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¿¿¿Quién entrará en el cielo???

Los tres hombres asienten, San Pedro los hace pasar de uno en uno a su oficina para que los otros no escuchen y puedan mejorar su historia.
Foto: Agencias

Publicado 19 agosto 2018 el 19 de Agosto de 2018

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Tres hombres llegan a las puertas del cielo, San Pedro sale y les dice: “Tenemos malas noticias para dos de ustedes; se nos cayó el sistema que da las admisiones y solo puedo dejar entrar a uno de los tres esta semana. Los otros dos tendrán que esperar en el infierno unos días mientras reparamos el fallo. Lo lamento, no puedo hacer otra cosa”. Pedro agrega: “La persona que cuente la mejor historia de cómo murió en la Tierra, será la que pueda entrar en el cielo hoy”. Los tres hombres asienten, San Pedro los hace pasar de uno en uno a su oficina para que los otros no escuchen y puedan mejorar su historia.
Pasa el primero y comienza su relatoría: “Presentía que mi mujer me estaba engañando, así que llegué esa tarde temprano… subí los 25 pisos del edificio por la escalera para no hacer ruido con el ascensor…, abrí la puerta de mi departamento y allí estaba ella, ¡tendida en el suelo y desnuda! Supe la había sorprendido in fraganti. Corrí por todo el apartamento en busca de su amante; arriba, abajo, debajo de la cama, en todos los armarios… ¡Y NADA! Estaba a punto de ofrecerle disculpas por ser tan mal pensado, y mientras ella me decía que siempre hacía gimnasia desnuda ¡Y escucho ruidos en la ventana… SCRATCH, SCRATCH, SCRATCH…, y ahí estaba el mal nacido adúltero, colgado de la cornisa! Tomé el bate de béisbol y le di duro en la cabeza. Vi cómo caía, pero tuvo suerte el infeliz y aterrizó en un montón de bolsas de basura ¡¡¡Y se estaba moviendo!!! Desesperado porque se me escapaba, cargué el servibar hasta la ventana. Con gran esfuerzo lo puse en la cornisa, pero al empujarlo se me enganchó la camisa, por lo que caí con el servibar y encontré una muerte espantosa ¡Pero feliz!, por haberme cargado al cerdo ese”. San Pedro no podía imaginarse historia más increíble.
Cuando hizo pasar al segundo hombre, éste comenzó: “Bueno, yo soy limpiador de ventanas de edificios. Estaba haciendo tranquilamente mi trabajo en un piso alto, cuando una de las cuerdas repentinamente se rompió y me agarré de la plataforma, pero se me fueron resbalando las manos hasta que caía al vacío. Levanté las manos pensando en mi muerte y esperando que Dios me recogiera. Para mi fortuna, logré sujetarme a una cornisa del edificio ¡Estaba salvado! Agradecía a Dios e intentaba que la gente dentro del edificio me salvara del todo, que comencé a rascar en la ventana que tenía frente a mí, cuando en eso un cabrón abrió la ventana y en lugar de ayudarme me pegó tremendo golpe con un bate de beis. Caí al vacío otra vez, maldiciendo a esa mala persona, cuando en eso mi ángel de la guardia me permitió vivir todavía más, disponiendo de un montón de bolsas de basura justo donde yo caía. Cuando conseguí abrir los ojos para agradecer al Altísimo tanta fortuna, un servibar cayó sobre de mí y se oían terribles alaridos. Comprendí que Dios me quería a Su lado… sin duda ese era mi destino y así encontré la muerte”.
San Pedro quedó estupefacto de esta narración, he hizo pasar al otro hombre, pero antes de que comenzara el individuo a hablar, le dice: “Hijo, más vale que tengas una muy buena historia, porque las dos anteriores son realmente increíbles”. El hombre lo mira atentamente y le dice: “Bien, seré breve, imagine esto: Estoy en pelotas, escondido en un servibar…”, lo interrumpe San Pedro exclamando: “¡¡¡No mames caón!!!”.

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