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La risa, remedio infalible

Por: Guillermo Ingram
La revista mensual de origen norteamericano Reader’s Digest

Publicado 23 mayo 2018 el 23 de Mayo de 2018

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¿Se acuerdan de este espacio –título de la presente “calumnia”- en la revista mensual de origen norteamericano Reader’s Digest, que en México llevaba o lleva el nombre de “Selecciones”? En donde se mencionaban anécdotas que hacían reír (por cierto, creo esta edición también fue víctima del Internet, pues si no me falla la memoria, hasta la década de los setenta, en el siglo pasado, había una gran circulación de la revista en el país, sobre todo vía suscripción). Ahí se ofertaban muy buenas obras, claro, todas con el sello y la influencia de la cultura de los EUA. Aún traigo por ahí entre mis libros, de los varios que compré vía correo, tres tomos de la II Guerra Mundial, claro, visto desde la perspectiva de los primos. También andan por ahí varias novelas, entre ellas, “Cumbres Borrascosas” y la de “El Gran Pacote”, ésta, la historia de un torero, buenísima, pues además de la narrativa, explica con precisión la técnica de la fiesta brava.

Retomando el tema, en ese entonces todavía no se hablaba del “estrés” y mucho menos de la “risoterapia”, pero leyendo esa sección se sentía uno bien una vez concluida su lectura, en función a la risa o carcajadas que lograba uno soltar (antes reíamos más y más a menudo ¿A poco no?).

APARTE DE “ASESOR DE IMAGEN”, CREE VIVIR EN SUIZA

Pues resulta que tenía ya varios días de andar tal y como aquel personaje de “Los Polivoces”, con el que hacían la parodia del escritor veracruzano, Roberto Blanco Moheno. Sólo me hacía falta bufar para manifestar mi mal humor, pero, luego tuve la necesidad de ir a peluquearme ¡Con el irreverente de José Luis, el PELUQUERO, dueño del “New Look”! Como siempre, acudí con reticencia, pero, ya una vez ahí ¡Agua patos! Comencé el amistoso desencuentro con que inicio mi entrada a ese astroso lugar, y, no estaba la señorita manicurista como se me había prometido y el lugar ¡Carente de luz!: “porque se cayeron unas cuchillas del poste de la esquina”. Según el avieso José Luis, por que comencé mi ataque, para calmar la tormenta él me dijo: “No te preocupes, ya se reportó el incidente y no tardan en venir los de la luz, cuestión de ¡Diez minutos!”. A lo que le repliqué: “¡Uyy, si tú, de seguro te has de sentir que vives en Suiza!”. Y efectivamente, la energía eléctrica fue restablecida ¡Dos horas después! Literalmente tuve que salirme a la banqueta a que me dieran manicure y pedicure por el terrible calor que había en el sitio. Porque eso sí, José Luis, como Manolito el de Mafalda, no se le pela un peso por nada del mundo. Y aún en las deplorables, cuanto inhumanas condiciones en como fui atendido, el muy beduino me cobró hasta el último centavo de las altas tarifas que ahí aplican ¡Ah! Amén de que le debo entrar con el café, para él y para su cuñada Elvia, la profesional de arreglar manos y pies, y si se deja uno, le da a uno masaje, que poco falta para salir de ahí en muletas después de tan traumática experiencia.

Además, a pesar de que a varios de ahí nos asalta desde hace como casi 40 años, ahora, ni porque estamos casi calvos y de la tercera edad ¡Nos hace descuento!

LE MARCÓ A ELVIA

Pues con media hora de retraso llegó Elvia, pero ¡Qué bueno que llegó! Y no porque ya me quería yo ir, sino que vino con ella un alumno al que le está enseñando el arte de la tortura vía “masaje; y con tan conspicuo personaje se soltó la bataola, la lija por la espalda y la franca carcajada, que incluso, tuve que hacer la observación de que qué bueno haber asistido ahí porque me urgía ya reír a quijada batiente. Mi amiga Elvia, que luego peca de ingenua, al estar haciendo José Luis papilla al pobre alumno (ya en ausencia, y yo en ningún momento participé en tan proditorio acto, me mantuve al margen, hasta que ya no se pudo más y ¡Me reí!). Y ahí, en la tal peluquería ¡Maldito el que se va!, porque su reputación queda hecha polvo y así fue con la del alumno de marras. Y en donde interviene la ingenuidad de Elvia, es que tratando de explicar que el chico le había llamado por celular, dijo: “Sí, a mí me marcó”. A lo que el culto y por demás respetable público ahí reunido prorrumpió en carcajadas (yo por educación, me reí).

¡SI, LA RISA ES REMEDIO INFALIBLE! AUN SE RÍA UNO DE SI MISMO

Fue tan reconstituyente la risoterapia, que aún me dura el buen humor. Así que, no obstante las malas coyunturas de las que les he hablado siempre de ese sitio, les recomiendo que vayan, ahí termina uno siempre riendo. Creo, es la especialidad del crápula de José Luis.

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