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Que nuestras leyes no violenten el corazón del hombre

Por: José Juan Sánchez Jácome
Que nuestras leyes no violenten el corazón del hombre

Publicado 23 julio 2018 el 23 de Julio de 2018

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Qué les hizo la vida si todo lo han recibido. ¿Por qué ensañarse contra ella si la vida no deja de ser generosa y porfiada para mantenernos en la existencia, a pesar de exponerla y de no ser agradecidos?

En esta lucha centenaria e inaudita, estamos a favor de la vida, pero está más que claro que es la vida la que está a nuestro favor, ya que nos corona con sus dones y se sigue derramando a manos llenas.

Si la vida nos ha elegido ¿por qué se elige la muerte? Claro no de los que hablamos y opinamos sino de los que no pueden por el momento -solo por el momento- hablar y necesitan ser amados, aceptados y custodiados en el vientre materno, como nosotros fuimos amados, aceptados, defendidos, promovidos y custodiados desde el vientre de nuestra madre y hasta nuestros días.

¿Qué nos ha pasado para llegar a estos extremos? ¿Por qué una política, si acaso esto puede ser política, pretende generar muerte cuando la vocación política se distingue por promover y defender la vida? ¿Por qué condenar y dar muerte cuando la vida sigue siendo amable y generosa con nosotros? ¿Por qué incluso se pasan por alto los fundamentos científicos para imponer una postura ideológica y adulterar nuestras leyes?

Al rechazar el estatuto humano del embrión, de manera anticientífica e inhumana se promueve el aborto. Los datos científicos están a la vista de todos. La genética y la embriología han venido desentrañando la maravilla y la potencialidad de la vida humana.

Está siendo muy doloroso constatar que un porcentaje de los legisladores y autoridades representan a la ideología de género y no al pueblo de México que tiene valores y convicciones muy profundas que le dan cohesión a la sociedad. Estos valores también están a la base de la identidad de las personas, por lo que al ser pisoteados se expone a la sociedad a perder el rumbo y a que se lesione la convivencia social, como de hecho viene sucediendo.

Estos representantes sociales no ven la vida a través del alma de este pueblo y se niegan a ver por el microscopio. Están viendo la vida a través de los organismos internacionales y de las ideologías que presionan el poder público y condicionan las ayudas económicas.

Hay servidores públicos que también están en contra del aborto, de las uniones entre personas del mismo sexo y de la vasta agenda de la ideología de género, pero no manifiestan su postura por miedo a que se trunque su carrera política y por temor al linchamiento mediático que se alinea por el pensamiento “políticamente correcto”.

Una vez los liberales soñaron con un país que incluyera a todos y se sintiera orgulloso tanto de su pasado como de sus nuevas ideas, y con la profundidad de su pensamiento aportaron elementos fundamentales para la construcción del país. Ahora lamentablemente los “liberales” de estos tiempos se sirven de las instituciones para favorecer intereses extranjeros.

Nos conviene estar alertas y considerar seriamente el panorama que trazó el profesor de Derecho de la Universidad de Notre Dame, Gerard Bradley, al exponer los desafíos que nos vienen de la ideología de género:

“El desafío más peligroso al que se enfrentan los católicos estadounidenses tiene que ver con el establecimiento de la ‘salud sexual’, la ‘identidad de género’ y la ‘autodeterminación sexual’ como bienes supremos, incluso para los niños y menores de edad -de tal manera que sus padres y la Iglesia se convierten en una seria amenaza al presunto bienestar de estos menores. En otras palabras, la forma católica de criar a los hijos está en peligro de ser etiquetada, en un tiempo relativamente corto, como una especie de abuso de menores, una calumnia contra la cual la protección de nuestra menguante libertad religiosa será como un fino escudo”.

No sólo en Estados Unidos sino en México y el todo el mundo los cristianos estaremos enfrentando estos escenarios. En nuestro caso nunca se construirá un país con futuro si le apostamos a la muerte y si pervertimos las instituciones legalizando el mal.

México nunca será grande si se construye destruyendo a los más pequeños que despiertan en nosotros la capacidad de contemplar, acoger, cuidar y asombrarse de la maravilla de la vida.

Hay que combatir la violencia que hay en la sociedad, pero no hay que violentar el corazón del hombre, mucho menos con nuestras leyes e instituciones.

De qué podemos gloriarnos si todo lo hemos recibido. Sólo defendiendo la vida y agradeciendo a Dios que se ha desbordado en dones hacia nosotros podremos coronar nuestros días con las palabras de Amado Nervo: ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

 

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