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“Día del Padre, me recuerda el abandono de mis hijos”

Don Crecencio Álvarez Hernández tiene un año viviendo en el asilo de ancianos Cogra A.C.

Publicado 17 junio 2018 el 17 de Junio de 2018

por

Flor de Jesús Meza Cano

Ya pasado el fervor futbolero, luego de la histórica victoria de México sobre Alemania, dentro del Mundial Rusia 2018; todo vuelve a la normalidad.
La televisión del asilo de ancianos Cogra A.C., sigue encendida y los abuelos, tratan de seguir disfrutando del futbol, y en espera de sus familiares, para poder festejar el “Día del Padre”. La esperanza no se pierde, hasta que cae la noche.

No todos están atentos al televisor, como Don Crecencio Álvarez Hernández, de 60 años, quien prefiere aislarse de los grupos.
Está sentado cerca de una ventana que le permite respirar aire fresco, algo parecido a la libertad.
A la pregunta ¿Cómo está pasando el Día del Padre? Respondió “Más o menos, soy infeliz, esa es la palabra correcta”.

Su mirada ya no tiene brillo, está vencido y resignado, como lo muestra su cuerpo delgado y encorvado.
Solo susurró “únicamente estoy esperando el final”.

¿Qué necesita para ser feliz? En esta ocasión sonrió y respondió “para ser feliz, necesito salir y volar como los pájaros, ser libre otra vez, aquí no podemos salir, solo con la familia y si la familia no viene, no salimos y menos sin dinero”.

El próximo mes de septiembre, Don Crecencio cumplirá un año de habitar el asilo de ancianos Cogra A.C., ubicado en la calle Cultura Número 341, de la colonia Miguel Hidalgo.
La fecha exacta nunca la olvidará, un viernes 1 de septiembre. El día que sus dos hijos, Filiberto (39 años) y Mirna (37 años) Álvarez de la Llave, se olvidaron de su padre.

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“A mí me trajeron con engaños mis hijos, pero que le puedo decir, aunque los hijos sean asesinos, tenga seguro que el padre y la madre lo va a defender, no era la maravilla que yo pensaba”, comentó.
Desde esa fecha no ha tenido el privilegio de platicar con ellos y cree que ya nunca pasará.

Cada quien hizo su vida y tienen su propia familia.
Tiene conocimiento que cumplen con el pago de su cuota mensual en el asilo Cogra A.C., pero nunca lo pasan a saludar.

Explicó que su hijo vive en La Paz, Baja California, donde se dedica al criadero de camarón, mientras que su hija es ama de casa y vive en la conurbación Veracruz-Boca del Río, pero ignora su dirección, al igual que una hija que tuvo fuera del matrimonio.

“Yo viví solo muchos años, yo los levanté solo, hasta que se casaron e hicieron su vida, era taxista”, comentó.
Don Crecencio, tiene 30 años de padecer neuropatía diabética, un daño neurológico que puede ocurrir como consecuencia de la diabetes.

“La diabetes me está matando, tengo la neuropatía diabética, que es lo peor que puede existir y ya necesito atención, no me puedo valer al 100 por ciento solo, por los medicamentos que debo consumir”, comentó.
En la actualidad se siente regular de salud, pero dice estar consciente que no morirá de diabetes, porque la tristeza, está ganando terreno, ante el abandono y olvido de sus hijos.

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