dejar mal estacionado un condómino su automóvil (invadiendo parte del “cajón” de otro condómino), salió a reclamarle la afectada por tal conducta, que resultó ser una magistrada de justicia, se hicieron de palabras, ella pidió auxilio a su marido quien estaba adentro de la vivienda, pero, el vecino, un piloto aviador, sacó un arma y disparándole la mató; salió el marido pistola en mano y el piloto lo baleó también. Uno de los dos hijos menores del matrimonio llamó a la policía, se presentaron los uniformados, pero el piloto se encontraba ya atrincherado en su morada y para no ser detenido ¡Se suicidó, sorrajándose un tiro en la cabeza!

YA SOLO NOS FALTA SER GÜERITOS Y TENER GRANDES LOS PIES

Lo anterior parece un drama vivido en los EUA, pero no, fue en la capital mexicana. Creo, independiente de que cada vez los mexicas andamos más “estresados” y con una neurosis marca llorarás, vivir en condominios es cada vez más conflictivo ¿Por qué? Por la muy sencilla razón de que la enorme mayoría de los habitantes de este magnífico país nos creemos ¡Juan Camaney!

PARECIERA UNA ÉPOCA ANCESTRAL Y REMOTA

De infante viví en un edificio y tal construcción, al igual que todo el barrio (del que siempre les platico) ¡Era una inmensa casa colectiva! En donde todos, no obstante sabían vida, obra y milagro de todos, prevaleció siempre el respeto y la civilidad. Y si alguna desavenencia surgía (principalmente por pleitos de chamacos), era zanjada inmediatamente por las correspondientes mamás y nada había pasado ahí.

¡NOMBRE! ¡PURO JUAN CAMANEY!

¡Pero Dios mío! Hoy, es tremendo el convivir en lo que se dice y conoce como “régimen en condominio”, en donde uno es dueño de la propiedad en que se vive, ya bien sea la vivienda horizontal (casas), vertical (edificios de departamentos) o mixta (casas y depas), estando después las áreas comunes: patios, pasillos, escaleras, alberca, centros de reunión, parques interiores, juegos infantiles, embarcadero, etc. Pero, da la desgracia que el 98% de los condóminos se comportan como si fueran los dueños exclusivos de todo el complejo habitacional y el resto de los vecinos simples parias a los que magnánimamente toleran.

LOS QUE RENTAN RESULTAN “PIOR”

Peor aún si el condominio es arrendado, pues entonces los arrendatarios resultan peor que los arrendadores propietarios, adquieren de inmediato la personalidad de la “divina garza” y son intolerantes y hasta agresivos (en su gran mayoría) porque… se sienten tejidos a mano.

¡UNA AUTÉNTICA LUCHA PARA QUE PAGUEN LAS CUOTAS DE MANTENIMIENTO!

La pachanga comienza por el pago de las cuotas mensuales de mantenimiento: ¡La mayoría no las pagan! Pero eso sí, exigen a quien administra el complejo habitacional que todo esté impecable.

NO RESPETAN REGLAMENTO ALGUNO

Por lo regular en los reglamentos se prohíbe expresamente el no tener mascotas… pues muchos, por sus pistolas llegan a tener hasta perros “San Bernardo” (¡Pobres perros, con el calor de Veracruz!), y no se deshacen de ellos hasta que todo el vecindario se les viene encima. Además, no hay respeto por los cajones de estacionamiento y hasta se estacionan en las áreas generales si es preciso, argumentando la máxima mexicana de: “¡Me vale!”.

¿Y NOS PREGUNTAMOS POR QUÉ TENEMOS EL GOBIERNO QUE TENEMOS?

Por lo que se ve en lo sucedido en la Ciudad de México, vivir en condominio debe ser igual de problemático en todo el territorio nacional. Viniendo a ser una “probadita” de la idiosincrasia de nosotros los mexicanos de la actualidad y una respuesta del por qué tenemos la calidad de país que poseemos. Por la sencilla razón de que ¡Nadie respeta nada! Ahora, imaginemos que algún vecino del condominio, por la gracia de Dios, logra un puesto de elección popular ¡En toda la madre! No respetará ni a su abuela ¿A poco no?

De ahí viene todo ¡No respetamos el derecho de nadie! ¡Y que se jodan!
¡Ah!, el título de la calumnia es el nombre de un bolero de Luis Alcaraz; canción más vieja que ir al baño agachado, pero, habla de un patio de vecindad llamado así.

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