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Palabra de Honor

Por: Irene Ortega Valdivia
Juaristas el General Don Severo del Castillo

Publicado 19 julio 2018 el 19 de Julio de 2018

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En esta época de tantos díceres y pocos haceres, consideré oportuno transcribir un suceso histórico quizá para algunos conocido, pero como estamos ávidos de buenas noticias reglamentarias y tomando en cuenta que el escribir es contar lo que ya se sabe, hoy para mí, ha sido un intento de pensar con precisión en su contenido para el bien de todos.

A la caída de la ciudad de Querétaro, quedó prisionero de los Juaristas el General Don Severo del Castillo, Jefe del Estado Mayor de Maximiliano. Fue condenado a muerte y su custodia se encomendó al Coronel Carlos Fuero.

La víspera de la ejecución del General don Severo del Castillo, el Coronel Fuero dormía cuando su asistente lo despertó. El General del Castillo deseaba hablar con él. Así que Fuero se vistió de prisa y acudió de inmediato a la celda del condenado a muerte. No olvidaba que el General Don Severo del Castillo había sido amigo de su padre.

Carlos, le dijo el general; perdona que te haya hecho despertar. Como tú sabes me quedan unas cuántas horas de vida y necesito que me hagas un favor. Quiero confesarme y hacer mi testamento. Por favor manda llamar al padre Montes y al Licenciado José María Vázquez.

Mi General, respondió el Coronel Fuero. No creo sea necesario que vengan esos señores. ¿Como? se irritó el General Del Castillo. Deseo arreglar las cosas de mi alma y de mi familia, y me dices que no es necesario que vengan el sacerdote y el notario?

En efecto mi general, repitió el Coronel republicano. No hay necesidad de mandarlos llamar. Usted irá personalmente a arreglar sus asuntos y yo me quedaré en su lugar hasta que usted regrese.

El General Don Severo se quedó estupefacto; la muestra de confianza que le daba el joven Coronel Fuero, era extraordinaria.

Pero Carlos, le respondió emocionado. ¿Que garantía tienes de que regresaré para enfrentarme al pelotón de fusilamiento? Su Palabra de Honor mi General, contestó Fuero. Ya la tienes dijo Don Severo abrazando al joven Coronel.

Salieron los dos y dijo Fuero al encargado de la guardia. El señor General del Castillo va a su casa a arreglar unos asuntos. Yo me quedaré en la celda en su lugar como prisionero. Cuando él regrese me manda usted a despertar.

A la mañana siguiente, cuando llegó al cuartel el superior de Fuero, el General Sóstenes Rocha, el encargado de la guardia le informó de todo lo sucedido.

Corriendo fue Rocha a la celda en donde estaba Fuero y lo encontró durmiendo tranquilamente. Lo despertó moviéndolo.

Que hiciste Carlos! ¿Por que dejaste ir al General del Castillo? Ya volverá le contestó Fuero. Y si no lo hace, entonces me fusilas a mí. Y en ese preciso momento se escucharon pasos en la acera.

¿Quién vive? gritó el centinela.

¡México! respondió la vibrante voz del General del Castillo y un prisionero de guerra. Cumpliendo su Palabra de Honor volvía don Severo para ser fusilado.

Rocha le contó a don Mariano Escobedo lo que había pasado, y éste se lo informó a son Benito Juárez, quien conmovido por la magnanimidad de los dos militares, indultó al General y ordenó la suspensión de cualquier proceder contra el Coronel Fuero.

Ambos eran hijos del Colegio Militar, ambos hicieron honor a la Gloriosa Institución; ambos hicieron honor a su palabra.

De ahí deriva también la palabra “fuero”. Tener Fuero es tener un privilegio que debe sustentarse en la Palabra de Honor y en un juramente o “protesto” como le llaman, que todos nuestros políticos han olvidado para gozar de canonjías y privilegios fuera de la ley; concretamente, para cometer abuso de poder sin límites ni vergüenza.

En el año 1892 murió don Carlos Fuero. Una calle de Saltillo, Coahuila y una en Parral, Chihuahua (México) llevan su nombre.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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