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LA COSTUMBRE DEL PODER TLC ¿detuvo crecimiento de México?

Por: Gregorio Ortega Molina
La costumbre del poder TLC

Publicado 12 mayo 2018 el 12 de Mayo de 2018

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Uno de los grandes mitos es que, si uno tiene libre comercio, democracia y Estado de Derecho solito se va al crecimiento. La historia nos ha demostrado que no

He vivido en la imaginaria al menos durante los últimos dos lustros. Persistí en la equivocada idea de que si bien el proyecto de la Revolución quedó cancelado, los gobernantes que lo mandaron al cuarto de los trebejos no supieron cómo o con qué sustituirlo.

Creí, en mi ingenuidad, que los humanistas y políticos que conceptuaron e impusieron una idea de patria y el Estado de bienestar serían sustituidos por seres humanos con formación similar, pero no, son los “fenicios” los que se hicieron con el poder, y esta certeza me hace más fácil la comprensión del proyecto de país que ahora edifican en el lago de Texcoco.

La diferencia entre uno y otro es notoria. Transitamos del mundo de las ideas al de las mercancías. El mercado carece de ideología, como la globalización. Lo que importa es la libre circulación de productos y seres humanos (aunque ésta esté restringida porque todos se niegan a ver a los migrantes a los ojos, sean o no posibles islamistas capaces de morir matando, para lograr su acto de terrorismo), pero el de las ideas se restringe, en la medida en que se hace de las redes sociales el supletorio del diálogo, del contacto humano, de la posibilidad de tocar con las manos y la mirada al interlocutor.

Sin embargo, todavía hay quienes insisten en pensar, analizar, proponer para construir. En entrevista concedida a El País, José Antonio Romero Tellaeche, director, hasta hace dos meses, del Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México, ofrece otra mirada sobre el mayor acuerdo comercial del planeta, defiende el modelo del Estado desarrollador y descalifica las doctrinas económicas establecidas:

Pregunta. ¿Por qué México crece por debajo de su potencial?

Respuesta. Porque optó por una estrategia fallida. Hubo dos errores: considerar que el libre comercio iba a generar de por sí el crecimiento y [pensar] que, a través de la inversión extranjera se iba a transferir tecnología a México y eso iba a hacer más productivos a los mexicanos, cosa que no sucedió. La crisis de la deuda [de los años 80] supuso un cataclismo en un momento en el que el mundo entraba en la etapa del neoliberalismo, y México fue uno de los primeros países que se sometió al tratamiento del Fondo Monetario Internacional (FMI). Al mismo tiempo, en EE UU [el presidente Ronald] Reagan, en algo parecido a lo que sucede hoy con [Donald] Trump, veía un déficit estructural con México y pidió que se desmantelaran todos los programas industriales mexicanos. Ese fue el principio de la apertura comercial. Uno de los grandes mitos es que, si uno tiene libre comercio, democracia y Estado de derecho solito se va al crecimiento. La historia nos ha demostrado que no.

P. Pero las exportaciones de México no han dejado de crecer desde aquella apertura al libre comercio y la posterior firma del TLC.

R. Sí, exporta mucho. Pero no son empresas mexicanas: son empresas estadounidenses. El TLC fue precisamente para atraer esas inversiones permitiendo [a las compañías] traer todos los insumos de EE UU que quisieran y ensamblar en México. China y Corea, en cambio, no basaron su crecimiento en la inversión extranjera, sino en la nacional.

Las empresas exportadoras no son mexicanas y no se identifican con México. Si cae el tratado, lo que harán será cruzar la frontera. Hay que recordar, además, que la sdiáspora mexicana a EE UU coincide con el TLC: las proporciones fueron bíblicas. Se fue prácticamente el 1% de la población cada año, cinco millones en un periodo de tiempo muy corto. ¿No hay forma de renegociar el TLC en positivo para México?

No. EE UU tendría que aceptar restricciones a la inversión extranjera directa en México, tanto la suya como la europea o japonesa. Que para poder entrar a México tengan que comprometerse a enseñar a los mexicanos. Que haya transferencia tecnológica. No sabemos hacer nada: somos, supuestamente, una potencia y no sabemos ni fabricar los vagones del metro. Eso refleja que no hay ninguna transferencia de tecnología.

P. No teme la ruptura, entonces.

R. Estamos en un momento de quiebre: este modelo está en sus últimos estertores, no sólo en México, sino también en EE UU y en Europa. Cuando son ganadores, todos los países defienden el libre comercio: sucedió en Inglaterra en su momento y en EE UU después. Pero ahora se ven acorralados por China y empiezan a replegarse con proteccionismo selectivo, reindustrialización, etc. En eso debería pensar también México.

P. Va a contracorriente, también, con esta defensa cerrada del modelo de Estado desarrollador.

R. Es la mejor estrategia para alcanzar a los líderes en poco tiempo. Son muchos casos: Corea, Alemania, Japón, China.

P. Pero lo hicieron en otra época, en un mundo mucho menos globalizado. Hoy la competencia entre empresas y entre países es feroz. La crítica habitual es que eso se pudo hacer antes, pero ya no. No es cierto: está el caso de Vietnam, un país de 100 millones de habitantes, más atrasado que México y que está siguiendo esa estrategia. Más de lo mismo ya no da: en 1950, México ocupaba el puesto 37 [mundial] en ingreso per cápita; en 1982, a pesar de lo que crecimos, ya estábamos en el lugar 41 porque otros países crecieron más rápido; en 2015 ya estábamos en el 78.

El verdadero desarrollo llegó hasta 1970, luego vinieron [los presidentes Luis] Echeverría y [José] López Portillo y aunque la economía siguió creciendo, ya fue artificialmente. Después, el liberalismo no funcionó. El panorama para toda América Latina es muy desolador si seguimos con el mismo patrón.

Ahora podemos intuir lo que nos costará la renegociación del TLC si insisten en concluirlas como parte del bono electoral de José Antonio Meade y si además se apartan de las consideraciones expuestas por José Antonio Romero Tellaeche. Así, las oportunidades de México permanecerán canceladas; también podemos suponer por qué les urge firmarlo, por la posibilidad de que AMLO se haga con el poder.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.