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El Espíritu Santo no provoca emociones sino grandes decisiones

Por: Pbro. José Juan Sánchez Jácome

Publicado 21 mayo 2018 el 21 de Mayo de 2018

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La Palabra de Dios nos viene preparando para que la fiesta de Pentecostés no nos llegue tan de repente. Desde hace una semana se viene hablando con mayor frecuencia de la promesa de Jesús que es el Espíritu Santo. De hecho no se trata de un asunto desconocido para nosotros. Aunque no seamos especialistas, sin embargo tenemos nociones generales acerca del Espíritu Santo.

En la vida de nuestras comunidades cristianas regularmente se ha relacionado al Espíritu Santo con las emociones. Se desea recibir al Espíritu Santo para sentir bonito, para pasar automáticamente de la tristeza a la alegría, del dolor a la sanación, del miedo a la paz. Desde luego que Dios permite que en ocasiones la experiencia de recibir al Espíritu Santo esté relacionada con las emociones. Pero el Espíritu Santo no genera sentimientos pasajeros, experiencias efímeras. No provoca en este caso simplemente emociones sino grandes decisiones en la vida.

El Espíritu Santo viene a provocarnos y a generar la voluntad necesaria para cambiar a fondo y no simplemente para sentir bonito.

Muchos en el fondo sabemos lo que tenemos que cambiar, nos damos cuenta de lo que no se puede sostener en nuestra vida. Y sin embargo nos falta la fuerza para hacerlo, nos falta la voluntad para movernos en ese sentido.

Jesús también al hablar del Espíritu Santo hace referencia al auxilio que viene a darnos para recordarnos muchas cosas. No se está refiriendo Jesús a problemas de falta de memoria. El Espíritu Santo viene a recordarnos muchas cosas, es decir viene a sacar a la superficie valores y enseñanzas que nosotros a propósito hemos escondido, ignorado y arrinconado en el interior. Por comodidad y por interés decidimos hacer a un lado una serie de valores que posiblemente nos estorban por el estilo de vida que estamos llevando.

El Espíritu Santo quiere recordarnos eso que aprendimos, eso que formaba parte de nuestra vida, esos valores que alguna vez llegamos a vivir. El Espíritu Santo nos viene ayudar a recuperar esos valores que por comodidad y egoísmo hemos escondido y enterrado.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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