Zumby Pixel

Leviatán

Por: César Tovar
Foto: Agencias

Publicado 04 junio 2018 el 04 de Junio de 2018

por

Tres para elegir

En un proceso electoral donde la prioridad de propios y extraños es la de empujar o frenar aspiraciones presidenciales según sus intereses, queda de lado la relevancia de qué candidato se impondrá en los procesos hacia las diferentes gubernaturas.

En gran medida, esto se debe a la vorágine mediática y la corta visión del círculo rojo, tan tendientes a fijar la vista en lo mayúsculo y perderse de los pequeños detalles que, cosa curiosa, determinan los devenires de la nación y del ejercicio político.

Y Veracruz bien lo sabe tras el sexenio de Javier Duarte, a quien un federalismo mal entendido dejó sin vigilancia y con manga ancha para imponer un imperio particular a costillas de los veracruzanos, que pagarán los excesos de un gobernador que navegó libre durante años.

Para una República responsable, la elección de quienes comanden los hilos de los estados debe ser tan importante como la de quién se cruzará la banda presidencial; si con el régimen priísta de antes del 2000 los gobernadores no eran más que peones del presidente en turno, la alternancia les volvió virreyes ególatras que extraviaron la decencia en su camino hacia el libertinaje político.

Veracruz elegirá gobernador para los próximos seis años. Y lo hará en una coyuntura compleja, en gran medida por su proclividad a mantener varios de los peores vicios de la democracia mexicana, siempre ávida de consumirse a sí misma.

Además de arrastrar los efectos críticos de la era Duarte, el estado debe elegir resistiendo. Obligada a seleccionar a alguno, debe hacerlo a sabiendas de que los tres principales candidatos representan varios de los grandes males de la política nacional: ambición absoluta, negación de la realidad y adoctrinamiento.

Por un lado, Miguel Ángel Yunes Márquez (más allá de sus dones o falencias), no deja de ser hijo de su padre, que mediante un sofisticado estratagema político, le consiguió la candidatura del Frente. La herencia del poder por el poder, una marca indeleble de la historia azteca.

Por el otro, José Yunes Zorrilla representa a un partido (PRI) cuyo margen de maniobra y credibilidad se terminó de diluir hace tiempo, pero que como buen representante del arte del presidencialismo, persiste en mantener el poder, aunque eso signifique hacer cargar a un individuo, como lo es Yunes Zorrilla, una losa que doblaría las piernas al espíritu más noble. La hoguera antes de asumir responsabilidades.

Y por último, está Cuitláhuac García. El ungido de Morena, que más que un candidato parece un representante de Andrés Manuel López Obrador, un delegado electoral sin voz ni voto en la toma de decisiones, como les ocurre a todos los abanderados de dicho partido. Se trata de cómo García acepta y reconoce el poder de la figura del tabasqueño como quien designa, vía su dedo flamígero, lo que es y lo que no, lo que puede y no puede, lo visible y lo invisible.

  El panorama no es sencillo para Veracruz. La decisión, menos.

@cmtovar / [email protected]

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

- US -