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Convertir voluntades rebeldes le costó a Dios la crucifixión

Por: Pbro. José Juan Sánchez Jácome
Convertir voluntades rebeldes le costó a Dios la crucifixión

Publicado 26 marzo 2018 el 26 de Marzo de 2018

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¿Cómo puede ser Palabra de Dios un libro que presenta narraciones de guerras, injusticias y bajas pasiones? No es una pregunta más dentro de las miles de preguntas que se plantean para intentar desautorizar y ridiculizar la fe cristiana; tampoco es una pregunta cualquiera ya que ha sido ventilada por intelectuales y escritores que de esa forma se han referido a la Biblia.

Muchas veces encapsulados dogmáticamente en su propia metodología no perciben cómo puede ser Palabra de Dios un libro que describe traiciones y las bajas pasiones humanas. Inconscientemente esperarían un libro programado, idílico, pulcro y especulativo surgido de la perfección y del ideal más sublime que fuera desvelando la naturaleza de Dios para entonces dar crédito a la Biblia.

Sus objeciones no se refieren solamente a las narraciones cruentas del Antiguo Testamento donde hasta puede hacer su aparición un Dios vengativo y justiciero. También incluyen -dentro de sus diatribas- los acontecimientos que narra la Semana Santa al ofrecernos pormenores sobre la flagelación, los sufrimientos y las injusticias que enfrentó nuestro Señor Jesucristo y que lo llevaron a la muerte.

Por lo tanto, no es un texto, ni es un acontecimiento; no es sólo un tiempo de la historia, ni es solamente una persona o pueblo de la Biblia los que serían cuestionados desde esta perspectiva sino que estamos hablando de una historia permanente de pecado que va apareciendo en las páginas de la Sagrada Escritura y que genera muerte, desolación e injusticias.

Se trata de una pregunta inquietante que, dicho sea de paso, nos hace caer en la cuenta de la dinámica del pensamiento contemporáneo. Una pregunta que parece desarmar nuestra fe, que parece cerrar el discurso sobre la fe, y que al pretender revocar el pensamiento cristiano provoca más bien que surja una respuesta que esclarece el insondable amor de Dios así como la pedagogía divina a la hora de guiar a la humanidad y darse a conocer en la Biblia.

Dios se inserta en la vida real de los hombres y desde la indigencia y el dramatismo de las situaciones humanas va haciendo surgir una historia diferente. Ante la historia de injusticias y pecados comienza a surgir una historia de salvación que llega hasta nuestros días.

Puede parecer que va lento el proceder de Dios pero corresponde a la pedagogía y sabiduría infinita que va guiando a la humanidad y que se va haciendo presente en la historia respetando la libertad del ser humano. Decía C. S. Lewis: “A Dios no le cuesta nada crear cosas buenas, pero convertir voluntades rebeldes le costó la crucifixión”.

Dios no está esperando a que el hombre sea bueno para darse a conocer o para comenzar a amarlo sino que lo ama desde la realidad que vive y desde ahí comienza su plan de redención y de rescate de la humanidad.

Lo mejor que nos puede pasar es que Dios no se avergüence de nosotros, que jamás se aleje del hombre a pesar de sus injusticias y que no intente una o dos veces recuperar al ser humano sino que su bondad y misericordia sean infinitas.

¡Cuánto bien y esperanza pueden llegar a nuestra alma si recuperamos esta lectura de la Biblia! Porque nuestros tiempos también son convulsos y desalentadores en muchos aspectos. Pero nos anima y fortalece saber que Dios se sigue acercando y va haciendo surgir una historia diferente, aunque no lo percibamos de manera inmediata.

El mal ciertamente acapara nuestra atención por su carácter ruidoso, doloroso y destructivo. El bien, en cambio, es sutil y apacible y aunque no se percibe inmediatamente ciertamente va generando una historia diferente, una historia de salvación como la que recorre todas las páginas de la Biblia.

Esta Semana Santa al fijarnos en la maldad del mundo descargada en un hombre inocente y bondadoso como Jesús, no dejaremos que el mal nos escandalice, nos quite la paz y nos robe la esperanza. Contemplaremos más bien la bondad y el amor de Cristo que con su vida y su muerte han vencido la maldad del mundo y nos señala el camino para que nosotros también nos sobrepongamos al mal que enfrentamos.

Semana Santa nos recuerda que también en nuestra historia Dios se encarna y la salva. Necesitamos saberlo para intuir los caminos de Dios y las acciones que se están dando para que la nuestra sea también no sólo una historia de violencia, de corrupción, de asesinatos, de secuestros y desapariciones sino una historia de salvación.

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