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El fracking, un impacto latente al ambiente

La fracturación hidraúlica representa un peligro para el subsuelo, el agua y contribuye al calentamiento global.
Imagen: Redes Sociales

Publicado 17 junio 2018 el 17 de Junio de 2018

por

Giselle Avila

Veracruz es uno de los Estados de la República Mexicana con mayor potencial para la producción de gas de esquisto o gas shale. Este gas es también conocido como gas de pizarra o lutita, se trata del gas natural que se encuentra atrapado en sedimentos de roca abundantes en esquisto y otros materiales orgánicos, a profundidades de mil a cinco mil metros. Puede existir en la misma placa con petróleo y otros hidrocarburos.

Para extraer este gas, se utiliza agua para la extracción no convencional de gas y petróleo, esto mediante la técnica de fractura hidráulica o fracking. Se perfora un pozo vertical, el cual una vez alcanzada la profundidad deseada, viene acompañado de una perforación horizontal que puede extenderse entre 1 y 1.5 kilómetros. Esta perforación  se repite en diferentes direcciones, partiendo del mismo pozo de perforación vertical inicial. Una vez hechas las perforaciones, y debido a la baja permeabilidad de la roca de esquisto,  es necesario fracturar la roca con la inyección de una mezcla de miles de litros de agua, arena y más de 200 sustancias químicas a elevada presión, para permitir el flujo y salida del gas. Pero este el flujo disminuye muy pronto, por lo cual, para mantener la producción, es necesario realizar continuamente el procedimiento de fractura hidráulica en un mismo pozo.

De acuerdo con un artículo titulado “Estudio sobre la protección de ríos, lagos y acuíferos desde la perspectiva de los derechos humanos 2018” publicado por la  Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en conjunto con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el fracking representa una amenaza de contaminación importante de acuíferos de los cuales dependen miles de personas, de esto que la CNDH, consideró que la explotación de hidrocarburos tiene un impacto en el derecho humano al agua y saneamiento.

Además, los riesgos de esta técnica de extracción de gas o petróleo no convencional incluyen impactos adversos en agua, biodiversidad, en el paisaje, aire, agricultura, salud y seguridad pública, valor de las propiedades, estabilidad climática y fortaleza económica.

Los estudios realizados por la industria, así como los análisis independientes, indican que, con los materiales y la tecnología, que están disponibles en este momento, no pueden evitarse los problemas de ingeniería inherentes a este método, que incluyen sismicidad, fugas importantes de metano y deterioro del revestimiento y la cementación de los pozos, así como los riesgos para la salud pública.

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La Alianza Mexicana Contra el Fracking difundió que desde el 2003 se originaron casos de estos pozos con técnica de fracking,  sin información, consulta o consentimiento de comunidades afectadas y no existe información sobre los estudios de impacto ambiental de estos proyectos, ni reglamentación específica que vigile esta práctica altamente contaminante y dañina para la salud. Así mismo, la Alianza Mexicana Contra el Fracking mencionó que en Veracruz, operan 2 mil 288 pozos que utilizan esta técnica para la extracción de gas y petróleo, es decir, el 60.5% del total de los pozos que hay en el país, por ende Veracruz está contribuyendo al fuerte impacto de las consecuencias de esta actividad.

La Asamblea Veracruzana de Iniciativas y Defensa Ambiental (LAVIDA) enumera en su página oficial los principales impactos socioambientales del fracking:

  1. Disminución de disponibilidad del agua para los seres humanos y ecosistemas: Se  requieren de 9 a 29 millones de litros para la fractura de un solo pozo. La explotación de  los 20,000 pozos anuales que se está planteando desde diversos sectores, supondría  un volumen de agua equivalente al necesario para cubrir el consumo doméstico de entre 4.9 y 15.9 millones de personas en un año. Ello supondría la disminución de la cantidad de agua disponible para otros usos, lo que pondría en peligro la realización del derecho humano a este recurso.
  2. Contaminación de las fuentes de agua: En Estados Unidos existen más de 1,000  casos documentados de contaminación de fuentes de agua cerca de pozos de gas de esquisto. En total, se han identificado más de 2,500 productos y 750 tipos diferentes de químicos en el fluido de perforación. Los expertos señalan que más del 25% de estas sustancias pueden causar cáncer y mutaciones, el 37% afectar al sistema endocrino, el  50% dañar el sistema nervioso y el 40% provocar alergias.
  3. Emisiones de gases contaminantes: La extracción, procesamiento, transporte,  almacenamiento y distribución del gas de esquisto supone la emisión de sustancias contaminantes a la atmósfera. El noventa por ciento de estas emisiones se encuentra  compuesto por metano (CH4). Además se producen emisiones de dióxido de azufre, óxido de Nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles, provocadas  por el uso de camiones y equipos de perforación.
  4. Contribuye al calentamiento global: La explotación del gas de esquisto contribuye a la aceleración del cambio  climático debido a las emisiones de gas metano que se producen por ineficiencias en la extracción, procesamiento, almacenamiento, traslado y distribución.

Actualmente diversas asociaciones ambientalistas en México se han movilizado para difundir la iniciativa en contra de la fracturación hidráulica, invitando a la ciudadanía a que se informen de esta situación y apuesten en contra de esta técnica que puede generar sinnúmero de efectos negativos en múltiples áreas del medio ambiente.  LAVIDA y La Alianza Mexicana Contra el Fracking han exigido a todas las instancias responsables, desde principios de este año, que no continúen con sus planes de entrega de territorio mexicano para la explotación de gas y petróleo no convencionales por fracking y que lleven a cabo las acciones necesarias para transitar hacia un modelo energético sostenible, respetuoso con el ambiente y que garantice los derechos humanos.

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