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Las sombras que obscurecían la vida del escritor Sergio Pitol

Sergio Pitol fue el tercer escritor mexicano en ganar el premio Cervantes, era políglota, fumador, gran lector y traductor, falleció hoy en su casa de Xalapa a los 85 años de edad.

Publicado 12 abril 2018 el 12 de Abril de 2018

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Muchas veces Sergio Pitol Demeneghi contó que a los cinco años había perdido a su padre, su madre y su hermana menor, y su infancia estuvo marcada por la enfermedad. Su salud quebrada por un paludismo lo mantuvo postrado en la cama por largas temporadas. Las fiebres le impidieron asistir a la escuela. Encontró en los libros una medicina eficaz.

Al recibir el Cervantes, en Alcalá de Henares, en 2006, cuando contó que fue un niño huérfano, que vivía en una casa grande en un pueblo de menos de tres mil habitantes, un pueblo con un nombre “distante a la elegancia”: Potrero, en el cual creció enfermo de paludismo y donde se le grabó la imagen de su abuela (sus cuatro abuelos -Pitol, Demeneghi, Buganza y Sampieri fueron italianos-) que vivía para leer todo el día novelas, y que tenía en Tolstoi a su autor favorito; eso explica que a los 12 años, el niño que habría de concebir libros como “El arte de la fuga” y “Domar a la divina garza” ya hubiera leído las más de mil páginas de “Guerra y Paz”.

Sergio Pitol fue uno de los autores mexicanos más cosmopolitas: tres estudiar Derecho y algunos cursos en Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1960, y antes de cumplir los 30 años, emprendió un viaje que se prolongó casi tres décadas por Londres, Varsovia, Pekín, Barcelona, Roma y Moscú, un largo periplo que le permitió conocer y traducir ciudades y cultura.

No obstante sus últimos días se vieron ensombrecidos por un trastorno cerebral misterioso que puede ser confundido con la fase preliminar del Alzheimer, aunque no priva a los pacientes de sus recuerdos, sino de las palabras para hablar de ellos. Enfermedad que le diagnosticaron en 2009, consiguió por mucho tiempo, a partir de un sistema de señales comunicarse con sus amigos y colaboradores. Sin embargo, esto dio pie a una compleja situación personal entre algunos miembros de su familia y aquellas personas que le habían acompañado en sus últimos años

Falleció a los 85 años el escritor Sergio Pitol

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En una entrevista para el medio El País se dio a conocer que la sobrina del escritor, que no permitía tomar fotos de su tío por “respeto a su intimidad”. Fue donde dio  conocer que le fue robada la medalla del Premio Cervantes.

“A los pocos segundos vuelve a presentarse con una cajita roja de terciopelo que tiene la corona española impresa en el interior de la tapa. “Aquí estaba la medalla del Premio Cervantes. Lo sé porque yo estaba allí con él, en Madrid cuando se la entregaron en 2006. Me encontré la caja en la cómoda cuando iba a buscar ropa interior para mi tío. Y faltan también sus plumas estilográficas, ropa y libros. Ya he denunciado a los anteriores cuidadores en un juzgado por manipulación, negligencia y robo” informa el medio.

La misteriosa desaparición de la medalla del Cervantes es el último capítulo de una intrincada polémica que arranca en 2015, escribió el medio internacional. Mientras Sergio Pitol estaba internado en un hospital de Xalapa, –la capital de Veracruz, donde vive desde hace más de 20 años– por una grave hemorragia interna que estuvo cerca de costarle la vida, saltaba a los medios mexicanos que la familia había presentado un año antes una demanda por interdicción para lograr la tutela del autor. Una larga disputa por la tutela del prestigiado escritor se desató al punto que una demanda buscaba declarar incapaz al escritor.

Mientras tanto, la custodia temporal quedaba en manos de los servicios sociales del Estado de Veracruz. Y como cuidadores, se nombraba a dos amigas del escritor. Una ola de intelectuales –Poniatowska, Glantz, Villoro– salieron entonces a la palestra para defender la lucidez de Pitol.

En noviembre de 2016, el cambio de gobierno estatal en Veracruz provocó un cambio en la custodia. Todo el equipo anterior fue relevado y la familia volvió a aparecer en escena. Laura Demeneghi, la sobrina del escritor,  contó que cuando entró de nuevo en la casa se encontró a su tío “postrado en la cama, con úlceras en la espalda, con una infección urinaria, sin ropa en el armario, con puros andrajos, y con la alfombra de su habitación oliendo a orín de perro”.

Hasta el fin de los días del escritor la familia Demeneghi combatió por la custodia de este. La mañana de este jueves en su casa de Xalapa, a los 85 años de edad, finalmente falleció, por las complicaciones provocadas por la afasia progresiva.

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