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Las identidades ciudadanas

Por: Manolo Figueroa Unda
Identidad nacional

Publicado 26 julio 2018 el 26 de Julio de 2018

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Permítanme compartir algunas ideas que han brotado a propósito de escribir esta columna. Nuestros padres de la patria y aquellos que siguieron sus pasos, estaban íntimamente convencidos de la necesidad de crear una identidad nacional. Sus formas de expresión fueron varias, entre las más importantes la necesidad de defender los territorios donde habitaban, de invasiones extranjeras que atacaban el derecho a la autodeterminación de esos pueblos. Era necesario no sólo combatir, sino que crear en la incipiente ciudadanía, la convicción de hacerlo como un solo cuerpo, dispuesto a luchar y morir por tal ideario. Los himnos nacionales fueron una muestra de tal vocación. Si los lectores se fijan, gran parte de los himnos nacionales tienen ritmos de marcha que llaman a defender a través de las armas tal autodeterminación. Hay también otro propósito detrás de tales símbolos como es la necesidad de consolidar una identidad nacional que involucre una cultura, lengua, formas de interactuar que son no sólo aceptadas por la ciudadanía, sino insertadas fuertemente en el ethos nacional y en el corazón de sus miembros. Cuando escuchamos el himno de nuestras naciones nos embarga la emoción, el sentimiento de pertenencia y de unidad entre todos. La Revolución Francesa y su himno La Marsellesa, fue la semilla de la emergencia del concepto y la realidad de ser una nación; única, distinta, homogénea, que identifica a todos y cada uno de sus miembros. Los héroes que defendieron tal fidelidad a la identidad son reconocidos en cada rincón de nuestros países. Desde estatuas, nombre de edificio, de calles y avenidas, nos recuerdan constantemente esa realidad.

Sin embargo, las identidades nacionales se forjaron a costa de posponer, o ignorar las identidades que existían antes de tales procesos. También se ignoraron las identidades humanas que dieron origen a las desigualdades entre grupos de la nación; pueblos originarios, sectores de la sociedad civil que fueron subyugados e ignorados por ser diferentes a lo que la cultura política, económica y religiosa impuso durante siglos. Hoy en día tales sectores han comenzado a demandar reconocimiento e igualdad de oportunidades en la sociedad moderna y supuestamente democrática.

Para nadie es un misterio o un asunto que se puede dejar de lado, la lucha por los derechos de la mujer, no sólo incluyendo igual paga por igual trabajo, sino dignidad y respeto a ellas. Nuestros pueblos originarios han luchador por siglos en su lucha pro-reconocimiento y el termino a la discriminación y el prejuicio étnico. Las mujeres y grupos realmente progresistas luchan por la transformación de una sociedad fuertemente machista en la cual la percepción, los valores y principios, así como la educación puedan cambiar la creencias y comportamientos y les pueda dar un sitio en la mesa de los recursos culturales, económicos y políticos. Por mucho tiempo, como parte del machismo deshumanizante también hemos despreciado, maltratado a los miembros de nuestra sociedad que viven una relación de cariño, de amor por alguien del mismo sexo. De esta manera, es posible identificar gran parte de los agravios históricos de nuestros pueblos.

En el mundo de hoy, el concepto de nacionalidad y de unidad cultural y geográfica ha evolucionado, no gracias a la casualidad o el buen tino de los líderes, sino por la lucha incansable de la sociedad civil y los líderes anónimos que han representado con esfuerzo y en muchos casos con sangre el derecho al reconocimiento e igualdad. Esa es la nueva nación que se está construyendo en la región latinoamericana y que, a pesar de sus detractores y su oposición, será cada día más poderosa y creativa.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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