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La era del aprendizaje sin fin

Por: Dr. Armando Rojano Uscanga
La era del aprendizaje sin fin

Publicado 03 julio 2018 el 03 de Julio de 2018

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Para lograr y mantener un trabajo cualificado

Sin darnos cuenta, el mundo viaja hacia una sociedad del aprendizaje que será de por vida, una nueva era que exige repensar nuestra relación con el trabajo y la existencia. Bill Gates, dedica sus 15 días de vacaciones anuales a leer, y en sus lecturas se ha cruzado con Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de Estados Unidos, que escribió “La inversión en conocimiento paga el mejor interés”.

Las sociedades occidentales construyen la existencia sobre una secuencia que ya no sirve. Formación, trabajo y jubilación. Este patrón va a variar radicalmente porque vivimos bajo un cambio tecnológico inminente y vivimos mucho más tiempo. El aprendizaje durante toda la existencia obliga a cambiar nuestra actitud hacia la edad (las personas mayores pueden aprender), pero también requiere una mayor mezcla intergeneracional en las aulas y en el puesto de trabajo. Hoy se puede volver a los pupitres a los 20, 40 o 60 años. Y resultará interesante ver quién da esa formación de por vida.

Ese retorno resulta irrenunciable. El hito de la jubilación a los 65 años se inventó en el siglo XIX, cuando la esperanza de vida apenas era de 40 años. Estas generaciones mayores no se sienten, pese a la desigualdad que traen los jóvenes y su arraigo tecnológico, tan desprotegidas como pudiera parecer. Fueron ellos quienes adoptaron las computadoras en sus puestos de trabajo, los que comenzaron a compartir ficheros y quienes sincronizaron sus agendas con Outlook. Por eso la brecha digital no es tanta como parece.

Gran parte del cambio que lleva a la enseñanza constante viaja enrolado en la tecnología: móviles, realidad virtual, ‘big data’… Pese a todo, se percibe la distancia entre la longevidad y lo tecnológico. El 18% de las personas analfabetas en el mundo tiene más de 65 años y uno de cada seis países gasta menos del 0,3% de su riqueza en educación adulta. Si, además de las palabras, se quedan apartados de la tecnología, bien podría ser un detonante social del descontento. Pues el verbo aprender tiene nuevas acepciones. El analfabetismo en el siglo XXI no significa no saber leer ni escribir, sino ser incapaz de aprender, desaprender y reaprender.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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