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El Nieto del Caos

Por: Abelardo Iparrea Hernández

Publicado 04 marzo 2018 el 04 de Marzo de 2018

por

The mind is a terrible thing to taste.
[Ministry, 1989]

(PRIMERA DE DOS PARTES)
Me considero un hombre de ciencia, no el más disciplinado ni el más brillante del gremio, pero sí un hombre con objetividad y suficiencia cultural como para emitir mi opinión acerca del tema del cual hablaré, del que necesito hablar. Dicho sea de paso, es curioso que estas palabras las haya escrito durante un episodio de insomnio, siendo que el tema esencial de ellas es el sueño ¡bingo! el Nieto del Khaos.
La palabra sueño, por experiencia, puedo decir que se utiliza en diversos sentidos y con distintos significados, por ejemplo, “el sueño de trascender en la vida” expresando deseo; “el sueño de la noche anterior” como el ejercicio mental, automático y caótico que experimentamos al dormir; “tengo sueño” como la necesidad de escapar del mundo real para descansar; “tener sueños” en el sentido de las aspiraciones y la ambición; en fin, en cualquier caso al parecer lo esencial del sueño se podría definir como la mezcla entre deseo, escape, aspiración, ambición y misterio, por aquello de que la mente es, a la vez nuestro “yo consciente” y a la vez “alma” ; una entidad egoísta, indescifrable, insufrible, placentera, amorosa… en general, misteriosa.
Hablando del sueño, desde la perspectiva del dormir, en ocasiones uno no alcanza a atinar (en general ni nos llega a interesar) si aquellas imágenes, acaso sonidos y olores, que percibimos al estar en ese espacio onírico, debieran ser interpretadas, y de hacerse, no estamos seguros si se les debe tratar como un tema filosófico (específicamente metafísico); como materia de interés científico o de naturaleza cognitiva; con sentido poético quizás, o bien orientar su interpretación hacia el camino más fácil y barato, donde toda teoría cabe y en realidad no importa alcanzar la verdad, sino ser creativo en el modo de expresar y explicar, el esotérico. Y por esta razón es que de manera personal prefiero ocuparme de mi realidad y tomar a los sueños como meros recuerdos, a veces felices y a veces ácidos e incoherentes, sin embargo en ocasiones nos pasa, a los seres humanos al menos, que sentimos algo distinto al despertar, como si algo se revelara, como si algo hubiera cambiado… tenemos esa extraña sensación vaga de que debemos poner atención en “algo” … así de abstractos, inexplicables e importantes los sueños son.
Decía que, prefiero ocuparme de mi realidad en vez de perder mi tiempo en “analizar” los sueños, no obstante, sin el afán de entrar en polémica y en discusiones sin sentido, deseo apuntar que el concepto de “realidad” es tan abstracto como el del “sueño”. ¿Qué es la realidad? Bueno sin ir más allá, es la percepción personal o de grupo, de todo cuanto nos rodea y nos ocurre en un espacio y tiempo determinado. Por ejemplo, alguna vez en algún libro de Stephen Hawking leí que aún cuando las matemáticas son exactas (aún) no lo es su uso y sin embargo, pueden satisfacer de igual manera (aunque con distinta aplicación) a universos completamente distintos. Para explicar lo anterior, exponía la manera en la que los humanos logramos llegar a un modelo matemático que satisficiera nuestras observaciones sobre las órbitas planetarias… en general tenemos el acuerdo de que tales órbitas describen una elipse que se repite periódicamente desde siempre y para siempre. No obstante, si suponemos por un instante que los seres acuáticos lograsen desarrollar suficiente inteligencia como para expresar su entorno en modelos matemáticos entonce quizás lo que ellos describirían, al respecto de las órbitas planetarias, sería no una elipse sino una curva irregular cambiante en el tiempo, sería para ellos tanto como poder describir la forma que tomará el perímetro de un huevo estrellado cada mañana…y probablemente lo lograrían. Así pues se ejemplifica que la realidad de un pez que mira y observa a través del agua es abismalmente distinta a la que percibimos los humanos a través del aire. De hecho, hoy se sabe que tales órbitas en realidad describen espirales cambiantes con el tiempo, con la distancia y con la interacción de los cuerpos celestes circundantes. En fin, el punto de este ejemplo es señalar que el término realidad es subjetivo.
He querido hablar de la realidad porque, y me auto-cito por segunda vez, decía que he preferido ocuparme de lo real en vez de lo etéreo (Éter, hermano de Hipnos) lo cual sugiere, desde el punto de vista neurocientífico, una pequeña contradicción o hasta una pequeña igualdad. El cerebro es la entidad directamente responsable de nuestras tristezas y alegrías, de nuestras percepciones, de nuestra capacidad de aprender y hasta de nuestra metacognición, es decir, la cualidad de autoestudiarnos, sin embargo, como lo dice la frase en inglés del inicio: “la mente es una cosa terrible de experimentar”.
Para el cerebro, lo que ocurre cuando estamos dormidos es igualmente real que lo que ocurre cuando estamos despiertos, lo cual quiere decir que la felicidad experimentada durante un sueño de amor, es tan verdadero como el que sentimos mientras tenemos los ojos abiertos… es aterrador entonces pensar que el sufrimiento, producto de todas nuestras preocupaciones, es real cuando tenemos malos sueños… sueños que nos llevan a experimentar sensaciones que aún no queremos conocer, que aún no estamos preparados para asimilar.
Algunos de los hitos oníricos que he experimentado y que, dadas mis básicas pero trascendentes conclusiones me han marcado, también han tocado fibras sensibles que tienen que ver con libertad, paranoia y muerte. Como si en esas ocasiones de sueños insanos se manifestara un festin familiar en el que los hijos de la Noche y de las Tinieblas se divierten a mis costillas.

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