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Europa del este ya no quiere ser una línea de ensamble

Empresas se trasladan a países más baratos  

Publicado 08 abril 2018 el 08 de Abril de 2018

por

Dr. Armando Rojano Uscanga

Después de la caída del telón de acero a principios de los 90, varios países de Europa del Este se unieron a la globalización; como Polonia, los bálticos o la República Checa, y han crecido gracias a una fuerza laboral barata y abundante, que ha atraído a cientos de empresas europeas a implantar fábricas y líneas de ensamblaje. Su ingrediente crucial, ha sido la mano de obra barata. Los empleados checos, por ejemplo, estaban dispuestos a hacer trabajos manuales por una fracción de los salarios que los alemanes cobraban haciendo lo mismo al otro lado de la frontera. Tres décadas después, una de esas compañías es irreconocible, sus pasillos están decorados con máquinas japonesas de última generación que prensan láminas de metal y tubos de corte para fabricantes de equipos industriales profesionales, dirigidos por ingenieros altamente formados y de gran cualificación. La educación y la formación del capital humano fueron fundamentales para este paso.
Es la nueva realidad que está transformando las economías excomunistas de Europa del Este. Desde Varsovia hasta Riga, su modelo económico atrajo a los inversores extranjeros occidentales durante tres décadas; basado en mano de obra poco cualificada y con salarios más bajos. Con los salarios creciendo y el desempleo en los países del este por debajo del 4%, los políticos se han dado cuenta de que deben invertir más en investigación y educación, concentrarse en productos que aporten un mayor valor añadido, y que construir más fábricas y líneas de ensamblaje no beneficiará a su economía.
Para solucionar el aumento de los salarios, Europa del Este debe mirar a naciones como Taiwán y Corea del Sur, que pasaron de la fabricación de bajo nivel a la vanguardia de la innovación tecnológica en pocas décadas. Sin embargo, se requiere investigación e innovación para colocar a los trabajadores en empleos con mayor valor añadido, y Europa oriental no se está moviendo tan rápido. Un estudio del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo muestra que el número de patentes otorgadas en relación con la población (un indicador de innovación) ha crecido poco (menos de un 50%) entre 2002 y 2015 en la región, que incluye países como Rusia y Turquía. En ese período, las patentes en China crecieron 3.000% y en Corea del Sur, 317%.

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