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La tregua entre un obispo y el narco para frenar los asesinatos de políticos México

El padre Salvador Rangel se reúne con los capos de la droga en Guerrero, uno de los Estados más letales de la campaña, donde 12 aspirantes han sido acribillados a balazos desde 2017

Publicado 02 abril 2018 el 02 de Abril de 2018

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El pasado Viernes Santo, el obispo de la diócesis de Chilpancingo (Guerrero), se subió a un helicóptero con destino a la sierra, vive convencido de que los de ahí arriba son los únicos que gobiernan la región.

El padre Salvador Rangel trabaja en una zona donde tuvo que aceptar que hace años que las decisiones se toman desde la montaña,  el motivo inicial para subir era otro, según describe el medio El País, el obispo iba a agradecer al jefe de la droga local —no quiso dar detalles sobre el grupo delictivo— que hubiera restablecido el suministro de agua y energía en el pequeño municipio de Pueblo Viejo.

Así que se impuso una misión: poner paz en aquel infierno, aunque aquello significara dialogar con hombres armados hasta los dientes, que han sembrado de cadáveres esta entidad rural y pobre del sur de México, cuya principal fuente de ingresos consiste en el cultivo de amapola.

La violencia ha tocado directamente a la campaña y ha afectado a todos los partidos, aunque se ha ensañado especialmente con el eslabón más débil: los cargos locales. 

Desde septiembre del año pasado, han sido acribillados a balazos al menos 12 aspirantes a alcaldes, según el conteo de la prensa local, y se espera que esta cifra aumente de cara a las elecciones del próximo 1 de julio. Rangel ha pactado con ellos una tregua.

La masacre de candidatos locales en México ha destapado las grietas de un proceso electoral que avanza marcado por el terror de la narcoviolencia.

A cambio de frenar la sangría de aspirantes, el narco le pidió al obispo algunas condiciones sospechosamente razonables: “Que ellos no utilizaran el dinero para comprar votos y que una vez que pasen las elecciones, los ganadores cumplan con sus compromisos”, explicaba Rangel a los medios de comunicación. “Lo que ellos piden es que haya un voto libre, razonado y secreto. Nada más”, añadió el sacerdote.

La relación de la diócesis de Chilpancingo con el narco ha provocado no pocas tensiones con las altas esferas de la Iglesia Católica mexicana e incluso con el Gobierno federal. La decisión del obispo Rangel de dialogar con los criminales en febrero después de que asesinaran a balazos a dos sacerdotes de su zona, irritó a sus jefes, que le presionaron para que se mantuviera al margen.

Este sacerdote no sólo no obedeció sino que convirtió sus misas en mitines políticos, de donde el obispo salía coreado por los fieles que habían acudido al templo. “Me dijeron de parte del Gobierno que no hiciera más declaraciones. A ver quién aguanta más, ellos o yo”, llegó a declarar en una ceremonia en la Basílica de Guadalupe a principios de febrero ante miles de asistentes.

Fuente: El País

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