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La destrucción de los plásticos

Resulta increíble pensar que a 78 años de la invención del plástico, un organismo natural tenga la solución para evitar una catástrofe ecológica.
Imagen: Pixabay

Publicado 29 abril 2018 el 29 de Abril de 2018

por

Javier Lendeche / El Dictamen

Desde que comprendimos a la materia como un un grupo de células que interactúan entre sí, hemos podido manipular y transformar las propiedades físicas y químicas de los cuerpos a nuestro antojo. Ahora un reciente accidente científico habría provocado la creación de una enzima capaz de digerir el plástico a una velocidad superior.

Los materiales sintéticos, aquellos creados por el hombre, son tan abundantes como peces en el océano. Lamentablemente, nuestras creaciones raramente son degradables y capaces de reintegrarse al ambiente en sus componentes más básicos. Por ello, la comunidad científica ha intentado buscar alternativas ante la inminente ola de contaminación provocada por los plásticos.

Resulta increíble pensar que a 78 años de la invención del plástico, un organismo natural tenga la solución para evitar una catástrofe ecológica. En el 2016, científicos japoneses descubrieron una bacteria capaz de descomponer distintas moléculas de plástico, entre ellas el tereftalato de polietileno (PET) y el polietileno-furanoato (PEF), este último un material bio-basado en el plástico usado como sustituto de las botellas de vidrio.

La encargada de digerir el plástico dentro de la bacteria es una enzima llamada PETasa, la cual degrada las moléculas del plástico reintegrandolas en la naturaleza. Ahora un nuevo grupo de científicos diseñaron por accidente una nueva enzima que es aún mejor que la PETasa para degradar el plástico. Los investigadores continúan trabajando para mejorar aún más la enzima (ya que la mejora es apenas perceptible) de forma que pueda usarse de manera industrial para degradar el plástico en un poco tiempo.

Imagen: Pixabay

El objetivo de la investigación era determinar la estructura de la PETasa, la cual se cree evolucionó en una planta de reciclaje en japón. Al final, y por cuestiones de azar, los científicos acabaron diseñando una nueva enzima incluso mejor.

El pequeño aumento en la velocidad de degradación, abre las puertas a una mejora realmente considerable con la que podamos hacer frente al mar sintético que se alza sobre nosotros.

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