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¡Me llamó María Magdalena!

Prácticamente es hasta finales del siglo XX cuando se le comienza a hacer justicia a La Magdalena
Foto: Agencias

Publicado 29 agosto 2018 el 29 de Agosto de 2018

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Estando haciendo algunas adquisiciones en una ferretería cerca de mi casa, atendida por una pléyade de guapas jóvenes, quienes me dispensan su amistad, especialmente la gerente, con la cual me encuentro comprometido (ella no lo sabe). Pero, no es la historia de mi vida la que quiero contar por enésima vez, sino un hecho que me llamó bastante la atención, pues el otro día, despidiéndome de mi fiancé, al no tenerla a la vista, en voz alta dije: “Adiós María Elena”. Y, ella, enfática, no me dejó lugar a dudas respecto a su nombre pues con esa voz tenue que tanto le caracteriza, espetó: “¡Me llamo María Magdalena”. Esto me hizo regresar, porque le dije tenía muy bonito nombre, en virtud de llamarse como uno de los personajes del Nuevo Testamento que a mí más me llama la atención, precisamente por el gran carácter que de acuerdo con lo que se leen en el Nuevo Testamento, además de las obras que se han escrito sobre el personaje, se sabe de ella. En la realidad, no se sabe con exactitud cuál de las varias mujeres que aparecen en el N.T. es realmente ella, pues se le confunde con la mujer pública con la cual se trató de tentar a Jesús, pero en cuanto ella, al estar realizando un baile muy sensual en la reunión a la que asiste Jesús, dicen las escrituras que al ver de quién se trata, ella se arrodilla ante Él y llora desconsolada, enjugándole los pies con sus lágrimas y los seca con su largo cabello. Y el anfitrión, viendo que no se logró lo que había planeado, la trata de echar de su casa, Jesús se lo impide, a lo que el anfitrión dice se trata de una mujer pecadora y pública, pero Chucho replica que, precisamente, porque ha amado a muchos, sus pecados le han sido perdonados. También se le identifica con la Mujer Adúltera, y, por otro lado vemos cómo a la que sí se le llama María Magdalena, es la que siempre sirve al Señor, la que acompaña a María en la crucifixión y es la primera en ver a Jesús resucitado, e ir a dar la noticia de tal portento al resto de los discípulos. Esto es prácticamente lo único relevante a lo que le reconocen a esta gran mujer de tanto carácter, pues de ahí en fuera no hacen mención de ella en las Escrituras, sino como si se tratara de una sirvienta o esclava. Esto, gracias a los misóginos que han intervenido en el Nuevo Testamento, comenzando por Saulo de Tarso, mejor conocido como Pablo, que tanto odio muestra a las mujeres.

APENAS COMENZARON A HACERLE JUSTICIA A LA MAGDALENA

Prácticamente es hasta finales del siglo XX cuando se le comienza a hacer justicia a La Magdalena, a reconocerla incluso como la pareja de Jesús y mencionan que hasta concibió una niña de Él. Ciertamente, La Magdalena es uno de los personajes más importantes de la vida del nazareno, que entre los evangélicos llamados malamente “apócrifos” el de ella es uno de los más relevantes.

MARÍA DE MAGDALÁ

Le dije a mi querida amiga Malenita, que a groso modo le explicaría el papel que su tocaya había jugado en la vida de Cristo, a fin de que viera la importancia de tan valiente mujer. Y que el nombre real es María de Magdalá, nombre de una ciudad que apenas hoy está siendo excavada.

MI AMIGA MALENA

Por lo que me dio mucho gusto ver la forma como Malena defendió su nombre, pues, en esa forma es como las mujeres deben pelear por su lugar en el mundo. Mi amiga se llama María Magdalena Rodríguez López, y gracias a su esfuerzo, es la encargada de una importante ferretería. O sea, puesto ganado a pulso, en un ámbito totalmente varonil.

Por eso hemos hecho tan buenas migas Malena y yo, porque es una joven mujer de mucho carácter, como lo fuera su tocaya hace más de dos mil años.

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