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Para Ti…

Publicado 29 abril 2018 el 29 de Abril de 2018

por

Martha Elsa Durazzo M.

Gracias a este espacio que nos brinda EL DICTAMEN, Decano de la Prensa Nacional, en aras de la promoción y difusión de la cultura, puedo presentarte a Elena Guzmán, escritora, ex catedrática del Instituto Tecnológico de Veracruz, publicada en alguna Antología y revistas literarias; radicada en Xalapa, Ver. Elena Guzmán Rodríguez, entra, de manera excelente,  a los cuentos, relatos y la poesía.

Un oasis, entre la elección  más complicada, que recuerde de las cuatro últimas, hacia la presidencia de México, viéndonos hasta amenazados de que “nos lancen a sus tigres”.

 

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“Y preguntaba al aire… ¿sobreviviremos?”

 

Estaban el aire y el sol platicando con las palmeras y árboles del lugar:

 

-Querido sol –preguntaba el aire-, ¿para ti, cuál es el motivo, más trascendente, de tu existir?

El astro rey, interrumpió su meditación, resplandeció con mayor vigor y, muy despacio, respondió:

-Saber que existen otros elementos y personas a quienes iluminar y tener la satisfacción, plena, de beneficiarlos con mi luz.

 

Las palmeras y los árboles exclamaron al unísono:

 

-¡Ah!, ¡qué hermosa es tu misión!, y después agregaron: También nos agrada dar sombra y abrigo a las aves que anidan en nosotros; ver florecer nuestras ramas, y testimoniar que nacen incontables especies.

 

El sol, el más sabio, por experiencia y edad -existente desde el inicio del universo, testigo delos cambios e historia del orbe-, empezó a narrar a los interlocutores sus arcanos recuerdos:

 

-Sí, la existencia siempre ha tenido una razón de ser. Los humanos, en su memoria más remota, han de recordar que su creación fue, precisamente, para crear y preservar la vida; se les encomendó a los mayores cuidar, amar y velar por los  débiles y pequeños; a quienes se les proveyó de sabiduría y riquezas, les fueron otorgadas para que protegieran a sus hermanos menores, expandir la educación y ecología, así como para que reinara la armonía y justicia entre los hombres.

 

 

-Entonces, querido sol -le cuestiona el aire-, ¿crees que sobreviviremos?

 

El sol se quedó pensativo, perdiendo un poco de su brillo, respondió:

 

-La respuesta la tiene el hombre… El planeta Tierra sobrevivirá, si el “rey de su creación” cumple seis principios:

 

Amar la vida

Olvidar egoísmos y envidias

No envenenarse contaminando

propiciando guerras

vicios por  ambición

Disfrutar el presente

Saturar su espíritu de bondad

Lo más importante

cumplir su encomienda.

 

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“DIGNIFICADO”

 

En cada paso y aliento

palabra

movimiento

siendo y haciendo

solemos

i

g

n

o

r

a

r

 

Clasificado de insignificante

la atención requerida

no es convocada

Inmersos estamos

atrapados en individualidades

¡Poco importa

si la red se le enrosca inquebrantable!

Solo son sus quejidos

lágrimas

quebrantos y cadenas

 

Si de la vida eres soberbia enrama

nunca serás de los fructíferos granos

que el buen sembrador esparce

 

 

Transformáte

Transfromémonos

Lancemos del amor la creativa mano

 

 

Transfórmalo

en un ser

dignificado.

 

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“Réquiem para un árbol”

 

En armonioso concierto

las ramas de un árbol de macuilí

mecidas por el arrullo del viento

parecían danzar

Brotaba de las aves el trino

derramaba

deshojándose

todo de sí

 

Inicia el ciclo de dar vida

cual sublime amante

al despojarse de su ropaje

bello y florido

Los microscópicos seres la ofrenda reciben

habitantes de la tierra madre

prodigando fertilidad

nutrimentos

sin egoísmo

sin vanidad

 

Un ser pensante semejas macuili

inmóvil  viviente

Rastrean tus raíces

una fuente

de alimento y sostén proveedora

Absorbes el preciado líquido

 

Sorbo fortalecedor

lo integras

como humano al cuerpo

Veloz navega por tus venas

vivificará tu  tronco

 

 

ramas  hojas  flores

 

Breve fue el tiempo

No más flores tu desnudez vistieron

 

Entristecieron tus hojas

Lágrimas de novia triste

semejaban tus secas ramas

igual que tu otrora vigoroso cuerpo

 

Contaminación

de beber le diste

letal veneno

 

Hagamos un réquiem

despidamos

en su juventud pletórica

¡colmo de la desdicha!

a quien ya no dará

más vida a la vida

 

Murió

silencioso

de la naturaleza

un gigante.

 

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“Suelo Aire Sol Agua Vida Muerte”

 

En una batalla de antagonismo puro, utilizando lo mejor de ellos, para triunfar, se encontraban tres insectos: jalando para sí, una gran hoja.

 

La araña contaba con una gran fuerza de cuatro de sus patas de tamaño más grande; por su tenaz hambre, tampoco quería ceder una hormiguita y usaba con gran habilidad las “armas” con las cuales le había dotado  la madre naturaleza; el gusano trepado en la hoja se extendía, con la finalidad de que sus cien pies cansaran a sus dos adversarias… Micras de tiempo, que para ellos eran días, minutos para los humanos.

 

No muy lejos se escuchó un estruendoso rayo y vieron acercarse la sombra, amenazante, de una oscura nube; pronto llegó a donde ellos se encontraban, seguida por grandes gotas de agua que hicieron desistir a la araña y la hormiga, al sentir que se ahogaban; la primera lanzó muy fuertemente un hilo a lo más firme, seguro y cercano

que encontró;  la segunda le metió velocidad a sus patas y trepó al primer tronco que halló.

 

Distinto hizo el gusano, que soportó el golpeteo del

aguacero… La hoja flotó en el escurrir del agua que pronto se convirtió en veloz cascada, arrastrándola  con su tenaz pasajero que se aferraba, con todas las fuerzas de sus pies, venciendo el natural miedo a morir en aquella meta que se había propuesto; muchas veces estuvo a punto de estrellarse contra algunas piedras y ramas caídas, pero él se afianzaba más y así  se sostuvo, valerosamente, hasta llegar a la desembocadura de un lago.

Volvió a brillar el sol.

 

Levantando la cabeza hacia el cielo, agradeció al

 

Creador por su sustento y por permitirle seguir viviendo;

después el cienpiés, llamó a sus adversarias; platicó con ellas y les compartió su alimento.

 

Desde aquél suceso, si un día, amigo lector, visitas el bosque en donde ellos habitan, podrás ver cómo tres seres tan diferentes, son los mejores amigos y cada uno usa sus cualidades para ayudarse entre ellos; asimismo debemos hacer los humanos… Usar nuestros distintos talentos y conocimientos, para ayudar a otros… Entonces viviremos en un mundo armonioso,  mucho más bello.

 

 

Hasta la próxima, D.M.

- US -