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Voy a misa para convencer a Dios de que debe existir

Por: Pbro. José Juan Sánchez Jácome
Voy a misa para convencer a Dios de que debe existir

Publicado 02 julio 2018 el 02 de Julio de 2018

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Algunos andaban espiando a Jesús para tener de qué acusarlo, para exhibirlo públicamente en lo que ellos consideraban enseñanzas heréticas. Jesús tiene la habilidad para reconocer las malas intenciones y sale al paso de este tipo de ataques, proponiendo enseñanzas que han quedado para la posteridad y sobre todo rehabilitando física y espiritualmente a tantas personas que vivían por debajo de su dignidad.

Quienes lo espiaban tenían un concepto de Dios y nadie se podía salir de ese esquema. Por eso Jesús llegó a ser acusado hasta de ser el príncipe de los demonios.

Están, pues, los que lo andaban espiando. Otros en cambio sienten curiosidad por ver a Jesús. Han escuchado tantas cosas sobre él que también quieren presenciarlas. El testimonio de la gente es tan fresco y emotivo que quieren comprobar, de primera mano, las maravillas que se cuentan acerca de ese hombre.

La curiosidad no sólo está relacionada, en este caso, con el testimonio de los demás sino también con el reconocimiento de la propia situación personal. Sienten curiosidad aquellos que engañando a los demás no pueden engañarse a sí mismos, los que saben que tienen cuentas pendientes con Dios, aquellos que llegan a descubrir que no se puede construir una vida en el pecado, porque el pecado duele y provoca desolación, frustración y frío en el corazón.

La curiosidad así es una especie de primer paso hacia la fe, de primer movimiento de conversión; se trata de una especie de intuición acerca de lo que Dios puede aportarle a nuestra vida, sobre todo poniendo orden en todo el desorden que hemos provocado.

Los que espían ya tienen su propio esquema religioso y desde su perspectiva una experiencia de fe no se puede salir de esos parámetros.

Los que sienten curiosidad, en el fondo empiezan a aceptar que Dios es impredecible y es necesario estar a la expectativa porque su irrupción rebasa nuestros parámetros y va más allá de nuestros cálculos y prejuicios.

Los que espían a Dios pretenden tomar control del misterio que no se puede someter y descomponer, como se descomponen las partículas en un laboratorio. Ante la irrupción sorprendente y maravillosa de Dios, los que espían en vez de arrodillarse ante el misterio pretenden convertir a Dios en objeto de estudio.

Los que espían se sienten con la capacidad para controlar, encapsular y someter en definitiva un misterio que escapa totalmente a nuestra capacidad de control. Intentan conocer a Dios para someterlo y ordenarlo de acuerdo a los criterios de su vida.

Hay que buscar a Dios no para darle órdenes y encapsularlo, no para darle clases sobre cómo ser Dios, sino para que nos abra los horizontes y nos acerque más como hermanos en estos tiempos de tanta confusión, miseria y corrupción.

Decía el cineasta italiano Pupi Avati: “En mi ingenuidad, y de manera provocadora, voy a misa todos los días para buscar a Dios y para convencer a Dios de que debe existir, lo considero necesario porque sólo un Dios nos puede salvar”.

La curiosidad por buscar a Dios es el reconocimiento tácito de que sólo Dios nos puede salvar del sinsentido de la vida, de la frustración y de la descomposición social que hemos venido provocando con nuestras acciones.

Vivimos tiempos turbulentos y conflictivos en los que hay que hacer caso a nuestra intuición y curiosidad por buscar a Dios. No podemos postergar un encuentro con Dios que nos concederá la luz y la paz en medio de la descomposición que vivimos. Sólo en Dios iremos vislumbrando el camino para salir adelante después de tanto quebranto y corrupción.

Algunos, pues, espían a Jesús, otros sienten curiosidad y hay quienes sienten necesidad de Él. Quizá ese es nuestro caso ahora que estamos llenos de tensiones, preocupaciones e incertidumbre. Le pedimos que nos acompañe en este proceso y que nos deje sentir su presencia para que alcancemos la paz y la reconciliación.

Eso es lo que pedimos y debemos saber que eso es también lo que Dios nos quiere ofrecer. Hay que pedir la luz del Espíritu Santo para descubrir que Dios ya nos anda buscando, que Él ya ha tomado la iniciativa para acompañar a su pueblo. Voy por eso a misa, para no perder de vista los dones salvíficos que Dios ofrece a su pueblo especialmente en tiempos turbulentos.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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