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Para Ti…

Por: Martha Elsa Durazzo/El Dictamen
Rosalía Alvarado de Nanni, Dante Del Castillo y Martha E. Durazzo.

Publicado 03 junio 2018 el 03 de Junio de 2018

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Por: Martha Elsa Durazzo

Esta semana gracias al espacio que nos brinda EL DICTAMEN, Decano de la Prensa Nacional, puedo presentarte, algo, de uno de los más destacados dramaturgos mexicanos, quien hace unos meses partiera… Irrecuperable el brillante autor, el espléndido ser humano… para mí: mi mejor consejero, el más trascendente de mis maestros en Literatura, mi inigualable y leal amigo. Te extraño, Dante… Algún día Dios nos reunirá. Hasta entonces.

Dante Del Castillo. Orizaba, Ver. Dramaturgo. Asesor de Escritores Veracruzanos, A.C. Ingeniero metalúrgico, I.P.N. En el mismo Instituto asistió a los Talleres de: Composición dramática, con Emilio Carballido. Poesía, con Alejando Aura. Cuento, con Juan José Arreola. También estudió la carrera de Director escénico en la ENAT del INBA. Análisis de texto con la Mtra. Luisa Josefina Hernández, en la UNAM e hizo una especialidad en Dirección escénica con el Mtro. William I. Oliver en la UCLA de E.U.A. Obtuvo beca del Centro Mexicano de Escritores 1971-1972, donde contó con la asesoría dea Juan Rulfo, Salvador Elizondo y Francisico Monterde. En dos ocasiones ha recibido la beca del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes del edo. de Veracruz. Ha participado en diversos concursos y obtenido varios Premios y Menciones honoríficas. Es autor de más de cuarenta obras, la mayoría de ellas publicadas y estrenadas en México y en el extranjero, entre ellas: El desempleo, Riesgo vidrio, Las muñecas, Vamos a salvar el bosque, Mulata con magia y plata, La zorra ventajosa y alevosa, El pollito fanfarrón, La caja misteriosa, Adán, Eva y la otra, Una lección brasileña, El mundo sin ti, entre otros. Recibió la Medalla de Oro de la Casa del Poeta Peruano, Escritores Veracruzanos le realizó Homenaje, así como del Instituto Politécnico Nacional, por sus treinta años de trabajo artístico, en el marco del Festival “Dante Del Castillo”. Q.E.P.D.

EL NAGUAL DE ZOZOCOLCO

Obra en un acto. Basada en una leyenda totonaca.

ISBN 978-607-9038-40-3

PERSONAJES: ANCIANO

                           JOVEN

La acción en las afueras del pueblo de Zozocolco, Ver.

Escenografía: Interior de una casa tradicional totonaca, rectangular con sus dos rincones curvados y paredes de carrizo. Dos puertas, la de entrada y otra que conduce a una habitación interior, un catre, una mesa y dos sillas.

Al abrirse el telón la escena está a oscuras, comienzan a oírse gruñidos y bufidos de varios animales que pelean, alternándose los de un jaguar con los de tres coyotes, la riña es feroz, al final solo se escucha el gruñido del jaguar.

El escenario comienza a iluminarse tenuemente y por la puerta semiabierta  que da al exterior entra un jaguar malherido, quejándose, inmediatamente se mete al otro cuarto.

La escena se ilumina un poco más, por la misma puerta por donde desapareció el jaguar, sale un anciano caminando con grandes esfuerzos, se dirige a la mesa donde deja un pequeño sahumerio con brasas de carbón encendidas y un candelero con vela. Después va a cerrar la puerta que da al exterior y regresa hacia la mesa, enciende la vela, seguidamente, echa incienso y copal sobre el sahumerio.

ANCIANO: (Comienza a orar.) Dioses poderosos, en éste momento les pido permiso para entrar con toda calma y serenidad al espacio sagrado de mi espíritu. (Pausa.)

Ya en éste recinto, les ruego que alimenten la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto de quien será mi sucesor, para que cada instante de su nueva vida sea irrepetible, evolutiva e infinitamente perfectible, tráiganlo a mi presencia para que yo le pueda entregar el conocimiento y la sabiduría que ustedes depositaron en mí.

