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Mi Propio San Francisco

Por: Blanca Villarello

Publicado 16 abril 2018 el 16 de Abril de 2018

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Por: Blanca G Villarello
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Cuando tienes la oportunidad de viajar a un lugar repetidas veces, tiendes a establecer ciertos rituales y yo tengo varios en San Francisco, se los voy a compartir, no sé qué van a pensar, pero aun así, valen la pena.

El primero es que desde la primera vez que puse pie en esta espectacular y única ciudad me dijeron que tenía que comenzar el día en el Buenavista Café con un Café Irlandés, obviamente pensé que era una broma, pues era muy cierto, pensé que mi amigo era alcohólico o sino a punto de, mi sorpresa fue que al llegar al café a las 7 am ya estaba lleno, con personas bebiendo este delicioso brebaje que te prepara para el brumoso clima de esta espectacular ciudad.

 

El ambiente es boyante y les aseguro que es el mejor café irlandés que tomarán en su vida, además les confieso que nunca he comido nada ahí, solo me tomo mi cafecito y comienzo mi recorrido, que generalmente es hacer tiempo para dirigirme al Golden Gate Park (2do ritual) para hacer una “bella passagiata” como dirían los italianos.

En este inmenso parque (que es 20% más grande que el Central Park de Nueva York) encontrarás de todo, jardines, lagos, prados, arboledas, la famosa Casa de Té Japonesa, el Music Concurse, Museos, La Academia de Ciencias, el Conservatorio de las Flores, en la que hay una increíble variedad de estas, incluyendo las carnívoras, los molinos de aire, así que tienes suficiente tiempo para hacer ejercicio y disfrutar de este oasis en medio de esta bulliciosa urbe mientras llega la hora del aperitivo.

Para el apero, ni siquiera tienes que salir del parque, ya que este llega hasta el Océano Pacífico en donde está el Beach and Park Chalet, que fue construido en 1925, a la entrada tiene un mural gigante de Lucien Labaudt de 1930, que representa el San Francisco de esos años, además de que no te puedes perder de disfrutar de la vista que tiene este lugar, bebiendo una de tus burbujas favoritas de acuerdo a tus gustos o presupuesto, sea una copita de champagne, prosecco o cava, para terminar de abrir apetito e ir a comer (ritual #3).

Como toda gran ciudad cosmopolita, tienes un sinfín de opciones, desde ir al Fisherman’s wharf que está lleno de restaurantes de pescados y mariscos y tiendas y a donde podrás ver a los leones marinos asoleándose en las rocas de la bahía, o a China Town, donde encontrarás una amplia gama de este tipo de comida, a Japantown si esta es tu preferencia, si te gusta la comida rusa no dejes de ir a Russian Hill, pero como les digo yo soy animal de costumbre y, en mi primer día me encanta ir a mis favs, así que trato de hacer reservación con tiempo para ir a The Slanted Door, un lugar super posh (ritual #4), de cocina vietnamita fusión, que se ha ganado ya una estrella Michelin, el cual tienes que reservar con tiempo o esperar a comer bastante tarde.

The Slanted Door es un verdadero ícono de la zona con un menú extraordinario creado por el chef Charles Phan y con una carta de vino que curiosamente tiene muchos de origen alemán y austriaco. Todo esto acompañado de ventanales del piso al techo que te permiten tener una vista que te deja sin aliento, un buen apapacho para todos los sentidos.

Obviamente hay que bajar la comida y estando en una ciudad que también respira cultura y que, afortunadamente, se presta para caminar y transportarse en sus coquetos “Cable Cars”, por la tarde, tienes tiempo de darte una vuelta por algún museo (ritual #5), si ya has ido varias veces, ¡apuesto a que no conoces el Museo de la Legión de Honor! En el cual, a parte de su contenido, te sorprenderá con su magnífica vista del Océano Pacífico, ya que se encuentra ubicado en la cima del Lincoln Park, por lo que podrás apreciar dese arriba de las nubes como estas cubren el Golden Gate Bridge.

Este museo está localizado en un edificio neoclásico, aquí encontrarás pinturas, artes decorativas y esculturas europeas, arte antiguo mediterráneo y mucho más. Verdaderamente recorriendo sus salones te sientes como si estuvieras en Versalles o en cualquier lugar de Europa. Es tan hermoso por dentro como por fuera, con sus columnas greco-romanas, sus arcos, sus esculturas exteriores, sus jardines, un gran secreto que los amantes de la cultura y los viajeros incansables no pueden dejar de tener en su bucket list.

Después de esto ya estarás cansado, pero San Francisco como Nueva York son de esas ciudades que te inyectan energía, así que, en mi caso, ya estoy lista para el aperitivo de la tarde y que mejor que el Top of the Mark (ritual 6), uno de los lugares insignia de la Ciudad, sea para ver la puesta del sol o para un trago para dormir mejor ;).

No recuerdo por qué, tal vez porque sería la moda en su momento, pero sino es otra copita de champagne, ahí aprendí a beber los Mai Tais (ron, curazao, jugo de limón), con un extra the Myers”s Rhum on Top, aunque su especialidad son los martinis, muy ad hoc a la época en la que este increíble bar hizo historia, ya que abrió desde 1939. Aquí tendrás una vista de 360 grados de la Ciudad, tienen música de piano, si se te antoja puedes bailar románticamente o no, al fin estamos en el siglo XXI.

Y ahora viene la decisión más difícil a dónde ir a cenar (Ritual #7), les voy a dar 2 opciones: una para los que aman la alta cocina y otra para los que prefieren la vida más bohemia.

Para los bohemios, pueden dirigirse a Belden Lane, que es una calle muy estrecha en el Distrito Financiero de San Francisco, lleno de restaurantes franceses de los dos lados de la acera, que es como la Petite France de la ciudad y la verdad que no importa cual escojas, al caminar por la zona, al oir las risas, los olores de la comida, las mesitas, se siente el “joie de vivre” francés. A mí me gusta el B44.

Para los que son apasionados de la alta cocina fusión definitivamente a “must” es Atelier Creen, desde que cené por primera vez, le dije a mi gran amiga, de la que oirán seguido, esta chef tiene un gran futuro, y hoy Dominique Creen esta entre las mejores chefs mujeres del mundo. Su cocina es de una perfección y sutileza que son indescriptibles, el perfeccionismo de sus platos y la belleza te deja paralizado, sin saber por dónde comenzar, ya que quisieras que esa obra de arte no fuera tan efímera, lo sorprendente es que su cocina parece que fuera hecha por alguien con una gran influenza japonesa cuando ella es 100% francesa, cuando yo tuve el placer de conocerla, no había pasado por ningún maestro japonés. El restaurant es simple pero refinado, toda ella está reflejada en sus platillos y en cada rincón de su lugar. Además, es una gran filántropa y está ampliamente comprometida con el medio ambiente, vale la pena romper el cochinito para darse el placer de pasar una noche con esta chef que en tan poco tiempo ha conseguido 2 estrellas Michelin.

“My love waits in San Francisco…”

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