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El mundo recuerda al “Comegente”, el asesino caníbal más sádico de Venezuela (FOTOS+VIDEO)

"Lo único que no me da apetito son las cabezas, manos y pies de los seres humanos, pero me los comía en sopita cuando me daba hambre"...
Foto: Agencias

Publicado 06 abril 2018 el 06 de Abril de 2018

por

Christian Valera Rebolledo

Este viernes fue detenido en San José de Barlovento, Venezuela, Luis Alfredo González Hernández a quien ya podan como “El artista antropófago”, quien admitió dar muerte al dueño de una finca de quien también devoró gran parte de su cuerpo como alimento diario.

Interrogado por las autoridades, “El artista antropófago” confesó que el occiso lo había contratado para un servicio funerario mismo que consistía en darle muerte, comer parte del mismo, y con su sangre y cenizas hacer pinturas en lienzo.

Si bien el caso da escalofríos, no es la primera vez que Venezuela retumba en el panorama mundial debido a un caso de canibalismo. En 1999 fue detenido en Táchira, José Dorángel Vargas Gómez alias “El Comegente”.

Foto: Agencias

José Dorángel fue diagnosticado como esquizofrénico paranoide y es señalado de haber acabado con la vida de 40 personas. En una ocasión indicó que por no tener nevera para refrigerar la carne humana solo “cocinaba con hierbas exóticas” a dos hombres por semana.

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Explicó su predilección por los hombres: “la carne de los hombres sabe mejor que la de las mujeres. Los hombres son como más sabrosos. Las mujeres son dulces”. Dijo que “la panza la cocinaba y se la comía”, pero que los pies, las manos y las cabezas le causaban indigestión. “Por eso los botaba por ahí (en el parque)”, explicó.

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Incluso, José Dorangel fue más detallista en sus explicaciones al decir que “los sabores más agradables se conseguían en la zona del vientre” y que en algunas ocasiones hasta llegó a alimentar con sus platos a indigentes”.

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“No me arrepiento de nada, como dice la iglesia, yo compartí mi pan con el prójimo y muchos me alabaron por el relleno de mis empanadas. Por necesidad me he metido en esta vaina. No me arrepiento, al contrario, me alegro porque me gusta la carne. Lo único que no me da apetito son las cabezas, manos y pies de los seres humanos, pero me los comía en sopita cuando me daba hambre”…

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