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Huele a Mar

Por: Irene Ortega Valdivia
Huele a Mar

Publicado 08 junio 2018 el 08 de Junio de 2018

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No podía pasar inadvertido a mi sentir y el recordar en este Día 1o. de Junio la frase de Alfred Víctor de Vigny “…el Honor es la Poesía del Deber…” que ha recorrido buen tramo en cada ceremonia anual de la Marina Nacional. Celebración iniciada en 1492, cuando el Presidente Manuel Avila Camacho estableció la fecha en honor a los mexicanos que trabajan en constante contacto con el mar, teniendo presente siempre la notable diferencia entre la subordinación y la humillación, instándolos a no cometer abusos de autoridad en ningún aspecto de sus vidas, como tampoco permitir que nadie les perjudique.

Así también, como el haber sido fiel y constante colaboradora del Boletín Naval desde su primera publicación, el haber participado en sus concursos literarios de prosa y semanas multidisciplinarias en la H. Escuela Naval Militar, así como Jurado en algunos certámenes de oratoria, me han animado a reseñar de quién tuvo el mérito indiscutible de ser el primer novelista que introdujo la novedad del Mar en la Novela Mexicana, en la misma forma que López Velarde introdujo la Patria en nuestra Poesía.

Sí, me refiero al Contralmirante, Escritor y Orador Gustavo Rueda Medina, quién aparte de su vocación tan arraigada y firma, tenía lo que la profesión de marino requiere para sus seguidores: temple de acero.

Pero no, no voy a verter aquí su existencia tan rica como versátil, porque la reseña biográfica correcta no se me da; pero si asentar que dirigió los destinos de su casa de estudios de Antón Lizardo; y siéndolo tuvo el honor de recibir del Ateneo Veracruzano su nombramiento como miembro de número. Chispeante y humorista aminorado por ese espíritu fino, respetuoso y romántico de que era dueño, dejó para la posteridad aquellas palabras: “…valor civil y alfabeto; son las vitaminas que arrancaría al país del sillón con ruedas de inválido…”

Y aunque no estoy acostumbrada a pretextar acciones y funciones en propio beneficio, hoy, que la Expresión festeja su merecida libertad en el decir, me hago eco de ello para expresar el fuerte olor a mar que desde hace días nos invade, lleno de recuerdos que viven al parejo y por siempre en nuestra existencia.

Huele a Mar; con frecuencia repetía ésta frase en voz alta para que mi padre la escuchara y terminara llevándome a pescar. Y es que si algo me llenaba de alegría era eso; y no importaba si no pescaba; me gustaba ver los barcos y escuchar el oleaje golpear sus cascos y en ese admirar mi imaginación volaba.

La fantasía infantil es tan bella (sólo tenía 9 años) que nos proporciona dos cosas importantes: asombrarnos y reírnos sanamente de nuestros propios alcances.

Cuántas veces no me ubiqué junto a un bronceado marino y otras, sentada junto a él en la popa de un barco enseñándome cómo colocar la carnada y tirar el anzuelo. Cuando salía de mi abstracción, reía de buena gana, suspiraba y me repetía adoro todo lo que huele a mar; me casaré con un marino. No fue posible, pero eso no obstó para seguir amando intensamente el mar y seguir fuertemente influenciada por su embrujo y sus secretos.

Aunque este intenso amor se torna en coraje, cuando presencio el paso humano dejando su huella fatal y destructiva en las playas. Sin duda, una verdad certera la que dijera en cierta ocasión el Cadete Gardoqui; “proteger los mares es proteger a México”.

La seguridad para evitar estos genocidios deriva de que no se puede defender lo que no se ama; y no se puede amar lo que no se conoce. Consideración que descansa en el sueño de un mundo más digno, justo y respetuoso con los derechos humanos. El que ama la disciplina ama el conocimiento, pero el que la aborrece es un estúpido.

Vayan pues mis sinceras felicitaciones a todas esas finas, avezadas y valerosas plumas en su Día, y a todos los que han y siguen honrando con su lealtad y dedicación a la Secretaría de Marina Armada de México y consecuentemente a nuestros país.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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