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Un buen antecedente genético y ¡Mucha voluntad de vivir!

Por: Guillermo Ingram
Un buen antecedente genético y ¡Mucha voluntad de vivir!

Publicado 28 abril 2018 el 28 de Abril de 2018

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En mis tratos con el gremio de carpinteros artesanales, siempre me ha quedado un mal sabor de boca, pues amén de que la generalidad solicita la mitad del importe de los trabajos a realizar, lo más común es que termina uno con los artesanos como el mítico rosario de Amozoc, el cual, cuentan las malas lenguas y la mía que no es muy buena, que se hace en procesión pública y todo arranca bien, pero, en el trayecto los feligreses y el personal eclesial van ingiriendo bebidas espirituosas, que para cuando se llega al templo, todos los integrantes del acto piadoso van agarrados de la greña. Bueno, pues así termina uno con los émulos del oficio del Nazareno.

ME FALTÓ LA LÁMPARA PARA PARODIAR DE DIÓGENES

Pero, no estoy intentando contar la historia de mi vida por enésima vez, sino intentar contarles algo que me dejó perplejo y hasta con ganas de seguir el ejemplo (así es, aún a mis 64 abriles sigo sorprendiéndome). Resulta que por razones del tiempo, en mi casa ya se deterioraron algunas ventanas y a la puerta de acceso principal el tiempo y la intemperie le han causado estragos, por lo que se hacía imperativo la mano maestra de un carpintero. Y, anduve en el pregón, casi hasta llegué a pensar me faltaba la lámpara, para al más puro estilo de Diógenes el Cínico anduviese yo buscando un buen carpintero, no obstante, Diógenes buscaba en plena luz del día, con su lámpara encendida, un hombre, pero no porque se le hiciera agua la canoa a este gran pensador, sino porque buscaba a un hombre que reuniera las cualidades morales que debía poseer tal personaje, pues decía todos eran una bola de convenencieros y ninguno enarbolada las tales cualidades que para ser un verdadero hombre, debía poseer.

¡TODOS LOS CONSULTADOS, CORTADOS POR LA MISMA TIJERA!

Pues ahí tienen que todos los que consulté, me daban unos grandes presupuestos con la consabida solicitud del 50% por adelantado, pero, el aliento alcohólico que la mayoría presentaba, hacía nacer dudas adicionales en mi con respecto al profesionalismo de los consultados, amén de las experiencias ya padecidas.

EN LA BUSQUEDA DI CON DOS MUCHACHONES CARPINTEROS

En eso, pensado cómo resolver esto, vi la carpintería de un vecino, que tengo a aproximadamente ½ cuadra de distancia, por lo que fui a verlo, me encontré con un señor de ¡84 años de edad!, quien me atendió muy educadamente y resultó que se trataba de un Contador Público ya jubilado, pero que para no estar de ocioso, se había dedicado a aprender carpintería y ahora la tenía como su actividad principal, salvo que él sólo se dedicaba a hacer trabajos de artesanía, como reparar muebles de madera o hacer pequeños arreglos para fiestas ¡Peeerooooo!, me recomendó a un colega, quien si se dedicaba a la carpintería que incluía puertas y ventanas y ¡Vive a la vuelta de mi casa!, a una cuadra de distancia. Yo ni por enterado que era mi vecino. Pues ahí voy en su busca y resultó ser un señor de ¡88 años de edad! Estuvimos platicando un buen rato, pero más que del trabajo le pregunté cómo le hacía para estar a esa edad tan bien conservado y ¡Dedicado a la carpintería! Por ahí se fue la conversación. Como para tentarle el agua a los elotes, le encomendé el trabajo de la puerta principal. Claro, mi decisión para encomendarle el trabajo fue por cuestiones humanitarias, pues ver a un anciano de tan avanzada edad estar en plena lucha por la vida y la existencia, merecía ser reconocido. Consideré hacer una buena obra pues no creí el viejito fuera a realizar la chamba bien. Y ¡Oh, sorpresa! ¡Final feliz! ¡Trabajo perfecto!

¡CUANTAS GANAS DE VIVIR CON AUTONOMÍA, SOBRE TODO, HONESTIDAD!

Miren que me quedé con la pupila cuadrada, pues Don Agustín, como se llama el señor, a sus 88 abriles es todo un experto en el manejo de la carpintería. Por lo tanto, sí hay esperanza de poder continuar uno con una vida activa a edad tan avanzada, faltando únicamente, como les digo en el título de esta “calumnia”, una buena carga genética y la voluntad firme de salir adelante en la vida. Como lo hace Don Jorge y Don Agustín (merecida la mayúscula para ambos), porque además, de poseer buen humor, los distinguen una gran dignidad y HONESTIDAD.

De estos dos ingredientes dos últimas cualidades de Don Jorge y Don Agustín, estaban hechos la mayoría de los integrantes de las generaciones que nos antecedieron.

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