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A Dios no se le conquista con recetas mágicas y esotéricas

Les he pedido encarecidamente, frente a las dificultades que comparten, que hagan la experiencia de estar frente a Jesús sacramentado
Foto: Agencias

Publicado 20 agosto 2018 el 20 de Agosto de 2018

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He estado pensando en las reacciones de muchos fieles cuando respondo a una de sus principales inquietudes. Llega el momento en que los problemas nos abruman y nos rebasan, por lo que nos damos cuenta que necesitamos a Dios. Acudimos al director espiritual para que nos muestre un camino para tener una experiencia de Dios.

En esas condiciones han llegado conmigo muchos fieles, tratando de encontrar un momento de paz, buscando la manera de encontrarse con Dios y con el ánimo de fortalecerse espiritualmente frente a los problemas que enfrentan en la vida.

En muchas ocasiones les he respondido que lo que necesitan es estar ante Jesús sacramentado, buscar momentos de intimidad con el Señor en el sagrario. Desde luego que mi respuesta jamás ha sido lacónica pero así la podría resumir.

Les he pedido encarecidamente, frente a las dificultades que comparten, que hagan la experiencia de estar frente a Jesús sacramentado.

Muchos de los fieles se han sorprendido ante mi repuesta. Me han mirado con extrañeza y creo también que en un primer momento se han sentido decepcionados. Esperaban una respuesta más espectacular de mi parte, una sugerencia impresionante, una propuesta fantástica.

Acostumbrados a caminos fáciles y a recetas para todo, también así quisiéramos que fuera la vida espiritual. De hecho en otros lugares se recomiendan recetas, caminos raros para llegar a Dios, propuestas extravagantes que desde luego impresionan de acuerdo a la dinámica de estos tiempos modernos pero que no nos permiten tener una experiencia auténtica y profunda del amor de Dios.

A Dios no se le conquista con recetas mágicas y esotéricas ni se le conoce a través de prácticas raras y extravagantes. No se trata de adivinar un camino o destrabar un acertijo para penetrar en el ámbito de Dios. A Dios se le conquista en la oración porque en la medida que hacemos oración nos vaciamos de nuestras seguridades y de nuestra soberbia para que la bondad y la paz de Dios inunden nuestros corazones.

Visitar a Jesús en el sagrario es volver a conectarnos con la escuela del silencio y la contemplación que nos capacitan para llegar a escuchar la voz de Dios en nuestro corazón. La oración nos transforma por dentro aunque por fuera no veamos nada ni sintamos nada a corto plazo. Dios es espíritu y va trabajando con nosotros espiritualmente con formas que no son perceptibles de manera sensorial pero que se van anidando en nuestra alma.

Por eso cuando decidimos visitar a Jesús en el sagrario y volcar nuestra vida en oración tenemos que entender lo que significa esta hermosa experiencia. Muchas veces no se siente nada y también no sabemos qué decir. Pero nos toca estar ahí, junto a Jesús, junto a la fuente de la gracia para que Él paulatinamente nos vaya transformando. Muchos se han impresionado del poder transformador que tiene esta experiencia de silencio y contemplación con Jesús eucaristía.

A nosotros como guías espirituales nos toca escucharlos con cariño y atención, nos toca también hacer mucha oración por ustedes. Pero sobre todo nos toca llevarlos ante Jesús, porque nosotros no resolvemos problemas, sólo los animamos, los recogemos muchas veces del suelo pero los llevamos ante Jesús que es el que libera, el que sana, el que fortalece, el que regresa las fuerzas para seguir luchando en esta vida.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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