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Carta “cerrada” a los mexicanos que quieren gobernar

Por: Pbro. José Juan Sánchez Jácome
El tercer debate presidencial se realizará en el Gran Museo del Mundo Maya en Mérida, Yucatán.

Publicado 04 junio 2018 el 04 de Junio de 2018

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Me sumo a todas las personas, grupos, movimientos, asociaciones e instituciones que durante estos meses plantean una serie de preguntas a los candidatos y a los partidos que los impulsan.

Se les harán muchas preguntas, se les cuestionará prácticamente de todo, se buscará por todos los medios que se refieran a las inquietudes e interrogantes que genera la complicadísima situación del país, como de hecho está ocurriendo en giras proselitistas y especialmente en los debates. Y como en muchas ocasiones mostrarán especial apertura para responder, se referirán con cuidado y suma precisión a las preguntas que se planteen y estarán preparados, sensibles y dispuestos para abordar todos los cuestionamientos.

Difícilmente esquivarán alguna pregunta, por mucha incomodidad que cause, porque se trata de dejar buena imagen, de mostrar carácter y de proyectar inteligencia y sensibilidad.

Es la dinámica de siempre, la realidad que hemos vivido y padecido. Porque aunque las respuestas sean interesantes, precisas, bien aseadas, técnicas, novedosas e inteligentes, la principal respuesta que es la búsqueda de soluciones, la eficacia en el servicio y la honestidad en la gestión se sigue postergando, al grado de generar injusticias, pobreza, corrupción y crisis social.

Con todo, a pesar de todo, quiero plantear algunas preguntas a los mexicanos que quieren gobernar. Sé que siempre ha sido así y que las preguntas se han respondido oportunamente en tiempos de escrutinio, aunque la principal respuesta no se percibió en los hechos concretos de gobierno.

No quiero en esta ocasión respuestas, no por lo menos como un mecanismo de exhibición de la inteligencia y de los buenos sentimientos que lamentablemente a largo plazo se descubren no tan buenos.

Quiero sobre todo que sientan la fuerza de las preguntas, la sinceridad de las preguntas, el dolor de las preguntas, la rabia de las preguntas, la indignación de las preguntas, la buena fe de las preguntas, la urgencia de las preguntas.

Hay preguntas que no se responden fácilmente porque necesitan reposar, necesitan tiempo para generar sentimientos y no solo claridad mental. Hay preguntas que siempre se han respondido con claridad mental y precisión objetiva pero que no han logrado impactar la conciencia y generar la convicción en torno al compromiso, la honestidad, el cumplimiento a la palabra dada y el servicio a los demás.

No se trata de romper records, ni comprobar agilidad mental al responder velozmente a las preguntas. Muchas preguntas se plantean y llegan a nuestra alma para generar dolor, incomodidad, tristeza, impotencia y nostalgia. Hablando de otras cosas decía el papa Francisco que hay preguntas que no tienen respuestas, mejor dicho que la única respuesta posible es el silencio y las lágrimas. Se refería especialmente al sufrimiento de los niños.

Y aquí también es sagrado el sufrimiento de nuestra gente, de los pobres y desprotegidos de esta sociedad. Es sagrado su reclamo, así como su esperanza en lograr una vida digna para todos.

Quisiera como respuesta al principio un tiempo de silencio que permita sentir el dolor, la rabia, el sufrimiento, la impotencia y la indignación de las preguntas. Puestas así las cosas quisiera preguntarles:

¿Qué significa para ustedes el dolor provocado por el secuestro, desaparición y asesinato de tantos hermanos nuestros?
¿Qué piensan acerca de la situación de tantas familias buenas, honestas y trabajadoras que perdieron todo, hasta la paz interior, ante esta ola imparable de inseguridad?
¿Qué piensan de las familias que están empezando de cero después de perderlo todo y que a pesar de todo siguen pagando impuestos?
¿Qué les provoca la situación de los jóvenes que no tienen los recursos necesarios para seguir estudiando? Pienso en los miles de jóvenes que con ilusión han presentado el examen de admisión a la Universidad.
¿Qué experimentan al ver a tantas familias expuestas a la confrontación y desintegración por la crisis económica y moral?
¿Qué sienten ante los vicios y las drogas que están llegando cada vez más a una edad temprana a nuestros jóvenes?
¿Qué les dice el problema de la migración?
¿Qué sienten de nuestros pueblos y comunidades que cada vez más se van rezagando por la crisis económica, perdiendo al mismo tiempo su idiosincrasia y patrimonio espiritual?

El sufrimiento es sagrado no porque venga de Dios sino porque cuando llega, como ahora por tantas injusticias que se han cometido, no podemos mantenernos indolentes y preocupados únicamente de lo propio dejando en la deriva al hermano caído. No se puede armar un país con corazones rotos por tanto dolor. Es hora de responder no con palabras sino desde lo más profundo del corazón donde todavía permanece una chispa encendida de humanidad.

Decía don Luigi Giussani que: “El dolor es la sabiduría del corazón porque hace preguntas a cada instante”. Pedimos para ustedes la sabiduría del corazón, que no sólo el dolor, para que estén en condiciones de responder dignamente a nuestro pueblo.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

 

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