Estoy dispuesto a instalarlo como guardián, amo y señor de éste lugar sagrado, para que así pueda yo atender al nuevo llamado de ustedes, para cumplir otra misión, en otro espacio que ya me será asignado. Me retiraré de aquí, sereno, sin ningún apego material y contento, lo que me ayudará a transitar el largo camino a esa energía de la cual provengo y a la cual regresaré. Sigue orando, sin que se escuche lo que dice. La luz del escenario va aumentando, hasta quedar totalmente iluminado. Tocan en la puerta.

JOVEN: (Desde afuera) ¿Hay alguien en la casa? (Toca más fuerte) ¿Hay alguien?

ANCIANO: (Dificultosamente va a abrir) Adelante, entra. (El joven obedece) Te estaba esperando.

JOVEN: ¿A mí?

ANCIANO: ¿Y a quién más si no? Entonces, ¿a qué has venido?

JOVEN: No lo sé, estaba durmiendo y de pronto me desperté sobresaltado, sintiendo una gran angustia en el pecho, como presintiendo algo extraño, tal vez tenía un mal sueño, pero no lo recuerdo, únicamente sentí cuando desperté que alguien me llamaba, me levanté y me dejé llevar por un impulso de ir hacia alguna parte, salí de mi choza y comencé a caminar en ésta dirección hasta que me detuve frente a ésta casa porque sentí que había llegado hasta el  lugar de donde provenía el llamado y simplemente toqué, es así como me encuentro aquí.

ANCIANO: ¿Antes habías sentido ese impulso?

JOVEN: No de la misma manera, pero algunas veces por las noches, me he sentido incómodo, porque me empiezan a doler todos mis músculos y comienzo a sentirme extraño, como si yo fuera otro y únicamente me tranquilizo cuando corro y salto por la selva de la loma.

ANCIANO: ¿Y no te da miedo enfrentarte a los peligros del monte, a correr el riesgo de caer en un barranco, o de que una fiera salvaje te ataque?

JOVEN: En esos momentos no mido ningún peligro, tal vez porque el otro ser toma el mando de mi persona.

ANCIANO: ¿Y aparte de ese ser, nunca sentiste alguna otra presencia?

JOVEN: Sí, alguien me acompaña, no sé quién es, pero siempre me sigue, nunca lo he visto de frente, pero en medio de lo negro de la noche he observado su par de ojos refulgentes, siempre cuidándome.

ANCIANO: ¿Y esos ojos podrían ser los de un animal?

JOVEN: O de una persona, no sabría decirle.

ANCIANO: ¿Y por casualidad, no te pasa todo esto en las noches de luna llena?

JOVEN: (Sorprendido) Sí, ¿cómo lo sabe?

ANCIANO: Porque habemos gente a los que nos afecta que la luna brille plenamente. Lo bueno que ya estás aquí, respondiste muy rápido a mi llamado.

JOVEN: ¿Para qué me mandó llamar?

ANCIANO: Para hablar contigo.

JOVEN: No tenemos nada de qué hablar, a usted jamás lo había visto antes, no me conoce.

ANCIANO: He estado cerca de ti muchas veces.

JOVEN: ¿Usted? No lo puedo creer. Su cara para nada se me hace conocida.

ANCIANO: ¿Y mis ojos?

JOVEN: Tampoco.

ANCIANO: Tal vez porque por primera vez los ves a la luz del día. ¿Quién crees que te cuida por las noches en el bosque?

JOVEN: Eso lo mencioné hace un rato. Antes, usted nada sabía sobre lo que a mí me ANCIANO: Pero lo que no me contaste y yo sí sé, es que cada noche de luna llena tu mamá sufría tanto por lo que te ocurría, que te encerraba amarrado en un cuarto, de donde con una fuerza inexplicable te desatabas y escapabas, para vagar por el cerro.

JOVEN: (Más sorprendido) Nadie sabía ese secreto más que mi mamá y yo, ¿quién pudo enterarse?¿Quién se lo contó?

ANCIANO: Nadie me contó nada, yo siempre esperaba afuera de tu casa a que te liberaras y salieras para acompañarte en tus correrías por el monte.

JOVEN: (Muy molesto) ¿Por qué me cuidaba? (El anciano no responde, el joven se molesta más) ¿Qué interés tenía para hacer eso? (El anciano sigue guardando silencio) ¿Qué sabe de mí? (El joven en el colmo de la exasperación) ¿Quién es usted?

ANCIANO: (Se dirige con dificultad a una de las sillas) Te lo diré todo, pero tranquilízate. (Pausa) Poca gente sabe que existo, casi nunca me dejo ver por el pueblo.

