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“Cachetada” de realidad

La afición como el Tri tienen una sola tarea antes de los octavos de final: ser autocríticos.
Foto tomada de Twitter

Publicado 27 junio 2018 el 27 de Junio de 2018

por

Javier Fernández Romero

Tras la paupérrima actuación del seleccionado Mexicano ante los jugadores vikingos y sin demeritar la gran actuación del combinado Sueco, que ganó tanto en el tema táctico como en el aspecto físico, tanto la afición como el Tri tienen una sola tarea antes de los octavos de final: ser autocríticos.

La afición, para evitar caer en análisis temperamentales similares a los que se tuvieron tras vencer a Germanos y Coreanos, del estilo “México está para campeón” o los más recientes escuchados en televisión: “es asqueroso”, “volvimos a lo mismo”, “es un equipo gris”.

La Selección mostró buen nivel en sus primeros dos partidos y una mentalidad positiva, producto del buen actuar y sobre todo, de la capacidad de Osorio para ganar el partido en estrategia.

Sin embargo, esa misma mentalidad brilló por su ausencia y según mis cálculos (porque no me atrevería a asegurarlo), el haber perdido desde el inicio en el planteamiento táctico, tanto el colombiano como sus pupilos también perdieron la brújula.

Los Suecos le pasaron por encima al tricolor y nuestros compatriotas no supieron responder. Se perdió el partido. Corea nos hizo el milagro y se logró el pase a octavos de final, ya está. Ni ganar los dos primeros partidos te hace el mejor equipo del mundo, así como perder ante Suecia por 0-3 tampoco te convierte en el peor del orbe.

Esto es lo que deben lograr ver en el seno de la Selección Mexicana, la derrota no fue más que una cachetada llena de realidad, donde resalta el hecho de que si juegas con ganas, tienes vida en la competencia, pero un momento de desatención o relajamiento, te deja contra las cuerdas e incluso fuera definitivamente.

Al equipo, es momento de recuperarse, inhalar hondo, pensar, tranquilizarse, sacudirse la presión y comenzar a entender que en una competencia como lo es un Mundial, no existe equipo pequeño ni gigante imbatible.

Llegamos al cuarto partido y es aquí donde renace la ilusión de seguir avanzando, es ahora donde la mentalidad positiva y ganadora deberá resplandecer, porque lejos del resultado, la afición mexicana clama por ver triunfar a su equipo o en su defecto, verlo morir con orgullo, con la cara al sol, antes que aceptar una derrota llena de impotencia y caras largas como aconteció en Ekaterimburgo.

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