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La Costumbre del Poder: Economía en política electoral

Por: Gregorio Ortega Molina

Publicado 27 mayo 2018 el 27 de Mayo de 2018

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Podemos percibir cómo será el desenlace de la elección presidencial. Han cultivado -desde el gobierno y con esmero inusitado- el rencor social, la división y los comportamientos individuales y grupales erráticos. Ya no querrán sentarse a esperar. ¿O sí?

 

El bruñido que Carlos Salinas de Gortari y sus fieles escuderos dieron al TLC para que lo compráramos con entusiasmo, se destiñe a pasos contados, pero firmes, sin retroceso. Nos mintieron con descaro.

 

El Centro de Estudios Espinosa Yglesias (Manuel Espinosa Yglesias fue, a pesar de su historia personal, un hombre con contenido, con atributos, con ideas claras sobre la patria y la identidad nacional) da a conocer, en su último informe, que México no genera suficientes medios de movilidad social -educación, seguridad, confianza, administración y procuración de justicia-, ni propicia ingresos que regresen la dignidad a quienes lo reciben a cambio de su trabajo. “En el pasado cuarto de siglo el ingreso promedio de los hogares disminuyó en términos reales; perdió gran parte de su capacidad de poder de compra”.

 

En las casas de los jodidos, en lo que queda de lo que se soñó un hogar, disminuyó 20 por ciento entre 1992 y 2016; el de las familias de estratos medios y altos lo hizo en 18 por ciento, en cada caso.

 

Es muy sencillo, lo escuchamos hasta el cansancio de boca de los personajes de las películas de Ismael Rodríguez, de los hermanos Soler, de Joaquín Pardavé: quienes nacen para macetas, no pasan del corredor.

 

El lenguaje usado por los redactores del Centro de Estudios Espinosa Yglesias es elegante: los que nacen pobres se quedan pobres, y quienes nacen ricos se quedan ricos.

 

Indican, el estudio de referencia y Roberto Vélez, director ejecutivo del Centro, que “la posición social se transmite de padres a hijos con una frecuencia importante entre quienes se encuentran tanto en la base como en la parte más alta de la pirámide socioeconómica; en esta dinámica de baja movilidad social, México sobresale, en este caso para mal, a escala internacional.

 

“En Estados Unidos cuatro de cada 10 personas que nacen en la parte más baja del ingreso se quedan ahí, mientras en países como Dinamarca, Suecia, Finlandia y Noruega, que se caracterizan por la construcción de estados de bienestar con sistemas universales, la relación es de tres de cada 10.

 

Por el contrario, “México es una sociedad donde las condiciones de origen determinan las opciones de logro de las personas. Al no lograr que sea un hecho la movilidad social -que las personas tengan más ingreso y oportunidades de educación, salud, empleo y pensión que sus padres– al país lo edifican con mexicanos de primera, segunda, tercera y cuarta clases.

 

“Esos mexicanos con diferentes grados de bienestar y acceso a oportunidades se están cruzando todo el tiempo. La gente atrapada en la movilidad sabe a qué no puede acceder y eso crea problemas, le pega al tejido social y se manifiesta en problemas de cohesión”.

 

Ahora podemos percibir las consecuencias de la elección presidencial. Han cultivado -desde el gobierno y con un esmero inusitado- el rencor social, la división y los comportamientos individuales y grupales erráticos. Ya no querrán sentarse a esperar. ¿O sí?

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