JOVEN: ¿Qué le pasa? ¿Por qué camina rengueando? ¿Se cayó? ¿Le duele mucho la pierna? (Alarmándose) ¡Señor, su camisa está muy manchada de sangre! ¿Qué le sucedió? Ha de estar muy lastimado, para estar sangrando.

ANCIANO: Ya no tengo hemorragia, la sangre que ves en  mi camisa está seca o a punto de hacerlo.

JOVEN: ¿Hay otra persona en la casa que pueda atenderlo?

ANCIANO: Ninguna.

JOVEN: Entonces, ¡qué bueno que vine! Iré por el curandero.

ANCIANO: No pierdas el tiempo. (Se sienta) Ya te dije que me urge hablar contigo.

JOVEN: (Intenta irse) Después me dirá lo que quiera, primero tengo que ir por alguien que lo cure.

ANCIANO: (Gritando) Detente, no te vayas, nada se puede hacer ya, mi hora final está por llegar. (Determinante) Cierra la puerta y acércate.

El joven duda un poco en hacer lo que el anciano le manda, pero finalmente obedece.

ANCIANO: Coge otra silla y siéntate cerca, para que puedas escucharme.

JOVEN: (Nuevamente obedece.) ¿Qué fue lo que le pasó? ¿Lo asaltaron?

ANCIANO: Antes de contestarte debes darme tu palabra de que no le dirás a nadie, nada de lo que hablemos.

JOVEN: Le juro que todo quedará entre usted y yo.

ANCIANO: Anoche quisieron atacar el pueblo los tres naguales de Caxhuacán.

JOVEN: ¿Acaso alguno de ellos fue quien lo lastimó?

ANCIANO: Los tres me causaron las heridas.

JOVEN: ¿Y nadie se dio cuenta de los que viven cerca, ninguno vino a ayudarlo en contra de ellos?

ANCIANO: A esas horas de la madrugada casi todo el mundo duerme y el que llega a oír algo, de puro miedo, no sale.

JOVEN: ¿Y usted por qué salió? No debió hacerlo.

ANCIANO: Era mi deber. Tenía que defender al pueblo.

JOVEN: ¿Defenderlo usted, enfrentarse con tres naguales? Ni que fuera otro igual a ellos.

ANCIANO: Ese es mi secreto y es el que te estoy confiando. Soy un tapalaqni, jaguar, el nagual de Zozocolco, el único de los cuatro guardianes que queda, por eso creyeron los de Caxhuacán que viniendo tres coyotes juntos iban a poder hacer sus fechorías, robarse gallinas y cochinos, sin que nadie se los impidiera, pero yo solo pude con los tres y Caxhuacán se quedó sin naguales. A estas horas ya han de estar velando los cadáveres de esos tres hombres que no supieron respetar nuestra propiedad.

JOVEN: (Sin dar crédito a lo que está escuchando, se levanta de la silla) Señor, no diga esas cosas. No bromee así, de esa manera.

ANCIANO: No es broma, muchacho. ¿Tú crees que iba yo a bromear en estos momentos, cuando la vida se me está escapando?

JOVEN: (Hace el intento de irse) Por más esfuerzos que hago, no puedo creer nada de lo que me está diciendo.

ANCIANO: Cálmate, no te vayas. Debes creerlo, es cierto. Y no te me quedes mirando así, ni tengas miedo, yo sería incapaz de hacerte daño. Siéntate que debo decirte algo más importante y es por lo que te he llamado.

JOVEN: (Un poco curioso, se sienta.) ¿Qué más tienes que decirme, después de las barbaridades que he oído?

ANCIANO: Tú, también eres nagual y vas a ser mi sucesor.

JOVEN: (Con gran sorpresa y miedo) ¿Yo? ¿Cómo se atreve a decirme eso?

ANCIANO: Porque desde que naciste lo sé, porque he vigilado tu desarrollo y sé que estás a punto de permitir que ése otro ser que convive contigo en tu cuerpo, salga y se manifieste, por eso estás aquí. ¿Por qué crees que te dejé entrar en mi casa sin antes preguntarte quién eras?

JOVEN: Cualquier otro pudo venir.

ANCIANO: Pero no fue así, solamente pudo responder a ese llamado, quien desde muy joven dio muestra de  pertenecer a nuestra raza privilegiada.

JOVEN: ¿Y cuál sería esa muestra?

ANCIANO: Que cuando eras niño, por un tiempo, tu cuerpo estuvo cubierto de manchas, tenías vello, como las manchas del pelaje de un jaguar.

