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Que clase de Historia

Por:  Irene Ortega Valdivia
Elecciones 2018

Publicado 17 mayo 2018 el 17 de Mayo de 2018

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Nunca como ahora las elecciones 2018 nos han puesto a observar, pensar y también opinar. Los candidatos en su apariencia, conocimientos, exposiciones derivadas de sus sentir y experiencias, mantienen nuestras mentes ocupadas, distraídas y preocupadas, siendo al mismo tiempo un acicate para hurgar más allá de lo que se escucha, se sabe y se ve.

El más destacado por su osadía verbal es el que pregona “Juntos haremos historia”. Sin embargo, es menester asentar que la calidad está en las personas y se obtiene a base de exigencia personal, y no se cree que él se exija mucho. Decía Aristóteles: “…Somos lo que hacemos repetidamente y la excelencia por tanto, no es un acto sino un hábito…”

El aspirante a la Presidencia de México en donde nos incluye por aquello de “juntos” es sólo un barniz que está usando a conveniencia para tratar de lograr su cometido; y su hábito es el convencer; pero en su manifiesta ignorancia pasa por alto el ser no el figurar, aunque viéndolo con calma podríamos casi equipararlo con ese viejo refrán que viste a la mona de seda y a pesar de ello mona se queda.

Al escucharle sus opiniones y propuestas se concluye la necedad de querer imbuirnos en un sistema obsoleto revestido de sentimientos irracionales que hacen mella precisamente en todos aquellos cuyas emociones están carentes de la verdad, confirmando y aplaudiendo sin saber y menos entender lo que ya está decidido; y lo peor, que emana de una persona resentida que en un descuido llegaría al poder acompañado sólo de sus complejos.

La sociedad, auguran los expertos, vive entre la inquietud y el pesimismo; sin embargo, el optimismo presidencial que inunda las televisoras con su expresividad característica -que desde el sarcasmo considero desbordante- invoca al ánimo renovado del pueblo, principal orgullo de México. Concretamente, somos un país orgulloso de estar orgulloso.

El candidato que piensa hacer historia -si sale elegido- entre otros compromisos piensa elaborar un plan educativo que mejore la calidad de la enseñanza actual, sin razonar que la calidad reside en las personas y se obtiene a base de exigencia personal y que la educación que tanto vocifera comienza por la responsabilidad de la propia persona; es decir, por uno mismo debe empezar y no se puede culpar a las circunstancias, ya que la educación general se vuelve responsabilidad propia; y si no se piensa y se razona en esta intención, su fracaso será rotundo.

Por otro lado, algunos candidatos se afanan en promocionar sus figuras con spots ayunos de verdaderas y creíbles propuestas, con imágenes de influencia comercial y otros con música popular. Esta frivolidad que atenta contra la inteligencia de los electores son elementos capaces de atraer a algunos ciudadanos a las urnas. Será acaso que el propio hartazgo hacia la política les anima a aceptar los chuscos promocionales en lugar de reflexionarlos seriamente?

Pero a pesar de todos los pesares, deseamos que los actores políticos sujetos al escarnio cotidiano y público, reaccionen y les anime sinceramente a que sus gestiones públicas estén marcadas de buenas intenciones, huyan de lo superficial y respeten total y absolutamente la calidad de las personas que les rodeen. Y entonces sí, el bien colectivo triunfará ante el mal y juntos podremos hacer historia.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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