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Lo que menos hará falta son emociones fuertes

Por: Guillermo Ingram
Hasta el final del sexenio de AMLO

Publicado 26 julio 2018 el 26 de Julio de 2018

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Tengo la certeza de que, desde hace unos días, hasta el final del sexenio de AMLO, lo que menos nos va a hacer falta a los mexicanos son emociones fuertes y sobre todo, distracción mediática.

Todo es cuestión de ver la forma en cómo anda alborotado todo el gallinero nacional ¡Tremendo! Y sobre todo los politólogos en toda la nación, interpretan hasta el pestañear del Peje. Y si México no se ha caído y nuestra moneda se recupera a pesar de las predicciones apocalípticas realizadas por toda esa laya de prestidigitadores y visionarios del desastre si AMLO ganaba las elecciones, ahora que estos “brujos” han arreciado los ataques en contra de él, pareciera esa, la de hacer caer al país hecho tepalcates, es la intención de toda esta bola de frustrados.

¡Hombre, déjenlo cuando menos comenzar a trabajar como Presidente! Y ya de ahí se arranca el asunto de la crítica.

TAL VEZ NO QUIERAN QUE SE SEPA EL TAMAÑO DEL ATRACO

Y es que no hay día en que no nos estén dando una desastrosa predicción fundada en lo que el Peje hace, dice o piensa. Eso no es ayudar a México, eso se llama vil y llanamente ¡Ganas de estar jodiendo! Ahora sí, como dijera aquel que les conté: “No hay chile que les embone”.

PARA MUESTRA UN BOTÓN

Por lo pronto, de que el “mexican stablishment” está sintiendo “ñañaras”, ni quien lo dude. Y si con el solo triunfo electoral del fundador de Morena, ya nos hemos enterado de algunas cositas de “el otro México”, ese México de dispendio, derroche y excesos en el que viven y han vivido los “esforzados servidores de la nación”, ahora con la “casita de campo” que según notas periodísticas mandara a construir en 1946 el General Manuel Ávila Camacho para su esposa, doña Soledad Orozco de Ávila Camacho, en el entonces rancho “La Herradura”, en Huixquilucan, estado de México, nos podemos dar una idea de lo que fue y es ese México de la Dorada Burocracia, la dicha casita de campo, se da un tirito con el Pequeño Trianon de Versalles. Si algo no falta en ese recinto, es un derroche de lujo exagerado, lo cual no es justo en un país en donde la pobreza extrema en la nación es lo que siempre ha campeado a raudales. Pero, además, el dineral que cuesta el mantenimiento de tal inmueble. Hoy ya en manos del gobierno federal por donación hecha de doña Soledad en 1989 y entregada en 1996.

…CASI UNA CASA DEL INFONAVIT

Pues hoy los “herederos” del General y de su viuda (que no tuvieron hijos), están reclamando la propiedad porque no ha sido destinada para lo que la viuda la donara. La “casita” (de más de cinco mil metros cuadrados), con todo y el “terrenito” (51 mil 336 metros cuadrados), tiene un valor CATASTRAL de 14 millones 180 mil pesos –las casas “ordinarias” con 500 metros cuadrados de terreno, hoy se cotizan ahí entre 9 y 14 millones de pesos-, pero, esta “casita”, además cuenta con 63 obras de arte y 1390 objetos, muebles y accesorios decorativos que en 2005 fueron valuados en 75.5 millones de pesos…

Y ERA LA CASITA DE CAMPO

Así que, si esa fue la casita de campo ¿Imaginemos todo lo demás? Y eso fue cuando México aún no se “desarrollaba” ¡Lo que sucedió y sigue sucediendo años después! Ahí se los dejo de tarea.

¡ESO ES VIDA!

¡Lo que falta saber del “México humilde” en que vivió y vive la dorada burocracia! ¡Agárrense!

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