JOVEN: Sí, tuve esas manchas, pero desaparecieron pronto y solamente mi madre se dio cuenta de que las tenía y no dejaba, evitaba a toda costa que nadie más se enterara.

ANCIANO: Porque sabía que cuando crecieras te convertirías en un tapalaqni; que tendrías la facilidad y privilegio de cambiar de forma.

JOVEN: Mi madre murió el mes pasado. ¿La conocía?

ANCIANO: Solamente una vez la vi de lejos, cuando una madrugada te acompañé de regreso a tu casa. En esa ocasión no pude reconocer si ya la había visto antes. ¿Tienes más familiares, padre, hermanos?

JOVEN: Nunca tuve hermanos y jamás conocí a mi padre, mi mamá nunca quiso hablarme acerca de él.

ANCIANO: Yo tampoco conocí a mi padre, solo sé que fue un nagual, quien violó a mi madre, cuando ella siendo muy joven, una madrugada fue a bañarse a un arroyo cerca del lugar donde vivía.

JOVEN: (Bastante molesto) ¿Por qué me cuenta usted eso, por qué me habla de esas cosas? (Pausa) ¿No estará pensando que a mi mamá también…?

ANCIANO: No estoy pensando nada, solo te conté el porqué heredé el  poder de convertirme en otro ser. Y no seas tan severo en tus juicios. Los naguales siempre tenemos que buscar la manera de cómo preservar nuestra especie. No me mires con reproche. (Pausa) La verdad, no puedo asegurarte que eres mi hijo, aunque sí podrías serlo, pero recuerda que éramos cuatro los naguales que cuidábamos a Zozocolco. Mi obligación solo ha sido protegerte como un miembro de mi misma especie.

JOVEN: Ya cállese, no me diga esas cosas tan espantosas y tan increíbles, tampoco quiero escuchar nada que manche la memoria de mi madre.

ANCIANO: Está bien, ya no hablemos de eso. (Se hace un silencio pesado) ¿Así que vives solo?

JOVEN: Sí, en la chocita que está al oriente y que está a las afueras del pueblo. Vivo de mi trabajo en el campo y tengo pocos conocidos.

ANCIANO: ¡Qué bueno! Así podrás cambiar de forma aquí o allá, sin peligro de que algún curioso te espíe.

JOVEN: No me gustaría cambiar de forma, estoy contento de ser como soy.

ANCIANO: No es que te guste o no. Eres un tapalaqni, un nagual, quieras o no.

JOVEN: Me da miedo solo de pensar que yo pueda convertirme en una bestia, en un animal.

ANCIANO: Que serás tú mismo, no tienes por qué sentirte incómodo, es natural que en éste momento, no lo aceptes, pero poco a poco tendrás que irte acostumbrando a vivir esa doble vida.

JOVEN: ¿Qué puedo hacer para evitarlo?

ANCIANO: Nada, lo mejor es aceptarte como de hoy en adelante vas a hacer, con dos formas: una humana y otra animal y dejar que cuando cada ser alternativamente se presente, se manifieste tal cual es, tranquilamente y sin ningún sentimiento de culpa o de rechazo.

JOVEN: Para mí va a ser muy difícil aceptar quede  hoy en adelante seré un nagual.

ANCIANO: No vas a ser nada que antes no hayas sido, eres nagual desde siempre, desde que naciste y yo te voy a ayudar a comprender y  aceptar ese nuevo conocimiento, acércate.

(El joven se acerca lentamente, cuando llega junto al viejo este pone sus dos manos sobre la cabeza del muchacho) Con esta imposición de manos, te transmito toda mi fuerza y mis conocimientos para que en tu alma, la llamada li-katsin que mora dentro de tu cabeza adquieras la sabiduría de nuestra raza y se fortalezcan en ti los principios del conocimiento, la inteligencia y del espíritu. Con estosprincipios ya fortalecidos borrarás toda sombra que exista en ésta alma y que te cause miedo y opresión para desarrollarte en la misión que nuestros dioses te han confiado. Serás el nuevo guardián de Zozocolco al que vigilarás en todo a la redonda y lo defenderás con valentía de cualquier intruso que quiera perjudicar a tu pueblo, no atacarás a menos que sea atacado y respetarás territorios ajenos, como harás que los demás respeten el tuyo. (Pausa) ¿Cómo te sientes?

JOVEN: Mejor, siento que mis temores comienzan a disiparse poco a poco.

