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“Vericuetos”

Por: Mtro. Luis Fernando Ruz Barros
"Vericuetos"

Publicado 08 julio 2018 el 08 de Julio de 2018

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“El futuro no es un regalo: es un logro”

Robert Kennedy

Después de caminar por más de treinta minutos bajo la espesa sombra de los centinelas de hierro y de tropezar de manera intempestiva con empresarios gastronómicos de la acera por fin llegué. Ante mí se erguía con pasiva gallardía setentera un edificio con apariencia de granito, sus colores fríos contrastaban con el bullicio que en sus esquinas, a manera de hormiguero, unos iban, otros venían y algunos otros esperaban. A pesar de que no es ni por asomo de mis primeras veces en esta selva de asfalto, al menos sí lo es en la época de la conciencia y el menesteroso deber productivo, ese que llega cuando se dejan de usar pantalones cortos, como decía J.M Barrie, esa etapa cuando se corren las aventuras más raras sin inmutarse. No deja de sorprenderme que mirar al cielo en esta ciudad, además de ser un desafío es también una revelación, en pocos lugares puede decirse que se aprecian más pájaros de acero que seres plumíferos trinando al compás de una armonía. Los caminos sinuosos normalmente son los que más se evitan, pero los vericuetos que cada reto nos presenta son a su vez los medios por los cuales nos hacemos valientes hidalgos, ya alguna vez mi Abuelo, quien desde hace un año se encuentra en el interminable paseo por las nubes, me dijo, “hay dos tipos de personas: las que trabajan y las que buscan el mérito, me insistió siempre que permaneciera en el primer grupo: hay menos competencia ahí”. Pasado el meridiano en esta y en todas las ciudades hace hambre, pero comer sin ser turista en este sitio es una odisea. Las fondas, los pequeños locales, los humos esquineros y hasta los tacos de a pie son espacios que no dan tregua al despiste ni al retraso, aquí no sólo se compite por trabajo, también por comer, pero una vez que lo logras llega la sensación del deber cumplido de una preocupación menos. No hablemos de la ubicuidad, aquí eso es un don y para los extraños, es a la vez un músculo invisible que resulta indispensable ejercitar, pues en moverse también está el resultado. Al final del día, cualquier sacrificio es el método a seguir, para cuando tu fortaleza te alienta a poco más de quinientos kilómetros de distancia repitiendo con eco resonante “el éxito es una suma de pequeños esfuerzos repetidos día tras día”.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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