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Para qué hacer las cosas fáciles cuando se pueden hacer difíciles

Por: Manolo Figueroa Unda
Para qué hacer las cosas fáciles cuando se pueden hacer difíciles

Publicado 30 julio 2018 el 30 de Julio de 2018

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Quiero que los lectores que son servidores públicos no se sientan tocados o heridos por el tono de este comentario. Lo que quiero hacer es ofrecer una versión ampliada de lo que nos toca sufrir como ciudadanos que pagamos nuestros impuestos, cumplimos estrictamente con las leyes y las sanas costumbres y debemos atravesar el laberinto de permisos, documentos legales, servicios públicos y privados de salud, banca, etc. que nos obliga el Estado nacional y local. Además, quiero agregar que no me refiero a México específicamente. Tal inferencia debe ser hecha por los lectores.

Somos hijos del virreinato y la colonia española que siempre tuvo grandes sospechas de los criollos y nativos. Pensaron que siempre querían engañarlos y sacar provecho de la bondad y caridad de los colonos españoles y sus descendientes. Lo que realmente sucedía era que los colonos tenían miedo, pavor de los originarios que en algún momento se levantaran en armas y lucharan por un tratamiento decente y una retribución justa que nunca existió. Para ello era necesario pasar regulaciones que prohibieran actos y comportamientos que pudieran ser considerados alevosos hacia el poder dominante. No sólo consiguieron impunidad para ellos, sino que crearon una cultura de la sospecha hacia el originario y criollo, que fue descrito como no confiable, flojo, violento, ignorante, etc. y, por lo tanto, siempre dispuesto a robar, sacar provecho y engañar a la autoridad.

En América Latina se ha generalizado tal visión maniqueísta del ciudadano que requiere acudir a los diversos servicios públicos y privados. Se piensa de antemano que el ciudadano quiere pasar “un gol olímpico” al servidor público; que lo quiere engatusar para obtener ventajas tanto personales como familiares.

La otra cara de la moneda está retratada por el servidor público y privado; el empleado que tiene que atender público, el que se encuentra en un escritorio pasando papeles y timbrando documentos, ese ciudadano que debe obedecer a superiores que han llegado a puestos de autoridad por favoritismos políticos y, en muchos casos, careciendo de las habilidades y destrezas que contribuyan a mejorar tales servicios. El empleado mal pagado, maltratado, trabajando en condiciones muchas veces inaceptables, en muchos casos debe llegar a “chambear” como una obligación. Ese es el empleado que debe servir en oficinas atestadas de público demandando atención; que debe instruir al ciudadano muchas veces sin tener pleno conocimiento de los procesos y los cambios que se llevan a cabo cada sexenio o periodo presidencial. La solución la entregó la colonia; pedir documentos que son innecesarios, en triplicado, todos ellos originales con los timbres, estampillas y firmas de notarios, funcionarios, testigos, y un cuanto más pueda ser. Hay una relación de poder entre el funcionario y el ciudadano. Al exigir más de lo necesario se está imponiendo como superior al público y, al mismo tiempo, cuidando su espalda ante el superior. Tal como lo escuché en una oficina pública: “más vale que sobre a que falte”.

Termino con una anécdota que me contaron en un país de la región que no voy a nombrar. Desde uno de los ministerios, el subdelegado del subdelegado que reemplaza al delegado titular que se encuentra en comisión en otro ministerio, descubre que existen recibos de paga hechos al gobierno de hace 65 años atrás. El empleado, consciente del último reporte solicitando la eliminación de papel inútil en las oficinas de gobierno, envía un memorándum al superior de su departamento, solicitando permiso para quemar tales documentos inservibles. Pasado un tiempo largo, el empleado insiste con otro documento al mismo superior. Al poco tiempo recibe la siguiente respuesta: “Después de llevar su petición al consejo de delegados del ministerio, éste ha decidido después de larga discusión, aprobar su petición de eliminación de tales documentos, con la consideración de que saque fotocopias a cada uno de éstos antes de quemarlos”.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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