ANCIANO: (Deja de tocar con sus manos la cabeza del muchacho y ahora las pone sobre los hombros del mismo) Muy bien, ahora vamos a fortalecer tu otra alma, tu li-stákna, que es la que hace vivir y crecer éste tu cuerpo, donde moran dos entidades, esta alma es el principio vital y se sitúa en todos los puntos donde se escucha o se siente el latir del corazón.

JOVEN: Siento un calor y un cosquilleo que corre por todo mi cuerpo y se concentra en mi cabeza.

ANCIANO: Son las fuerzas del universo que están levantando tus dos almas de las sombras, para que nunca, jamás vuelvas a sentir miedo de nada. (Aparta sus manos de los hombros del joven) Ya estás listo, para cumplir con tu misión.

JOVEN: ¿Y usted?

ANCIANO: (Sintiéndose débil) Tú estás aquí porque oíste el llamado de una nueva vida, yo pronto abandonaré éste mundo, porque escuché ya el llamado de la muerte, siento que mi momento final cada vez está más cerca.

JOVEN: Venga, recuéstese un poco, creo que el esfuerzo que hizo al tocar mi cabeza y mis hombros lo debilitó bastante.

ANCIANO: No, no es momento de descansar, tengo que enseñarte el proceso para transformarte y cómo después volver nuevamente a tu otra apariencia. Ayúdame a llegar a la otra habitación.

El muchacho ayuda al viejo a trasladarse y los dos desaparecen por la puerta de la habitación interior. La luz del escenario comienza a cambiar, para indicar que transcurre cierto tiempo. Es ya un atardecer muy avanzado cuando ambos regresan por la misma puerta. El joven lleva al anciano hasta el catre, donde éste se recuesta casi sentado.

ANCIANO: Si tienes alguna duda, puedes preguntarme.

JOVEN: Por el momento no, pero si llegara a surgirme alguna, se la diré. ¿Cómo se siente? Lo veo muy pálido.

ANCIANO: Estoy muy mal por toda la sangre que perdí.

JOVEN: Si en la mañana me hubiera dejado ir por el curandero, tal vez él hubiera podido hacer algo por usted.

ANCIANO: Nadie se salva de la raya que marca la hora de tu muerte y yo estoy a punto de llegar a esa meta.

JOVEN: En cambio, yo siento en mi garganta, en mis sienes, en las palmas de mis manos, en mis tobillos y en la parte más alta de mi cráneo, cómo una fuerza tremenda está invadiendo todas las partes de mi cuerpo.

ANCIANO: Es el influjo de la luna llena que ya está por salir, cuando brille en todo su esplendor, será el momento en que le permitas a tu otro ser manifestarse.

JOVEN: Así lo haré.

ANCIANO: Mañana, cuando me entierres no se te olvide dejar el pastekali, el itacate de los difuntos, cerca de mi tumba, cuelga la canastilla en el árbol más próximo, para que mi espíritu pueda verla y llevársela también en espíritu y así parta con suficiente provisión para recorrer el largo camino que conduce al reino bajo la tierra de nuestro señor Montizón.

Comienzan a oírse lejanamente rítmicos tambores. El joven va hacia la puerta que da al exterior y la abre permitiendo que entren los primeros rayos lunares.

JOVEN: (Embelesado contempla el cielo)

Plena brilla la luna.

radiante, con esplendor

Mientras suben las mareas

en los mares, de rigor

Y mi cuerpo se estremece

al sentir ese vigor

de una fuerza incontenible

que despierta en mi interior.

El joven comienza a sentir inquietud y empieza a danzar a ritmo de los tambores, imitando los movimientos de un jaguar, se pasea por toda la habitación.

ANCIANO: (Muy molesto) Ya deja de imitar al animal y se tú mismo el jaguar.

El joven desaparece por la puerta interior. Seguidamente se escuchan tres rugidos de jaguar.

ANCIANO: (A media voz) Creo que por fin el momento ha llegado, ya casi no percibo el latido de mi corazón en la garganta y esas son las últimas partes del organismo que dejan de sentirse antes de que se mueran nuestras dos almas. Adiós.

Cierra sus ojos como si durmiera apaciblemente, al momento que se escuchan más rugidos y por la puerta donde entró el joven aparece un jaguar que recorre la estancia, después sale por la puerta que da al exterior. La música de los tambores sube de intensidad, mientras el telón se va cerrando rápido.

FIN

 

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