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PARA TI…

Por: Martha Elsa Durazzo/El Dictamen

Publicado 22 julio 2018 el 22 de Julio de 2018

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Por: Martha Elsa Durazzo M./El Dictamen

Que pasen un agradable domingo y una excelente semana, siempre bajo la dulce mirada de Dios; que Él, permanezca a su lado, queridos lectores. Esta semana, gracias a esta página “Para Ti”  que nos brinda EL DICTAMEN, Decano de la Prensa Nacional, con el fin de promover y difundir la cultura, puedo presentarte a la escritora:

Arely Aguilera de Huber

Veracruz, México. Auxiliar de la Presidente en Escritores Veracruzanos A.C., Enlace de La Casa del Poeta Peruano en el estado de Veracruz, secretaria de la Red Internacional de Escritores, representación en el estado de Veracruz. Ha publicado en las  Antologías: “Poemas Dulces, 2012”, Círculo Latinoamericano de Escritores Argentina. “De Veracruz al Orbe: Navío de Poetas”, Escritores Veracruzanos, 2013. “Sólo Quince caminando entre Letras”. 2014, Escritores Veracruzanos A.C. El Dictamen, Decano de la Prensa Nacional, ha publicado sus poemas. Comparte su trabajo literario en diversos medios de las redes sociales y es autora del blog “Letras en café”. Ha participado en Encuentros de Escritores Regionales e Internacionales. Colaboró, en la compilación de este libro, con la pte. de EVAC.

Con cariño para quien dibuja mi mejor sonrisa, mi amiga: Martha Elsa Durazzo.

Mi infinita gratitud y admiración, gracias por tu buen ejemplo, mi dilecta maestra.

 

LUCIÉRNAGAS

Sentada frente a mi ventana, admirando la bóveda celeste, recordé aquélla noche, mientras caminabas a mi lado, el viento denso que revoloteaba mi húmedo cabello desprendiendo el suave perfume que guardaba, tu brazo entrelazado al mío, me brindaba el calor necesario para tolerar las bocanadas de aire frío que se dejaban sentir a nuestro paso, de pronto fijamos nuestras miradas en la hierba del camino, allí unas frágiles luciérnagas titilaban alumbrando aquélla mágica escena frente a nosotros, entonces murmuraste:

     “Siempre he pensado que las luciérnagas son como estrellas en la tierra”, ¿no lo crees?

     …Te sonreí; tu mirada me persuadía, eras como una de ellas, llenando mi espacio con tu luz, cada día de mi vida.

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REVOLOTEO

Quiero acurrucarme en la curva de tu cuello

sentir tu aliento en el caracol de mi oído

enredarte con los rizos de mi cabello anudado

escuchar tu respiración agitada

saber que te estremece sentirme cerca de ti

soltar los prejuicios que nada saben de amar

humedecernos con tan solo imaginarnos

repetirlo una y otra vez,

crear besos en el aire

acomodar tu cabeza junto a la mía

seguir soñando

quedarnos en ese sueño,

fundirnos;

sabiendo aún, que pronto despertaremos

y seguiremos así toda una vida…

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EL VUELO 2210

Unas rosas, unos exquisitos chocolates belgas y yo, aguardábamos tu llegada. La temperatura de la temporada verano/otoñal causaba estragos en ambos, el ambiente era algo caluroso, el viento se dejaba sentir con mayor intensidad, ansioso esperaba entregarte aquellos detalles que, sutilmente, había escogido para ti, además de una gran sonrisa dibujada en mi rostro por tu regreso; unos días atrás tu indiferencia casi terminaba con mis ilusiones; a pesar de los malos entendidos y sucesos tristes entre ambos, allí estaba, dejando de lado mi orgullo para verte una vez más…

     Los minutos pasaban, sentí cómo los nervios se apoderaban de mí, me temblaban las piernas, el  corazón parecía salirse de la intensa emoción que me provocaba nuestro reencuentro. Adentro del aeropuerto comenzaron a cancelar vuelos, la gente algo confundida empezó a murmurar lo que ocurría, decidí salir, y dejando atrás la puerta del aeropuerto me fui a   esperar recostado en mi auto; encendí la radio y un cigarrillo; entonces  escuché la noticia de una voraz tormenta acercándose a nuestras playas… los vuelos venían retrasados y otros estaban siendo cancelados… como aludí, había que esperar unas horas más…

     Después de un buen rato las flores terminaron cabizbajas, los chocolates acabaron derritiéndose por los cambios de temperatura y la prolongada espera; a las nueve de la noche anunciaban destrucción por doquier; la tormenta había tocado tierra a unos kilómetros cerca de nuestra ciudad; me comencé a desesperar y a preocupar por lo que pudiese sucederte durante el vuelo, ante aquél fenómeno natural. Horas después, el aeropuerto reportaba que se estaban restableciendo las llegadas, en ese instante alcancé a escuchar cómo anunciaban tu número de vuelo; miré mis presentes y pude advertir que ya no eran dignos de ti, solo me quedaban la sonrisa y la alegría de volver a verte; de pronto, una tristeza me invadió, a lo lejos pude ver como cruzabas la puerta de la aduana, te veías feliz de la mano de aquella persona que te acompañaba…  entonces recordé que la mentira y la indiferencia eran tu mejor pasatiempo. Nada tenía que hacer allí. Me cansé. Decidí marcharme.

     Había olvidado que cuando la tormenta pasa, siempre deja destrozos, y, efectivamente, eso fue lo único que dejó en mi ser…

     Nunca más volví a verte.

Hasta la próxima, D.M.

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