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El periódico The New York Times participó con un ensayo que ella escribió
Foto Pinterest

Publicado 26 abril 2018 el 26 de Abril de 2018

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Recién sacó un post en Instagram sorprendida del reconocimiento que se le hiciera. EL periódico retomó el ensayo en el cual ella hablaba y daba su postura acerca del movimiento #TIMESUP y de como HARVEY WEINSTEIN había sido su monstruo personal.

Esto es parte del escrito que realizó

Harvey Weinstein era un cinéfilo apasionado, alguien que tomaba riesgos, un promotor del talento fílmico, un padre amoroso y un monstruo.

Durante años, fue mi monstruo.

En este otoño me abordaron reporteros que dieron con mi nombre por varias fuentes, incluida mi querida amiga Ashley Judd, para hablar sobre un episodio de mi vida que, aunque es doloroso, pensé que había superado.

Me había lavado el cerebro a mí misma, convenciéndome de que ya se había acabado y que había sobrevivido; eludí la responsabilidad de pronunciarme en público al respecto con la excusa de que ya había suficiente gente involucrada en poner los reflectores sobre ese monstruo personal. No pensé que importara mi voz o que usarla haría la diferencia.

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La verdad es que intentaba protegerme del desafío de explicarle varias cosas a mis seres queridos: por qué, cuando mencioné de manera casual que había sido atosigada por personas como Harvey, no di todos los detalles. Y por qué durante tantos años había mantenido una relación cordial con un hombre que me hirió de manera tan profunda. Estoy orgullosa de mi capacidad para perdonar, pero el simple hecho de que estaba apenada por tener que describir los detalles de eso que había perdonado me hizo preguntarme si realmente había hecho las paces con ese momento de mi vida.

Cuando tantas mujeres dieron un paso al frente para describir lo que les hizo Harvey, tuve que enfrentarme a mi cobardía y aceptar humildemente que mi historia, aunque fuera tan importante para mí, no era más que una gota en un océano de pesar y confusión. Sentí que a estas alturas a nadie le iba a importar mi dolor; quizá era un efecto de todas esas veces que me dijeron, especialmente Harvey, que no era nadie.

Por fin empezamos a tomar conciencia sobre el vicio que ha sido socialmente aceptado y que ha insultado y humillado a millones de niñas como yo, porque dentro de cada mujer hay una niña. Me inspiraron aquellas que tuvieron la valentía de decir algo, especialmente en una sociedad que votó por un presidente que fue acusado de acoso y abuso sexual por más de una decena de mujeres y a quien hemos escuchado decir que un hombre en el poder puede hacer prácticamente lo que quiera con las mujeres.

Pues hasta aquí.

En los catorce años que transcurrieron desde que pasé de colegiala a estrella de telenovelas mexicanas a ser extra en algunas películas estadounidenses y a tener un par de golpes de suerte con Desperado y Un impulsivo y loco amor (Fools Rush In), Harvey Weinstein se había convertido en el gran mago de la nueva ola del cine que llevó contenido original a las grandes audiencias. Al mismo tiempo, era impensable que una actriz mexicana aspirara a ser parte de Hollywood. Y aunque había comprobado que esa idea era errónea, todavía era “nadie”.

Una de las fuentes de fortaleza que me dio la determinación para impulsar mi carrera fue la historia de Frida Kahlo, quien, en la era dorada del muralismo mexicano, hacía pinturas íntimas que los demás desdeñaban. Tuvo la valentía de expresarse y de ignorar a los escépticos. Mi mayor ambición era contar su historia. Retratar la vida de esta artista extraordinaria y mostrar a mi México de una manera que desmintiera estereotipos se volvió mi misión.

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