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Cómo Dios quiere ser amado

Por: Pbro. José Juan Sánchez Jácome

Publicado 12 marzo 2018 el 12 de Marzo de 2018

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De distintas maneras confesamos y aseguramos amar a nuestros seres queridos. Hay muchas cosas que hacemos para manifestarles el amor. Se trata quizá de detalles y expresiones de amor que no nos cuestan porque forman parte de ese afecto especial que sentimos por ellos.

Sin embargo, cuando nos damos la oportunidad de escuchar a los seres queridos nos vamos dando cuenta que hace falta mucho por hacer. Uno puede suponer que lo que hacemos y decimos es suficiente para que el otro se sienta amado. Pero cuando los padres se dan la oportunidad de escuchar a los hijos o viceversa, o cuando se escucha al esposo o a la esposa se cae en la cuenta de aspectos que no se han expresado, detalles que no se han compartido, cosas que no se han hecho para que el otro se sienta verdaderamente amado.

Al amarlos de una manera muy particular y quizá hasta subjetiva nos damos cuenta que el misterio del amor consiste en amar al otro como quiere ser amado. El amor no es sólo hacer y ofrecer lo que es espontáneo y no nos cuesta.

Dios nos ha dado dones, sentimientos y capacidades que nos llevan a expresar el amor sin gran esfuerzo, como resultado de esas disposiciones espirituales que nos ha regalado. El amor también implica esfuerzo, sacrificio, dedicación y una disposición especial para amar al otro como quiere ser amado.

Precisamente por eso hemos tenido que cambiar en muchos momentos para agradar al ser amado y para ofrecerle un trato que le permita sentirse respetado, dignificado y verdaderamente amado con nuestra forma de vivir. No podemos suponer que es suficiente lo que hacemos para que el otro se sienta amado. Hace falta escuchar y considerar cómo el otro quiere ser amado para que nos vayamos abriendo al misterio del amor que es esfuerzo, sacrifico y donación auténtica.

Esto mismo lo podemos pasar a la vida espiritual para comprobar si nuestro amor a Dios es verdadero. Es muy fácil decir que amamos a Dios. Pero tenemos que preguntarnos: cómo Dios quiere ser amado. Es muy fácil decir que amamos a Dios porque también experimentamos un sentimiento agradable en relación a Él, porque creemos en Él, porque lo llevamos en el corazón, porque hablamos con Él en distintos momentos de la vida.

Con nuestros seres queridos nos dimos cuenta que no fue suficiente lo que nosotros hacíamos o suponíamos para que se sintieran amados. En el caso de Dios también tenemos que preguntarnos si lo que hacemos es suficiente para que Dios se sienta amado. La Biblia nos ofrece muchas indicaciones para saber cómo Dios quiere ser amado.

De entrada tendríamos que decir que Dios no es una persona obsesiva que exija estar pensando fanáticamente sólo en Él y nos obligue a no pensar en nadie más; esa interpretación subsiste lamentablemente en algunas propuestas religiosas. Dios no es alguien que nos exija sustraernos irresponsablemente de nuestra misión en el mundo por tener que estar sólo con Él.

El amor de Dios se parece mucho al amor de una madre y de esas personas especiales que no están esperando cosas materiales para que verdaderamente se sientan amadas. Llega a sorprender el amor de estas personas que cuando uno les pregunta qué les podemos regalar para que se sientan amadas, la respuesta tiene que ver invariablemente con uno mismo. Le dice el hijo a su madre: -¿Qué hago para que estés contenta y te sientas amada por mí? Y la respuesta refleja a todas luces el misterio del amor: -Llévate bien con tus hermano, acércate a Dios, perdona a tu papá, vive con responsabilidad, no te pierdas en los vicios, no te corrompas, etc.

La respuesta tiene que ver con el mejoramiento de la propia vida más que con cosas que podamos regalar. Quien nos ama nos quiere ver felices, realizados, conscientes y responsables, así como creciendo humana y espiritualmente hablando.

En el amor de una madre ya tenemos un indicio de cómo Dios quiere ser amado. En la Biblia hay abundantes datos para caer en la cuenta que Dios quiere ser amado a través del trato que demos a los demás. No se trata de buscar a Dios como si estuviéramos huyendo de nuestras responsabilidades y dejando a su suerte a los demás sin preocuparnos de su vida.

Dios quiere ser amado en los pobres, en la medida que no desconozcamos su situación y busquemos por todos los medios promoverlos de manera integral. Practica la justicia, sé honesto, apártate de este mundo corrompido, no calumnies, no hagas mal a nadie. Así va presentando la palabra de Dios el camino para estar seguros de amar a Dios como Él quiere ser amado. Vincúlate a una comunidad de hermanos.

Así que no basta con decir que me acuerdo de Dios, que hablo con Él donde me encuentro y por eso no necesito ir a misa. Dios quiere ser honrado y glorificado en su Palabra y en los sacramentos en cuanto que estos medios espirituales nos fortalecen para reconocer a Dios en los pobres y en todos los hermanos. Dios quiere ser amado en la medida que aprendo a ser humano y aprendo a ser hermano de los demás.

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